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Colombia de los mil colores

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Colombia de los mil colores

POR equipo velvet | 21 agosto 2021

Por Daniela Urrizola

Debo reconocer que Colombia se cruzó en mi itinerario de viaje. Siempre fue un destino que quería conocer, pero no era prioridad entre mis favoritos. Bueno, acá me tienen, ahora transformada en una fan más del país cafetero. Porque tuve la oportunidad de conocer la otra Colombia, esa que está llena de contrastes; de una capital en altura, de un valle cafetero y su bandeja paisa y, por supuesto, de playas color turquesa.

Nuestra primera parada fue Bogotá, una ciudad a 2.630 metros de altura sobre el nivel del mar, que es más que una simple escala
a los diferentes destinos turísticos de Colombia. Una ciudad capital llena de vida, de mucho movimiento –incluso un poco caótica–, que tiene como emblema a la leyenda de El Dorado. Cuenta la historia que, a pocos kilómetros de la capital colombiana, se encuentra la laguna sagrada de Guatavita, centro religioso donde según la tradición, los muiscas celebraban rituales para elegir a sus caciques. Lo hacían en una ceremonia donde el cuerpo del elegido se cubría con polvo de oro y se adornaba con pesadas joyas, también de oro, y con esmeraldas. Luego, para conseguir el favor de los dioses, el nuevo cacique navegaba hasta el centro de la laguna y arrojaba al agua las joyas.

Esta leyenda ha perdurado porque cientos de buscadores de tesoros –e incluso la Corona española en su momento– han intentado rescatar todo ese oro. Sin embargo, sus esfuerzos han sido en vano. Pero lo que más sorprende es la forma en la que Bogotá ha mantenido viva esta leyenda a través de algunos íconos en la ciudad, entre los que destacan el Museo del Oro y el Hotel W. Sí, tal cual, un hotel.

El Hotel W de la capital colombiana ha desarrollado una pro- puesta de ambientación y diseño temático que francamente encanta, donde todos sus rincones están inspirados en la leyenda y lógicamente el color dorado es el eje principal. Desde la llegada a la recepción, con sus majestuosos muros dorados y una cascada de agua, pasando por sus espacios públicos con detalles en dorado, su ascensor iluminado, su piscina relacionada con la famosa laguna, y hasta sus habitaciones, cuyas camas fueron inspiradas en las balsas que flotaban en el lago… Todo en el Hotel W Bogotá busca representar fielmente la esencia de sus tradiciones, sin ostentar, sino más bien con inteligentes detalles de diseño y buen gusto.

No es lo único. Si eres amante del oro, el baño final lo entrega otro de los grandes atractivos turísticos de la ciudad, el Museo del Oro. La representación vívida de que la leyenda sigue vigente, con sus más de 30 mil piezas hechas en oro, recuperadas y adquiridas por el Banco de la República para su conservación y exposición. Una verdadera obra de arte histórica.

ENTRE PALMERAS Y CAFÉ

Si hablamos de los colores que representan a Colombia, el café es uno de los que prevalece. Pero para palparlo y vivirlo, la distancia no es más que un vuelo de una hora entre Bogotá y el denominado Eje Cafetero, un área situada entre Medellín y Cali, que propone un recorrido a través de los sentidos.

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2011, este paisaje cultural cafetero comprende los departamentos de Quindío, Caldas y Risaralda, con sus respectivas capitales: Armenia, Manizales y Pereira, donde se vive y se respira la tradición del café colombiano.

El Eje Cafetero es sinónimo de pueblos coloridos como Salento y Filandia, que salpican el verde de las montañas y de las plantaciones de café. De despertar con colibríes o con aullidos de monos, y con una siempre primaveral temperatura. De aromas a tierra mojada con cítricos y, cómo no, a café; todo mezclado.

En nuestro caso, el recorrido comenzó por la Hacienda El Ocaso, una finca familiar donde, además de alojar, pudimos entender el proceso de siembra, cosecha y procesos para la fabricación del café colombiano. Probamos todas sus versiones: el que se exporta, el que no se exporta; el tostado, el que no; el que es amargo y el suave. Todos sin azúcar, como se toma el verdadero café colombiano.

Pero la experiencia en la selva cafetera de Colombia –uno de los cuatro principales exportadores mundiales– también ofrece paisajes únicos, como por ejemplo el denominado Valle del Cocora. Se trata de un parque nacional conocido por albergar las palmeras más altas del mundo, las llamadas “palmas de cera” —árbol nacional de Colombia— que pueden alcanzar hasta 60 metros de altura.

Llegar hasta este espectáculo natural es toda una experiencia. Se recomienda ir hasta Salento, un pueblo único, lleno de colores

y conocido como el corazón del Eje Cafetero, y tomar uno de los tradicionales Jeep Willys que en aproximadamente 30 minutos te llevan hasta el parque. Luego, una caminata de 20 minutos lleva a encontrarse con estas palmas de cera en medio de las montañas, donde encontrarás toda la escala de verdes.

“LA HEROICA” DE GARCÍA MÁRQUEZ

Pero la paleta de colores de Colombia no estaría completa sin la arena blanca y el mar turquesa. Es que por esas cosas divinas, Colombia goza de ciertos privilegios que la hacen ser conocida como uno de los destinos de playa más importantes de Latinoamérica. San Andrés, Santa Marta y Cartagena de Indias son sólo una muestra de las bondades que entrega el maravilloso Mar Caribe.

Nuestro recorrido nos llevó hasta la Cartagena de García Márquez o, como él mismo la llamaba, ‘La Heroica’. Una ciudad fortificada que resistió los ataques constantes de piratas y que pasó de asentamiento indígena a ser un centro colonial español, que se convirtió en paso obligado del circuito comercial entre Europa y el Nuevo Mundo.

Toda esa historia se ve plasmada en su ciudad amurallada, en sus fortalezas, en sus construcciones; todo está como detenido en el tiempo, pero con la mano del hombre del futuro que lo mantiene vivo. Tal como lo.decía García Márquez: “me bastó con dar un paso dentro de la muralla para ver en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer”.

 

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