Virginia Satir, psicóloga nortemaricana reconocida en el desarrollo familiar, defendía que el amor, el contacto y la validación emocional son claves para el bienestar emocional. Tanto así como preocuparse de nuestra salud física.
Hay pequeñas acciones que mejoran nuestra vida sin darnos cuenta, y una de ellas son los abrazos. No lo decimos nosotras, lo afirma la ciencia. Y es que son muy poderosos. ¿Sabías que reducen el estrés, refuerzan el sistema inmunitario y protegen tu corazón?
Tal como lo lees. La ciencia ha demostrado los múltiples efectos beneficiosos que tiene los abrazos en nuestra salud. Desde mejora del ánimo y aumenta la oxitocina hasta una menor percepción de dolor, entre otros. Ahora bien, no vale cualquier abrazo.
Una de las claves es que tienen que ser deseados o admitidos, es decir, que te guste el abrazo. Si te lo dan, pero quieres que esa persona se aleje, no te llevas ningún beneficio. Por el contrario, si ese abrazo es confortable, permítete demandar unos segundos más. Es más, si el abrazo dura menos de 5 segundos, el cerebro lo percibe como un gesto social y no como un retiro de bienestar, como explicaba Virginia Satir, quien recomendaba que durara 20 segundos.
Para la psicoterapeuta los abrazos son una necesidad humana básica. Y para ella el contacto físico es nutrición emocional, además de vital para la supervivencia y equilibrio mental. “Necesitamos 4 abrazos al día para sobrevivir, 8 para mantenernos y 12 para crecer”, era su frase más típica. Y lo explicaba como una metáfora para exponer esa necesidad de contacto y afecto que necesitamos para desarrollarnos de forma sana.
El tacto afectivo, según Virginia Satir, es más que solo un gesto de cariño, es una manera profunda de comunicación y que transmite aceptación, seguridad y pertenencia.
Es más, durante su trabajo terapéutico descubrió que la falta de contacto generaba “hambre emocional”, lo que describía como una carencia que puede transformarse en baja autoestima, dificultades relacionales y sufrimiento interno. “Así como el cuerpo necesita comida, la psique necesita contacto, calidez y reconocimiento”, decía.
Por lo tanto, cuando el contacto físico viene desde el respeto y es auténtico, es capaz de nutrir el valor personal, ayudando a las personas a sentirse reales y vistas.
Por su parte, Satir también sostenía que el cuerpo guarda la historia emocional de cada persona. Y es precisamente el tacto lo que logra desbloquear emociones que muchas veces no encuentran palabras.
Por ejemplo, observó que los abrazos en el contexto familiar o terapéutico, pueden suavizar conflictos, reducir defensas y restaurar vínculos dañados. Siempre que sean consentidos. Además, la sanación suele ocurrir a nivel individual, pero también relacional. Se reconstruyen confianzas y crean espacios seguros.
Para ella, la conclusión es clara, y es que no se crece ni sanas sin conexión y el cuerpo es una vía esencial para esto. 4 abrazos son el mínimo sustento de cada día, si nos damos el doble hay equilibrio y si triplicamos la cantidad el espíritu se reconforta.