Cambios de colegio, casos de bullying, conflictos con compañeros/as, problemas académicos o la presencia de trastornos neurológicos como el autismo o el TDA: todo esto puede hacer que la vuelta a clases se ponga cuesta arriba para muchos niños. Aquí, un experto comparte herramientas para enfrentar estos escenarios con la empatía como punto de partida.
Por Natalia Bobadilla
Fueron más de dos meses de vacaciones, el momento más esperado del año. Pero cuando llegan a su fin, muchos niños y adolescentes enfrentan grandes desafíos emocionales.
En algunos casos, la ansiedad se manifiesta con más fuerza. “El regreso a clases es incómodo para algunas personas por haber vivido bullying, entrar a un colegio nuevo, hubo cambio de curso o un compañero le cae mal y ahora deben encontrarse. Es crucial entender que el miedo al regreso es una señal debe ser abordada con empatía. Para esto lo primero que hay que distinguir siempre es la fase del desarrollo en la que está el niño”, señala Daniel Sánchez, psicólogo y académico de la Universidad Central.
¿Y cómo se aborda esto? “Un adolescente tiene la misión de encontrar su propia identidad. Si le está costando volver a clases, lo ideal sería estimularlo para que siga descubriendo quién es en el colegio, motivándole a mostrar su mejor faceta, por ejemplo, si es bueno para la pelota o para alguna asignatura, además de compartir con amigos y amigas. Que se enfoque en lo positivo”.
Para un niño que está en básica es muy distinto. “Si va a un colegio nuevo, por ejemplo, hay que darle instrucciones muy prácticas e invitarlo al diálogo permanentemente, recordando el respeto hacia las demás personas. Y en casos de bullying, indicarle que si alguien le dice o hace algo que le molesta, debe comunicarlo a sus profesores. Es importante dejarle claro que siempre hay una salida a situaciones como el acoso”, detalla el especialista.
Otro temor que se asoma es no cumplir con las expectativas académicas o simplemente no motivarse con los estudios.
“El aprendizaje es muchas veces aburrido, pero en realidad debe ser entretenido. Si el ciclo educativo se convierte en un adoctrinamiento y no en un espacio de crecimiento, libertad y desarrollo, estamos en un problema. Ahí el tirón de oreja es para los establecimientos que deberían tener pedagogías más flexibles, más adaptativas y más modernas”, agrega.
Ante esto, la adaptación previa es muy importante. “Hay que retomar paulatinamente la rutina una o dos semanas antes. Lo importante son los horarios: comenzar a acostarse y levantarse más temprano. También volver a los hábitos de alimentación que tienen durante el año. Sería ideal repasar de manera entretenida la materia del año pasado para prepararnos”, aconseja. “Si no se hace, se producirá un quiebre muy grande porque se les privará abruptamente de algo que gusta mucho, que son las vacaciones”, suma.
Finalmente, Sánchez aconseja un rito de anticipación, incluso en estos casos difíciles, como una forma de enfocarse en el futuro: “Es aconsejable escribir una carta con anhelos o metas para el nuevo año en el colegio, no solo académicas, sino también de convivencia, de manera de ir revisando y que cada logro permita sentir que la escuela es un espacio de triunfo y crecimiento, no solo de desafío”.