La situación de Andrés, el ex príncipe, vuelve a tensarse dentro de la monarquía británica. Tras más de veinte años viviendo en Royal Lodge, la residencia de 30 habitaciones ubicada en Windsor, el hijo menor de la reina Isabel II se prepara para abandonar definitivamente el lugar que fue su hogar, en lo que muchos describen como un exilio silencioso pero sostenido.
La decisión se produce luego de que rey Carlos III le retirara sus últimos títulos y honores reales, en un contexto marcado por el persistente escrutinio sobre sus vínculos con Jeffrey Epstein. Aunque Andrés recibirá una residencia privada dentro del predio de Sandringham, su futuro inmediato sigue rodeado de incertidumbre.
Para el biógrafo real Robert Jobson, la salida de Andrés podría no limitarse al territorio británico. El autor plantea que una reciente reunión del rey con el monarca de Baréin abre la puerta a una posibilidad menos convencional.

“El rey se reunió con el rey de Baréin el otro día. Nunca se sabe: podría ser un lugar donde Andrew reciba el reconocimiento de ser el segundo hijo de la reina Isabel, en lugar de esto“, señaló a People, Jobson, cuyo libro Windsor Legacy fue publicado el 6 de enero.
Según el biógrafo, una eventual reubicación en Medio Oriente no sería un caso aislado dentro de la historia reciente de las monarquías europeas. “Otras personas desacreditadas han ido a Medio Oriente. Andrés hizo muchos negocios en Baréin y todavía es relativamente joven“, añadió, recordando el caso del exrey Juan Carlos I de España, quien reside en Abu Dabi desde 2020 tras retirarse de la vida pública en medio de escándalos financieros.
Una opción compartida por otros expertos
La hipótesis de Medio Oriente también es respaldada por el biógrafo Andrew Lownie, quien considera poco probable que Andrés se conforme con una vida discreta dentro de Sandringham. “No le gusta la idea de estar en el predio de Sandringham. Creo que quiere irse a algún lugar donde simplemente pueda alejarse de todo“, afirmó Lownie, según el mismo medio.
Aunque Marsh Farm, una propiedad modesta dentro del mismo predio, ha sido mencionada como su destino más inmediato, Jobson se muestra escéptico sobre su viabilidad a largo plazo. “Simplemente no me lo imagino viviendo en una granja aislada en Sandringham”, sostuvo.
Mientras Andrés enfrenta un futuro incierto, su exesposa, Sarah Ferguson, parece decidida a tomar distancia. Tras más de dos décadas viviendo también en Royal Lodge, estaría buscando una vivienda propia, posiblemente en Windsor, pero lejos de Andrés. A la par, se propone reactivar sus proyectos comerciales y su carrera como autora.
Aunque la pareja se separó en 1996, mantuvo una relación cercana en los años posteriores. Jobson recuerda que, tras el divorcio, Ferguson enfrentó serias dificultades económicas. “Siento cierta simpatía por ella”, comentó. “Cuando se divorció [de Andrés], su acuerdo económico no fue enorme, a diferencia del de la princesa Diana. Y fue introducida a este estilo de vida y lo vivió de una forma que casi la deslumbró, quedando endeudada de manera increíble desde entonces. Nunca obtuvo la compensación que debería haber recibido“.
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Durante meses, Andrés y Ferguson confiaron en que el contrato de arriendo a largo plazo permitiría resistir las presiones para abandonar Royal Lodge. Sin embargo, el persistente impacto del caso Epstein terminó por inclinar la balanza. En los círculos reales, el prolongado conflicto fue conocido como el “asedio de Royal Lodge”.
Ese capítulo se cerró a fines de octubre de 2025, cuando el rey ordenó formalmente a su hermano entregar la residencia. “[Andrés y Sarah] confiaban en que [la familia real] los dejaría en Royal Lodge y lucharon con todas sus fuerzas para quedarse allí“, concluyó Jobson, sellando así uno de los episodios más incómodos para la actual monarquía británica.