En público, el príncipe William y Kate Middleton deslumbran como una pareja real elegante y poderosa. Pero puertas adentro, son padres dedicados que enfrentan el desafío de criar a tres pequeños con un equilibrio entre amor y disciplina.
Con George, Charlotte y Louis creciendo a toda velocidad, la rutina en casa es intensa, y las reglas son clave para mantener el orden. Si bien William y Kate prefieren una crianza basada en la comunicación y la calma, eso no significa que no haya consecuencias cuando los niños rompen las reglas.
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¿Su estrategia? El “sofá de la reflexión”. Según una fuente cercana que habló con The Sun, “El niño es apartado de la escena del conflicto o la distracción, y Kate o William le hablan con calma. Se les explica la situación y las consecuencias, y nunca les gritan”.
En la casa de los príncipes de Gales, los gritos están estrictamente prohibidos. Ni entre los niños ni de los padres hacia ellos. “Los niños no tienen permitido gritar en absoluto, y cualquier intento de hacerlo es detenido de inmediato”, agregó la misma fuente.
Dentro de la familia, Kate es la que impone más disciplina, aunque siempre en equipo con William. También cuentan con el apoyo de su niñera, Maria, quien juega un papel clave en la educación de los pequeños.
“Maria es firme, pero nunca actúa unilateralmente en términos de disciplina”, explicó la fuente. De hecho, siempre consulta con William y Kate para asegurarse de que haya coherencia en la crianza: “Son estrictos con los niños, pero tienen esa habilidad mágica de no parecerlo”.
Más allá de las reglas de comportamiento, en la educación de los pequeños príncipes también hay pautas sobre el lenguaje. Una de las más curiosas es que Maria tiene prohibido referirse a ellos como “niños”.
Louis Heren, autor de Nanny in a Book, explicó esta regla en Mirror: “Es una muestra de respeto hacia los niños como individuos”. No es un capricho de William y Kate, sino una enseñanza que Maria aprendió durante su formación en el prestigioso Norland College, en Bath.
A pesar de la exigencia que implica la educación de sus hijos, los príncipes de Gales hacen todo lo posible para que su crianza se sienta “relajada y feliz”. Un equilibrio perfecto entre estructura y amor que, sin duda, marcará la diferencia en la nueva generación real.