La familia Grimaldi conmemoró el 70º aniversario del Baile de la Rosa con una edición marcada por la innovación estética y una clara proyección hacia el futuro. Bajo la dirección creativa de Christian Louboutin, la tradicional gala del Sporting Club de Montecarlo se transformó en una experiencia inmersiva ambientada en una nave espacial, donde los destellos plateados y las proyecciones láser reforzaron el espíritu de la icónica Sala de las Estrellas.
Como es tradición, Carolina de Mónaco presidió la velada acompañada por parte de su familia. A su lado estuvieron Pierre Casiraghi junto a Beatrice Borromeo, además de Alexandra de Hannover, quien asistió junto a Ben Sylvester Strautmann. La pareja, mantiene una relación pública desde 2018, cuando debutaron juntos en este mismo evento.
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La velada también marcó el regreso de Charlène de Mónaco, quien no suele asistir regularmente al baile, pero este año acompañó nuevamente a Alberto II de Mónaco. Su presencia fue interpretada como un gesto de respaldo institucional a una de las citas más emblemáticas del principado.
En contraste, en la tradicional fotografía familiar se evidenciaron ausencias significativas, como las de Charlotte Casiraghi, habitual desde su debut en 2006, y su hermano Andrea Casiraghi, así como la esposa de este último, Tatiana Santo Domingo.
La dimensión internacional del evento se reforzó con la asistencia de figuras de distintas esferas. Entre ellas destacó Akiko de Mikasa, prima del emperador Naruhito, quien aprovechó su estancia en el Principado, en el contexto del 20º aniversario de las relaciones diplomáticas entre Japón y Mónaco, para sumarse a la celebración.
También figuraron invitados habituales como el duque de Castro, Carlos de Borbón-Dos Sicilias, junto a Camilla de Borbón-Dos Sicilias, además de presencias del mundo social y del entretenimiento como Kitty Spencer, Charles Leclerc y su esposa, Alexandra.
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La actual línea creativa del Baile de la Rosa responde al sello de Louboutin, quien asumió la dirección artística tras la muerte de Karl Lagerfeld, histórico artífice del evento. El diseñador francés ha optado por reinterpretar la tradición con propuestas escenográficas contemporáneas, como esta edición de inspiración futurista.
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En palabras del propio creador, la intención ha sido proyectar el evento “hacia nuevas dimensiones”, según Vanity Fair, manteniendo el carácter benéfico y simbólico de la gala. En ese sentido, la puesta en escena celebró siete décadas de historia, y también delineó el rumbo estético de futuras ediciones.