La princesa Astrid de Noruega murió este viernes 11 de septiembre a los 94 años, apenas dos semanas después de su hermano menor, el rey Harald V. La Casa Real noruega confirmó su fallecimiento y destacó la partida de una de las figuras más queridas de la familia.
Astrid había estado presente este miércoles en la catedral de Oslo para despedir al monarca y, pese a su frágil estado de salud, llegó en silla de ruedas para acompañar a sus cercanos en la ceremonia.
La Casa Real Noruega expresó su partida así: “La princesa Astrid ha fallecido. Su Majestad el Rey ha recibido con gran tristeza la noticia del fallecimiento de la princesa Astrid. La princesa falleció en paz hoy, viernes 11 de septiembre, a los 94 años de edad”.
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Nacida el 12 de febrero de 1932 en Oslo, Astrid vivió parte de su infancia en el exilio durante la Segunda Guerra Mundial, cuando su familia huyó de la invasión alemana y se instaló en Estados Unidos. Tras regresar a Noruega, estudió economía e historia política en la Universidad de Oxford. En 1954, después de la muerte de su madre, la princesa Märtha, asumió un papel especialmente importante junto a su padre, el rey Olav V, acompañándolo en actividades oficiales y ejerciendo de alguna manera como primera dama de la monarquía.
Pero uno de los episodios más recordados de su vida estuvo relacionado con su historia de amor. Astrid quería casarse con Johan Martin Ferner, un deportista y medallista olímpico que no pertenecía a la nobleza y que, además, estaba divorciado. La relación encontró una fuerte oposición debido a la diferencia de estatus y a la situación matrimonial de Ferner.
La princesa, sin embargo, estaba decidida a seguir adelante y llegó a ponerse en huelga, renunciando a sus funciones reales hasta que su padre aceptara el matrimonio. Finalmente, el rey cedió y ambos se casaron en 1961.
Con Ferner, quien murió en 2015, Astrid estuvo casada durante más de 50 años y tuvo cinco hijos. Por su matrimonio perdió el tratamiento de Su Alteza Real y su posición como primera dama, pero mantuvo una asignación estatal y continuó representando a la Corona durante décadas.
También fue patrocinadora de diversas organizaciones, especialmente aquellas relacionadas con niños y jóvenes con dislexia, una condición que ella misma padecía. Hasta sus últimos años participó en algunos actos públicos, manteniéndose como una presencia cercana dentro de la familia real noruega.