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Realeza

Carolina de Mónaco cumple 65 años y vuelve a estar al mando del principado

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Carolina de Mónaco cumple 65 años y vuelve a estar al mando del principado

POR Carlos Loyola Lobo | 13 enero 2022

Carolina de Mónaco entró en la leyenda de los Grimaldi nada más nacer y sigue siendo la estrella de la familia. El próximo 23 de enero, cumple sesenta y cinco años enfrentando la última sorpresa que le tenía reservada el destino. Diez años después de quitarse la “corona” —con cincuenta y cuatro años dejaba atrás el que fue su papel durante décadas como primera dama de Mónaco—, ha tenido que dar un paso al frente y reaparecer de nuevo en la escena oficial como una suerte de guardiana de su hermano Alberto.

En ausencia de Charlene (la princesa titular), se ha vuelto a confiar en Carolina para el papel de primera dama (suplente). Y está acostumbrada. Lo asumió en 1983, después de la muerte de su madre, la princesa Grace, y, de nuevo en 2005, cuando Alberto II llegó al trono, tras fallecer Raniero III hasta el día de su boda con Charlene, en julio de 2011), evento que ayudó a organizar.

En Mónaco, los cuentos de hadas no suelen durar y siempre se le echa la culpa a la maldición que se lanzó sobre el primer Grimaldi. Aunque, últimamente, Carolina también ha sido señalada como la “malvada” del cuento.

Ese es el papel que le han atribuido algunos medios franceses y alemanes cuando hablan de los problemas que tuvo Charlene para adaptarse a su vida como princesa. Y de la supuesta felicidad de Carolina al poder recuperar el primer plano en el Principado, pero puede que la princesa de Hannover no lo esté tanto. No es agradable pensar que su nuevo protagonismo sea la consecuencia de la difícil situación que vive Charlene. Más allá de su relación (sea cual sea), la mujer de su hermano está enferma, y sus sobrinos, de siete años, sin contacto con su madre desde hace casi un año. Constitucionalmente pertenecen al Principado y no puede llevárselos a ningún lado.

En esta situación se cruzan dos bandos en Mónaco. Por un lado, los que creen que Carolina y Estefanía no la han apoyado lo suficiente, y por otro, los que piensan y defienden que la idea de una guerra de cuñadas es una imagen anticuada. Entre ellos, la familia de Charlene, que afirma que Carolina ha sido un gran soporte para la princesa durante toda su enfermedad y que las dos hermanas se han desvivido por cuidar de sus sobrinos Jacques y Gabriella.

Más allá de las intrigas de la corte, hay dos hechos que se aproximan a la realidad. Lo primero, frente a la solidez de Carolina, los habitantes de Mónaco, ahora preocupados por la salud de su primera dama, no entendían las ausencias de Charlene en el último minuto ni sus escapadas constantes, ni sus cambios de imagen, la tristeza y su silencio. Lo segundo, Carolina sigue siendo el corazón de Mónaco y el pilar de los Grimaldi. Una dinastía con siete siglos de historia en la que la princesa de Hannover sigue dejando su huella. Es una mujer poderosa que vive rodeada de misterio, pero que cada vez que pone un pie en escena solo recibe elogios. Ya lo dijo un académico francés: “Donde Carolina aparece es como si resplandeciera el sol. Y cuando surge la luz, ¿quién no se alegra?”.

De su papel preferido habló con su amigo Stéphane Bern para Point de Vue: “Estoy tratando de ser una verdadera abuela. Siempre he tenido muchos niños en casa y me encanta dedicar tiempo a cuidar de mis nietos. Estoy muy orgullosa de los adultos en que se han convertido mis hijos e hijas. Son ellos mismos y todos nosotros seguimos muy, muy unidos. Nos divertimos mucho juntos. Creo que la alegría de estar juntos es esencial. Como padres, somos un arco, y ellos son las flechas, ¡solo tienes que intentar apuntar bien!”.

Desde que se separó del príncipe de Hannover, en 2009 —se cumplieron doce años el pasado verano—, a Carolina no se le ha conocido ninguna relación. La mayor de los Grimaldi no quiso rehacer su vida sentimental, aunque sigue manteniendo su posición como princesa de Hannover. Fuentes cercanas al matrimonio aseguraron en aquel ya lejano agosto que ni la separación ni el divorcio se harían oficiales. Y así ha sido hasta el momento. Ernst de Hannover vuelve a sonreír a la vida junto a Claudia Stilianopoulos. Y Carolina, que ha encontrado otra forma de ser feliz -una gran parte de su vida gira alrededor de su familia-, parece hacer alarde de su soledad elegida y se muestra muy serena.

Altruista y bohemia, trabaja por la vida cultural de Mónaco abriendo camino a la creación y defendiendo la libertad de los artistas. Su otro mundo, está lleno también de buenos y leales amigos. Una pasión que concilia con el legado de su madre y sus obligaciones como princesa de Mónaco, que nunca desatendió y son muchas. Es presidenta de la Asociación Amade, creada por su madre; de la Fundación Princess Grace; de la Fundación Prince-Pierre; del Festival de Primavera de las Artes de Montecarlo; de la Ópera; de la Orquesta Filarmónica de Montecarlo, y del Museo Nacional de Mónaco.

La princesa sigue siendo una mujer espectacular, tiene el porte, la elegancia y las ideas muy claras. No se parece a su madre pero sí, y mucho, a su abuela paterna, que “era una mujer muy libre, totalmente inclasificable”. “Mi abuela me decía que la mujer que no es elegante es la que añade algo justo antes de salir, después de mirarse en el espejo. Esto me marcó y por eso, antes de salir siempre me quito algo”. “Adoro la moda, pero no estoy muy al tanto. Mis hijas lo están más que yo y siempre les pregunto”. “Siempre lo he dicho: me encanta la ropa no demasiado de moda”, ha contado en entrevistas.

Más allá de la ropa, Carolina también llama la atención por haber aceptado el paso del tiempo con toda la naturalidad. La princesa de ojos azules, muestra sus arrugas sin complejos. Se cuida y, según deducciones de diferentes expertos médicos, se hace tratamientos y puede que se haya hecho algún pequeño retoque, pero sin buscar la eterna juventud.

A las arrugas de expresión se unen ahora también su cabello platinado. La princesa de Hannover sorprendió con su nueva imagen en noviembre de 2020, en el Día Nacional de Mónaco, que fue para Charlene la última aparición que hizo en familia antes de caer enferma.

La princesa de Hannover, una de las mujeres más fascinantes de nuestra era, volverá a alzar en los próximos días un íntimo brindis por su vida. Sesenta y cinco años. Amor, desengaño, aventura, pasión, fatalidad, una familia unida, los felices matrimonios de sus hijos, las risas de sus nietos y el lema en alto de los Grimaldi: “No des nunca explicaciones y nunca te quejes”. Seguirá siendo curiosa y abriendo nuevos horizontes para seguir explorando territorios. Así se lo contaba a Stéphane Bern cuando hablaba de su querido amigo, Karl Lagerfeld, fallecido en febrero de 2019: “Me enseñó a no tener miedo, a cuestionarme todo, todo el tiempo. Y, sobre todo, a no tomárselo en serio”.

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