La modelo y socióloga está hoy dedicada a la renovación de casas, una filosofía que también aplica en su propio hogar. Con distintos niveles, muros blancos, amplios ventanales, abundante vegetación y una gran vista a Santiago, la casa refleja su mirada creativa.
Foto y video Pedro Magnere
Basta recorrer las redes sociales de Renata Ruiz para notar que, desde hace varios años, su foco se ha desplazado del modelaje, las comunicaciones y la sociología, hacia una nueva pasión: la renovación de espacios. Una inquietud creativa que hoy ocupa gran parte de su día y que también se expresa con fuerza en su propia casa.
Se trata de su último hogar, un lugar que –según cuenta– está en constante remodelación y que comparte con su marido, Maximiliano, y sus hijas, Maya y Gala. Con amplias habitaciones, distintos niveles, un patio tipo bosque y una piscina renovada, la casa se alza como un refugio desde donde admirar la ciudad.
En el living, una galería de bronce recorre toda una pared y narra la historia familiar. “Era la pieza central en nuestra casa anterior y calzó perfecto acá. Vamos sumando objetos de viajes y recuerdos”, cuenta Renata.

–¿Cómo definirías la estética de tu casa?
–Ecléctica. Nunca he sido de un estilo muy definido, ni en la ropa ni en la decoración. Me gusta jugar con lo que siento en el momento. En esta casa, en particular, tomé una decisión clave: mantener todas las paredes blancas como hilo conductor, y combinarlas con tonos más terrosos. En mi casa anterior tenía muros grises y me volvía loca la falta de luz y las pocas posibilidades para sacar fotos, así que quise hacer literalmente lo contrario. Es como un estudio amplio que permite hacer cambios sin necesidad de grandes remodelaciones.
–¿Qué cambios has hecho desde que llegaron?
–Uf, llegamos hace cuatro años y seguimos en proceso. Al principio cambiamos todas las ventanas, que tenían forma muy particular, tipo montaña, y también el piso. Era un estilo muy Dalí, así que trajimos la casa más al presente. Además, decidimos resaltar el envigado del techo, dándole más protagonismo a la madera. Renovar espacios es algo que hago desde mi primer departamento, como a los 20 años. Cada vez que me cambio, trato de remodelar según nuestros gustos.
–¿Cuál ha sido la transformación favorita en esta casa?
–Cuando cambiamos el tragaluz que está sobre la escalera que va hacia el primer nivel. Antes era una cúpula, como una pajarera, y decidimos achatarla. Significó mucho trabajo, incluso hubo que traer una grúa. A futuro queremos hacer un quincho arriba, así que el tragaluz quedó caminable y servirá como piso.

–¿Cuántos niveles tiene la casa?
–Son varios. Originalmente había unos subterráneos que transformamos en sala de juegos y un gimnasio. Luego está el primer nivel, donde está el living y comedor y, más arriba, hay dos pisos más. Es una casa bastante singular, no lo voy a negar. Lo que nos conquistó fue el patio: la posibilidad de tener un bosque con árboles de más de 50 años, originales del cerro. De hecho, los árboles son más antiguos que la casa, que es de 1989.
–¿De dónde viene tu pasión por renovar espacios?
–De mi familia, muy ligada al mundo de la costura. Mis papás tenían una fábrica de confecciones, mirábamos revistas extranjeras y llegaban muchos catálogos con propuestas de decoración y diseño. Siempre fuimos muy estéticas con mis hermanas. Pasé del modelaje a la decoración porque acá puedo sentirme más creativa sin la exigencia de verme impecable todos los días.

–¿Qué es lo que más te gusta de tu casa?
–Las plantas. Para mí son clave para sentirse en casa, junto a las mascotas, porque te obligan a estar presente. Tengo alrededor de 40 mantos de Eva, todos hijos de uno que teníamos en nuestra casa anterior. También están nuestros animales: dos perros y una gata. Y, en cuanto a espacios, la terraza. Tiene una muy linda vista de Santiago; de noche se ven las luces y cuando llueve es precioso. Te hace sentir en otro lugar.
–¿Qué rol juega la luz en tus decisiones?
–Es una de mis grandes fascinaciones al decorar. No podría vivir en un lugar oscuro. Siempre la priorizo.
–¿Tienes algún objeto con valor sentimental?
–Sí, un armario que era de mi mamá. Decidí que me va a acompañar hasta el último día. Siempre va ser parte de mi decoración.
