En la era de las notificaciones, las historias que desaparecen en 24 horas y planes que se multiplican en los grupos de WhatsApp, dos siglas marcan el pulso emocional de nuestra vida social: FOMO y JOMO. Dos formas opuestas —aunque no necesariamente enemigas— de habitar el presente.
Esta nota es para quienes sienten ansiedad al ver que “algo está pasando” sin ellos… y también para quienes han aprendido a disfrutar, sin culpa, de quedarse fuera. ¿Qué tipo de persona eres tú?
FOMO (Fear Of Missing Out) es ese cosquilleo incómodo que aparece cuando ves fotos de una comida a la que no fuiste, un viaje que no pudiste hacer o una fiesta que se armó sin ti. Es la sensación de que, mientras tú descansas en casa, el mundo está ocurriendo en otro lado.
El FOMO no siempre grita; muchas veces susurra:
Vivimos comparándonos en tiempo real. Las redes sociales no muestran pausas, muestran highlights. Y frente a ese escaparate constante, el FOMO se alimenta de la idea de que decir no equivale a perder oportunidades, vínculos o relevancia.
Para quienes viven desde el FOMO, la agenda llena no siempre es sinónimo de felicidad. Muchas veces es agotamiento, ansiedad y una sensación permanente de ir corriendo detrás de algo que nunca se alcanza del todo.
En el otro extremo aparece el JOMO (Joy Of Missing Out), una respuesta casi rebelde a la hiperconexión. El JOMO no es aislamiento ni desinterés: es elección.
Es apagar el celular sin culpa. Cancelar un plan porque el cuerpo pide descanso. Decidir no ir a todo, para poder estar de verdad en algo.
Quienes practican el JOMO encuentran placer en:
El JOMO no rechaza el mundo: simplemente deja de sentir que debe estar en todos lados. Entiende que perderse ciertos eventos no significa perderse la vida.
Aunque suelen presentarse como opuestos, FOMO y JOMO conviven más de lo que creemos. Puedes disfrutar quedarte en casa… y aun así sentir una punzada al ver historias ajenas. Puedes amar tu calma, pero preguntarte si te estás perdiendo algo importante.
No se trata de elegir un bando, sino de reconocer desde dónde estás tomando tus decisiones:
El equilibrio está en la conciencia.
Pasar del FOMO al JOMO no ocurre de un día para otro. Implica aprender a tolerar la incomodidad de no estar, confiar en que las oportunidades reales no se evaporan por una ausencia y aceptar que no todo momento necesita ser vivido, documentado y compartido.
También implica redefinir el éxito social: no como presencia constante, sino como bienestar auténtico.
Porque a veces, perderse una fiesta es ganarse una noche de descanso. Y otras veces, salir de casa es exactamente lo que el alma necesita.
Tal vez la pregunta no sea si eres más FOMO o más JOMO, sino qué necesitas hoy. Conexión o pausa. Movimiento o quietud. Ruido o silencio.
En un mundo que empuja a estar siempre disponibles, elegir —de verdad— es un acto de estilo, de autocuidado y de libertad.