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Chris Portugal: “El nuevo Toro es ecléctico y gozador, tal como el de calle Loreto”

Chris Portugal: “El nuevo Toro es ecléctico y gozador, tal como el de calle Loreto”
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Chris Portugal: “El nuevo Toro es ecléctico y gozador, tal como el de calle Loreto”

POR Jon Reyes | 05 diciembre 2021

Cuando al chilenos-peruano Chris Portugal, dueño de El Toro, se le pregunta por alguna noche épica que se le venga a la cabeza –y que haya tenido lugar en el local ubicado en Loreto con Bellavista–, se le viene de inmediato a la cabeza la celebración de los 15 años del restaurante. Una noche de 2015, a la que llegaron los “toreros” de siempre, amigos de la casa y de Portugal, pero también varias personas que eran fieles a la carta y a la onda de El Toro.

Esa fiesta duró hasta tarde, y es que algo tiene El Toro que lo hace tan único. Puede ser su carta con tortilla de papas, un salmón totalmente reconocible o las chocotejas preparadas por la madre de Portugal, Judith Lagos, quien también se encarga de darle ese sabor tan exquisito a un pisco sour que se ha hecho famoso no sólo en Chile sino que en otros lugares del mundo. También puede ser por sus mesas, con los manteles de papel Kraft en donde cualquier comensal se ha podido sentir un artista y, en caso de sobresalir con su dibujo, llegar a exhibirlo en las paredes del local de Loreto, que está pronto a reabrir tras la remodelación de su cocina.

Ese mismo espíritu es lo que también se vive, desde hace cuatro meses, en el nuevo Toro. Ubicado en el Edificio Alonso, en Vitacura, el lugar de más de 800 metros cuadrados es un éxito y para poder lograr entrar hay que hacer una reserva, idealmente, con una semana de anticipación. Y es que pese a estar diseñado para atender con 300 sillas, por los aforos permitidos sólo pueden hacerlo, por ahora, con 150 sillas.

“Los jueves tenemos 600 solicitudes de reserva”, comenta Chris Portugal desde el también recién inaugurado Teatro del Toro, un espacio del local que recibe a artistas como la bailaora de flamenco Carola Cussen o a la banda La María Rockola.

El interiorismo del restaurante en Vitacura estuvo a cargo de Grisanti&Cussen y el paisajismo fue obra de Proyecto Selva, diseño y construcción de áreas verdes a cargo del actor Diego Casanueva, todos muy amigos de Portugal. Es que el sentido de familia que hay en este proyecto lo hace más especial; y estas son personas que llevan varios años yendo al Toro y, de alguna manera, forman parte de su universo. Así como el oficinista, el trabajador de la construcción, la dj que va antes de su show a tomarse un trago o el grupo de amigas del Villa María que se junta una vez al mes. “Aquí todos se conocen, es una mezcla muy diversa de gente la que viene, el nuevo Toro es ecléctico y gozador, tal como el de calle Loreto”, agrega Portugal.

En cuanto a su propia historia con la marca, ésta se remonta al año 2000 cuando visitó Santiago por unos días y sus amigos lo llevaron al lugar más gayfiendly de la capital, El Toro de la calle Loreto. Era otro el Chile de esos años; una camada nueva de artistas llamaba la atención de los más conservadores y la farándula local se encumbraba a vivir sus años de gloria. Todos esos personajes llegaban al restaurante, cuyo dueño era el chef argentino Sergio Caprin. En ese tiempo, Chris Portugal se dedicaba al comercio exterior en Perú, pero tenía un lado B que lo conectó con la bohemia santiaguina de alguna forma. “Me dedicaba a organizar fiestas electrónicas en Lima y el Cusco que duraban hasta tres días y congregaban a más de tres mil personas. Aquí, en Chile, conocí a grandes amigos como Raimundo Encina y Sebastián Abraham. Me acuerdo cuando Raimundo hizo una tremenda fiesta en el Hotel Carrera justo antes de que el lugar dejara de ser un hotel. En 2001, conocí El Toro, que era el local taquilla de ese año y que había abierto en 1999. Ahí conocí a Sergio Caprin, su dueño y en 2010 se lo compré ya que él quería volver a Argentina”, recuerda.

–¿Cómo han sido estos primeros meses del nuevo Toro en Vitacura?

–Increíbles. Ya llevamos más de cuatro meses en funcionamiento y nuestras expectativas se han visto superadas. La recepción de la gente ha sido muy linda, ha habido un regreso de los toreros de toda la vida. Toda la gente que iba a Loreto ha vuelto hasta acá, sumada a una nueva generación que hace que esto sea muy especial. Después de estos meses hemos logrado domar al Toro. Creo que acá tenemos un trabajo de coctelería mejor que en Loreto, la gente agradece también que hayamos mantenido los precios del local original. Les gusta que esta sea una atmósfera relajada y también han valorado mucho nuestra propuesta de arquitectura y de interiorismo, que es muy atemporal.

–El Toro de Loreto fue muy afectado por el estallido social y después vino la pandemia. A pesar de que se reinventaron con un excelente servicio de delivery, nunca dejaste de creer en que podías sacar adelante este nuevo proyecto en medio de esta realidad.

–Nunca dudé que este proyecto viera la luz. En julio de 2019 proyectamos cómo y dónde estaría ubicado el nuevo Toro, antes del estallido social. Esta idea estaba pensada para celebrar los veinte años del local y que fueran dos sucursales. Después todo se retrasó, pero el tiempo nos permitió irnos en esta volada para crear algo tan maravilloso como lo que hemos logrado. El proyecto ha ido avanzando por partes y las cosas pasan por algo.

–¿A qué crees que se debe esa mística de El Toro en que uno siente que conoce a todo el mundo que está ahí y que se repite en el nuevo local?

–Qué bueno que te haya pasado eso también en Vitacura porque me lo comentan mucho. La gente me dice que logramos transmitir el espíritu original de Loreto a Vitacura y eso no es fácil. Creo que tiene que ver con que venimos los de siempre y que todos enganchan en esta buena onda. La gente se encuentra entre las mesas y se corre el boca a boca. Tú puedes venir solo, de a dos o con cinco personas y siempre te vas a encontrar con alguien. Nosotros no vendemos solo comida ni solo tragos; vendemos comida, tragos, música, encontrarse con amigos, que los garzones conozcan tu nombre, sepan cómo te gusta el pisco sour, esas son cosas que la gente, al final del día, valora. Acá el que viene debe venir con la mente abierta y dispuesta a pasarlo bien, sabiendo que se va a encontrar en la m.esa de al lado con una pareja gay, más allá un grupo de zorrones y al otro lado un empresario con sus nietos. Acá estamos todos mezclados en un solo lugar, con un solo hilo conductor: pasarlo bien.

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