Revista Velvet | De todo un poco: Entregarse a las Fiestas Patrias
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De todo un poco: Entregarse a las Fiestas Patrias

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De todo un poco: Entregarse a las Fiestas Patrias

POR Pilar Martínez | 08 septiembre 2023

Conocemos la escena de cada año: colgar la bandera, decorar con copihues y volantines, compra de trajes típicos, cueca por todos lados, empanadas, terremotos, fondas, pero ¿sabemos lo que celebramos?

A mediados de julio empezó la preventa de entradas a las fondas. ¡Sí, en julio! Y no alcanza a partir agosto cuando debutan los comerciales dieciocheros y todo ya se tiñe de blanco, azul y rojo. Los supermercados, tiendas y malls se llenan de todo tipo de cotillón y disfraces, mientras de fondo se escuchan incesablemente diferentes cuecas. Siempre pienso en cómo los que trabajan en estos comercios deben terminar odiando esa música a fin de mes.

El Dieciocho ya está aquí.

Parte la escena que todos conocemos, esa de actividades de colegio en que los niños representan una zona distinta del país con un baile folclórico que implica un disfraz diferente al del año anterior. Así que calculen que con cuatro niños he ido acumulando chupallas, calcetines y gorros de lana chilotes, vestidos de huasa china y elegante, accesorios de La Tirana, collares pascuenses, etc.

Porque en el mes del “cumpleaños de Chile” los escolares se lo pasan bailando “La Consentida”, “El Guatón Loyola”, “La resfalosa”, “El costillar”, “Carnavalito”, “La mazamorra”, “La trastrasera” y “El sau sau”. Nos inunda un intenso patriotismo y llenamos de copihues, banderas, guirnaldas, volantines (y de tragedias gracias al hilo curado) y hasta nos da por inventar payas. Pero, la verdad, es que desde hace semanas o meses –cuando revisamos los días rojos en el calendario– sólo pensamos en dónde nos iremos en estas mini vacaciones que, más encima, son con aguinaldo. ¡Viva Chile!

Experimentamos a concho este espíritu nacionalista. Pero, ¿se han preguntado si de verdad los niños –y por cierto, muchos adultos– sabrán qué celebramos en esta fecha? Muchos ignora que las Fiestas Patrias celebran la instalación de la Primera Junta de Gobierno y que marca el inicio del proceso de Independencia de España.

Sólo en este mes nos acordamos de Mateo de Toro y Zambrano, Bernardo O’Higgins, Javiera Carrera, Manuel Rodríguez, José Miguel Carrera y tantos otros sin los cuales no tendríamos 18 ni Independencia ni chilenidad que celebrar.

Hemos de esperar que las tan escasas lluvias no se encaprichen con esta larga celebración. Crucemos los dedos porque la primavera se adelante un par de días y que el clima sea amable con los fonderos que trabajan 24/7 entre pies de cueca, empanadas, choripanes, anticuchos, mote con huesillos, chicha y terremotos. Sabores y la gastronomía que tanto nos enorgullecen en septiembre que, ojalá, nos sigan acompañando todo el año. No necesariamente por un espíritu patriota, sino que porque lamentablemente las cifras muestran que Chile es el séptimo país con mayor ingesta de comida chatarra por habitante. Un pecado teniendo platos tan ricos como los porotos granados, cazuela, charquicán, pastel de choclo, humitas, pebre, leche asada y tantos otros.

Que las Fiestas Patrias no sólo sean sinónimo de vacaciones. Sí, bailar, comer y brindar a destajo, pero también reconectarnos con esa chilenidad esquiva (o que se esquiva): ir a las fondas, ver la Parada Militar, ir a alguna medialuna, jugar todo rayuela/emboque/trompo, participar y reír con las carreras de sacos, encumbrar volantines, subir el palo encebado, escuchar al organillero y tantas cosas más. Si no es en septiembre, ¿cuándo? Que estas costumbres, aromas y sabores perduren y podamos gozarlos durante todo el año.

 

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