Revista Velvet | Amor y corona: Los romances que definieron a la realeza
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Amor y corona: Los romances que definieron a la realeza

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Amor y corona: Los romances que definieron a la realeza

POR Rommy Buchholz | 14 febrero 2026

En la realeza, las historias de amor abundan, pero rara vez se repiten. Algunas son polémicas y capaces de dividir al público, como la del príncipe Harry y Meghan Markle; otras tienen el pulso de una comedia romántica, como la de Federico de Dinamarca y Mary Donaldson. Pero si algo han demostrado los royals es que el amor también puede ser política, tragedia, desafío y legado. Con San Valentín cerca, elegimos cuatro historias que marcaron época y que siguen latiendo hasta hoy.

Rainiero III de Mónaco y Grace Kelly: Cuando Hollywood entra al Palacio

En 1955, con solo 25 años, Grace Kelly estaba en el punto más alto de su carrera: acababa de ganar el Oscar a Mejor Actriz y era una de las figuras más codiciadas de Hollywood. Invitada al Festival de Cannes, viajó con Gladys de Segonzac y, durante el trayecto en tren, esta le presentó a Pierre Galante, editor de Paris Match.

A la mañana siguiente, el periodista le propuso realizar un reportaje con Rainiero III, quien había ascendido al trono en 1949. “Grace llegó al palacio del principado, donde Rainiero la recibió casi una hora más tarde, por lo que tuvo que hacer uso de sus encantos mientras paseaban por los jardines”, explica Pilar Aranda, abogada y creadora de @royalcriolla.

Aunque Grace debió regresar a Estados Unidos, siete meses después –tras un intenso intercambio de cartas–, Rainiero, ya enamorado, viajó a Filadelfia durante Navidad para pedirle matrimonio. El 18 de abril de 1956, con una ceremonia seguida por la prensa mundial, Mónaco “se convirtió en sinónimo de glamour, pasando de ser un principado menospreciado por algunas casas reales europeas a the place to be, incluso hasta hoy”, afirma Pilar.

Tras la boda, la maternidad marcó el nuevo centro de la vida de Grace. Con el nacimiento de Carolina, Alberto y Estefanía, su carrera cinematográfica quedó atrás. Aunque durante años se habló de un eventual regreso al cine, el accidente automovilístico que causó su muerte en 1982, a los 52 años, cerró definitivamente ese capítulo. Rainiero no volvió a casarse y murió 22 años después, a los 81.

La reina Victoria y el príncipe Alberto: El amor que inventó la familia real moderna

En 1837, Victoria se convirtió en reina a los 18 años, tras la muerte de su tío Guillermo IV. Mientras aprendía a gobernar, se apoyó en sus primeros ministros y en la influencia de su tío materno, Leopoldo I de Bélgica, quien recomendó como posible esposo a su sobrino –y primo de la monarca–, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. “En la realeza, los matrimonios eran básicamente por conveniencia: acuerdos políticos entre casas que buscaban unirse. Tenía mucho de estatus. No se podían casar con cualquiera”, explica Magdalena Merbilhaá, historiadora y directora ejecutiva de Red Cultural.

Tras conocerse en la adolescencia, Alberto y Victoria volvieron a reunirse en octubre de 1839, y ella quedó profundamente encantada. En esa época, Victoria no podía “ser pedida”: por protocolo, era la reina quien debía hacer la propuesta, de modo que el compromiso quedaba enmarcado como una decisión de Estado. Fue anunciado el 23 de noviembre de ese mismo año. Según Merbilhaá, la reina cayó “literalmente envuelta en llamas” por Alberto y escribió a su tío Leopoldo para agradecerle.

Muy enamorados, y tras tener nueve hijos en un período de 17 años, Victoria y Alberto consolidaron una dinámica clara: ella gobernaba, mientras él construía su lugar como príncipe consorte. Ese rol tomó forma con su participación en la Exposición Universal de 1851 en Londres, un hito de la era victoriana que culminó con la construcción del CrystalPalace, y que resultó clave para darle visibilidad y sentido a su posición.

Según Magdalena, Victoria supo manejar con habilidad ese reparto de poder. “En las revistas ilustradas de la época aparecían como una familia feliz. Alberto fue el primero en traer al Reino Unido un árbol de Navidad y reunir a la familia en torno a él. En ese sentido, promovió gestos que hoy asociamos a la realeza. Incluso impulsó la compra de Balmoral y la construcción del nuevo castillo en Escocia, concebido como refugio familiar”.

