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Cultura Pop

Fiesta de La Tirana en cuarentena: Símbolos de fe y cultura

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Fiesta de La Tirana en cuarentena: Símbolos de fe y cultura

POR equipo velvet | 22 julio 2020

Por: Claudia Pérez Fuentes

Aunque no hubo celebración, la pasada Fiesta de La Tirana fue igualmente conmemorada y recordada como una de las tantas manifestaciones de religiosidad popular que se dan a lo largo de Chile; un conjunto de expresiones culturales que no hacen más que hablar de nuestra historia, identidad y tradiciones.

No fue la primera, sino la cuarta ocasión en que la tradicional fiesta religiosa de La Tirana –celebrada cada 16 de julio, Día de la Virgen del Carmen, en la localidad del mismo nombre, Región de Tarapacá–, debió ser suspendida. Todas, eso sí, por motivos sanitarios: la primera en 1934 por la epidemia de tifus y viruela; la segunda en 1991 por la de cólera; la tercera en 2009 por la influenza H1N1; y la cuarta, hace algunas semanas por el Covid-19. 

Como antes, este año fueron miles las personas que lamentaron y se vieron afectadas de distintos modos por la cancelación de un rito lleno de símbolos, fe y devoción a “La Chinita”, nombre con el que los fieles llaman a la Virgen del Carmen de La Tirana, a quien está consagrada la fiesta. Se trata de una de las instancias religiosas más importantes del norte chileno, una celebración llena de historia, identidad y tradiciones que representa a muchas que en honor a distintos patronos se realizan a lo largo del año en diferentes zonas del país. 

Como esta, son varias las que tienen en común –y se distinguen- por la presencia de cofradías de danza que con sus coreografías, trajes y música honran a la imagen de su devoción en sincretismos que funden tradiciones católicas y múltiples cosmovisiones. Es así como más hacia el centro y sur de Chile se pueden encontrar –y por nombrar solo algunas–, demostraciones como la Fiesta de Cuasimodo, en la Región Metropolitana; el Baile de los Negros de Lora, en la Región del Maule, y los pasacalles devocionales de la cultura chilota, Región de Los Lagos.

Si bien cada una cuenta con singularidades que las hacen únicas, todas tienen en común ser traspasadas y mantenidas en el tiempo de generación en generación. Son décadas, incluso siglos, en que estas costumbres fuertemente enraizadas en nuestra cultura han sobrevivido dando cuenta del catolicismo de un país marcado históricamente por este credo, y por una población que en su mayoría –aunque con un fuerte descenso en los últimos años–, adscribe a él. 

Pese a esta desafiliación, fiestas como las mencionadas permanecen asentadas en el territorio congregando a cientos y hasta miles de personas cada año; convirtiéndose de este modo en parte fundamental del conjunto de expresiones, usos, técnicas, que conforman nuestro vasto Patrimonio Cultural Inmaterial; cuyas manifestaciones, además de ser transmitidas de generación en generación, se distinguen por ser “recreadas constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana”, según la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial consensuada por la Unesco el año 2003; documento con el que además de poner en valor este legado, se busca visibilizarlo y protegerlo, sobre todo al no ser pocos los casos que se encuentran amenazados y en vías de extinción.

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