Noruega despidió este miércoles al rey Harald V con una multitudinaria ceremonia en Oslo, donde miles de personas se apostaron en las calles para acompañar el último adiós al monarca. Una salva de 21 cañonazos marcó el inicio del cortejo desde el Palacio Real hasta la Catedral de Oslo, mientras el nuevo rey Haakon VIII y otros miembros de la familia real caminaban detrás del féretro, cubierto con el estandarte real noruego.
La reina Sonja, viuda de Harald, y la reina Mette-Marit siguieron la procesión en automóvil.
La ceremonia reunió además a miembros de distintas casas reales y líderes internacionales. Hasta Oslo llegaron los monarcas de Suecia, Dinamarca, España, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Mónaco y Jordania, además del príncipe William, heredero de la corona británica, y el príncipe heredero Akishino de Japón.
También asistieron dirigentes políticos de más de 20 países, entre ellos el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky. Cuando comenzó el funeral, Noruega se detuvo durante un minuto de silencio en memoria del rey, quien murió el 28 de agosto a los 89 años.
Harald V había reinado durante 35 años y era el monarca de mayor edad de Europa. Durante la ceremonia, el presidente del Parlamento noruego, Masud Gharahkhani, destacó la cercanía del rey con sus compatriotas y recordó que “no tenía miedo de encontrarse con la gente en sus botas de goma”. También citó una frase del discurso de Año Nuevo de Harald de 2008, en el que cuestionó la manera de referirse a las personas más vulnerables de la sociedad. “Vivió de acuerdo con su lema: lo dio todo por Noruega”, señaló Gharahkhani.
El homenaje también se vivió fuera de la catedral. Más de 46.000 personas habían pasado durante la semana frente al féretro de Harald, que permaneció en capilla ardiente en el Palacio Real, mientras una fila llegó a extenderse durante siete horas. En distintas ciudades del país se instalaron pantallas para que el público pudiera seguir la ceremonia.
Tras el funeral, el féretro será trasladado en procesión a la capilla del palacio en el castillo de Akershus, donde se encuentran enterrados antepasados del monarca, y posteriormente será llevado a la cripta en una ceremonia privada junto a la familia real y algunos de los invitados extranjeros.