La historia se interrumpió en 1861, cuando Alberto murió con apenas 42 años. Victoria no volvió a casarse y vistió de negro el resto de su vida, razón por la que pasó a la historia como la “viuda de Windsor”. En 1901, la reina murió a los 81 años. Sus restos descansan junto a Alberto en el Mausoleo Real de Frogmore, que ella misma mandó construir. Sobre la puerta se inscribieron palabras suyas: “Adiós, mi amado, aquí por fin descansaré contigo…”.

Nicolás II y Alejandra de Rusia: El último baile de los Romanov

El de Nicolás II y Alejandra comenzó como un romance genuino. Alejandra –Alix de Hesse– era nieta de la reina Victoria y el príncipe Alberto, e hija de la princesa Alicia. Se conocieron siendo adolescentes, en 1884, en San Petersburgo, durante la boda de Elisabeth “Ella” de Hesse, hermana mayor de Alejandra, con el gran duque Serguéi, tío paterno de Nicolás. Diez años después, Nicolás se vio empujado a la Corona antes de lo esperado: en 1894, tras la muerte de su padre Alejandro III, se convirtió en zar.

“La propia Alejandra contó que fue al funeral de su futuro suegro vestida de negro. Veinticinco días después, se vistió de blanco y se casó con Nicolás”, relata Magdalena. Con el nacimiento de Olga en 1895, se consolidó la imagen de una pareja joven y unida. Pero la vida privada no podía separarse del deber: la Rusia imperial exigía un heredero y la sucesión excluía a las mujeres. Tras Olga llegaron Tatiana, María y Anastasia: cuatro hijas antes de asegurar la continuidad dinástica.

Dos años después nació el zarévich Alexéi. “La monarquía estaba asegurada, pero al poco tiempo se dieron cuenta de que el niño estaba enfermo: era hemofílico”, explica la historiadora. Una enfermedad hereditaria que dificulta la coagulación de la sangre y que, según Magdalena, se transformó en “una cuestión de Estado”.

“Lo más importante era asegurar la sucesión, y por eso se convirtió en un secreto tremendo. En ese contexto aparece la figura de Rasputín”. El místico se presentaba como sanador y lograba detener las hemorragias, volviéndose esencial para Alejandra. “Nadie entendía por qué tenía tanto poder sobre los zares”. La crisis íntima dio paso al colapso político. La Primera Guerra Mundial fue impopular en Rusia y dejó en evidencia a Nicolás II como un hombre de familia, pero no como un líder en tiempos de crisis. En 1917, la Revolución forzó su abdicación y la familia quedó bajo arresto. En julio de 1918, en Ekaterimburgo, Nicolás, Alejandra y sus cinco hijos fueron ejecutados por los bolcheviques. Con ellos terminó la historia de una familia enamorada y una dinastía de más de tres siglos.

Mabel Wisse Smit y el príncipe Friso de Orange-Nassau: El peso de una decisión

En los Países Bajos, el príncipe Friso, hermano del heredero, quedó en el centro de la atención pública tras anunciar su compromiso con Mabel Wisse Smit. Mabel tenía un perfil cosmopolita y profesional, pero su nombre se vio envuelto en una polémica tras conocerse su vínculo con Klaas Bruinsma, un narcotraficante asesinado en 1991. “Las explicaciones de Mabel no fueron suficientes para el Parlamento, que no dio su visto bueno para el matrimonio del joven príncipe”, explica Pilar.

Sin la aprobación institucional, Friso renunció a sus derechos dinásticos para seguir con Wisse Smit, con el respaldo de la reina Beatrix. Se casaron en 2004 y se instalaron en Londres, donde formaron una familia con dos hijas, Luana y Zaria. En 2012, Friso sufrió un grave accidente mientras esquiaba. Tras un año hospitalizado en el Reino Unido, fue trasladado al palacio real de Huis ten Bosch, donde murió en agosto de 2013. “Si bien la historia de amor llegó abruptamente a su fin, Mabel sigue siendo muy querida por su familia política y, sobre todo, por su suegra, la princesa Beatrix, quien siempre la apoyó en los momentos difíciles, antes del matrimonio y después del accidente”, señala Pilar Aranda.

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