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Patricia Politzer: «Hay un grupo pequeño, pero estridente, que pretende deslegitimar la nueva Contitución»

Por Lenka Carvallo | 03 septiembre 2021

La periodista señala que los que votaron Rechazo quieren que el trabajo de la Convención no apruebe el plebiscito de salida. “Así pretenden perpetuar la Constitución de Pinochet, que para ellos es fantástica...”, dice. Además cuenta que tuvo una hermana exterminada en el Holocausto, y que esa historia justificó su decisión de ser constituyente.

Fotos: Maglio Pérez

No fue fácil para Patricia Politzer Kerekes tomar la decisión de aventurarse como constituyente. Significaba dejar en pausa una pasión de toda una vida, el periodismo, donde cuenta con una reconocida trayectoria: fue parte del equipo fundador del Diario de Cooperativa, revista Hoy y La Época; directora de prensa de TVN y es además una escritora con varios libros. Una historia profesional que la llevó a especializarse en política y la defensa de los Derechos Humanos, aspectos que marcaron la vida de la actual constituyente, elegida con una de las más altas mayorías del país; la tercera más votada en el distrito 11.

Hay emoción en su voz… “Existe una parte de mi historia familiar que me ha acompañado siempre y que justificó mi decisión de haber entrado en la constituyente…. Mis padres eran judíos que llegaron a Chile huyendo del genocidio”, confiesa sobre uno de los capítulos más conmovedores de su biografía y que se remontan a los albores de la Segunda Guerra en Europa del Este, desde donde emigró su familia en 1939; el padre de Checoslovaquia y su mamá de Hungría.

Continúa el relato:

“Mi papá cuando era muy joven tuvo un primer matrimonio del cual na- ció una hija. Antes de que estallara la guerra él huyó a Chile en uno de los últimos barcos que salieron de Europa y allá quedó uno de sus hermanos, su mamá, su mujer y su hija, Katherina. Cuando la guerra terminó, mi papá comenzó a buscarlos… A través de la Cruz Roja supo que su hija había sido llevada a un campo de concentración de Terezín, donde se le perdió el rastro…”, dice sobre uno de los campos de exterminio donde murieron asesinados alrededor de 155 mil judíos checos, alemanes, austriacos, holandeses y daneses.

–En 2017 contó a la revista Caras (a la periodista Alejandra Matus) que se enteró por casualidad de la existencia de Katherina…

–Era un secreto de familia… Yo tenía unos 22 años y fui a Nueva York a ver a una tía. Ella se había casado con un hermano de mi papá, quien sobrevivió tras huir desde Gran Bretaña hacia Estados Unidos. Estábamos conversando y sin querer mencionó a la mamá de esta media hermana, asumiendo que yo estaba al tanto de la historia, pero lo cierto es que no tenía ni idea…

Hace una pausa:

–El caso fue muy dramático porque, para sobrevivir, la mamá de esta niña huyó a Canadá y antes de partir dejó a su hija donde unas monjas que estaban protegiendo a un grupo de niños… Desgraciadamente ellas fueron denunciadas y todos fueron llevados al campo de concentración.

–¿Su papá nunca se lo contó?

–Él murió cuando yo tenía 10 años, no hubo tiempo… Pero se lo recriminé a mi mamá: ¿por qué nunca me contaste nada?, le dije cuando le transmití que ya sabía. Ella creía que la historia era tan dolorosa, tan atroz, que sólo mi papá tenía el derecho de decirme y, como él ya no estaba, juzgó que ya no era necesario…

Se queda pensando:

–Son historias horrendas que sucedieron en muchísimas familias durante el Holocausto y quedaron enterradas, porque son muy difíciles de hablar…

–¿Alguna vez supo cómo fue su hermana, vio alguna foto?

–En cada familia siempre hay una caja de fotos viejas… Cada vez que la abría le preguntaba a mi mamá por una niña antigua, de unos 12 años, con un abrigo con cuello de piel, como los que se usaban antes… Ella siempre contestaba que era una prima mía en Hungría. Pero ese día me dijo: ¿Te acuerdas de esa niña que siempre me preguntas quién es? En realidad, es tu media hermana. Hoy esa foto está en mi dormitorio, la tengo enmarcada.

Sonríe con tristeza:

–Una vez entró a mi pieza una amiga; vio la foto y me dijo: ¿por qué la Susy –que es mi hija mayor– está con esa ropa?… No me había dado cuenta, pero son casi iguales…

–Se emociona al contar su historia…

–Es que es muy fuerte… Es tremendo pensar que tuve una hermana que murió siendo sólo una niña, que le arrebataron la vida porque hubo otros seres humanos que no le permitieron seguir. Eso es algo que siempre me resulta muy removedor.

–¿En dictadura sufrió también la muerte de familiares?

–Afortunadamente no, porque mi familia era muy pequeña. Pero sufrí la pérdida de amigos muy cercanos, como José Manuel Parada (uno de los tres profesores degollados en marzo de 1985). Sabíamos que los habían secuestrado; estábamos buscándolos cuando nos avisaron que los habían encontrado muertos. Con Arturo, mi marido, nos pusimos a llorar… Mis hijas, que eran bien chicas, no entendían qué pasaba, nunca nos habían visto llorar así. Hablamos con ellas y les explicamos que habían matado a nuestro amigo, que lo habían degollado. Hoy dicen que esa fue su primera aproximación a los horrores de la dictadura… Nunca más se olvidaron de ese momento.

Se queda pensando:

–La dictadura militar fue algo muy horrendo y confío en que nunca más volvamos a tener algo así en nuestro país. Mis padres fueron acogidos acá y agradezco cada día que a mi familia se le permitiera seguir existiendo. Este sentimiento me acompaña siempre. Por eso para mí los derechos humanos son un aspecto fundamental y deben ser el eje central de nuestra nueva Constitución. Ellos deben cruzar todo el texto; el respeto irrestricto debe reflejarse en su sentido más amplio.

–Por eso hoy está en la Convención.

– (Su rostro se ilumina) Así es. Desde el primer día comencé a llamar a los que no conocía, a muchos de la Lista del Pueblo, de los movimientos sociales. El diálogo es fundamental. Toda esta relación previa será crucial cuando entremos a los temas complejos de la nueva Constitución.

–Llama la atención que existan dos miradas al respecto: una externa, que es más crítica, cuestionadora, incluso pesimista… Mientras que la interna pareciera ser más luminosa.

–Así es. Desde fuera hay mucho de manipulación. Que digan que nos subimos el sueldo (dice por la polémica por el aumento de las asignaciones)… Aclaro que el sueldo de los constituyentes no se ha subido ni un centavo, no existe ninguna posibilidad…. Esos dineros son para los equipos de cada constituyente; todos necesitamos entre 2 y 3 personas para hacer bien nuestro trabajo… Muchos son de otras regiones y tienen que movilizarse….

Molesta agrega:

–O que anden diciendo que somos unos flojos, que no hemos hecho nada durante este primer mes (al cierre de esta edición), es absurdo. Basta pasearse por el ex Congreso para ver a 155 personas trabajando a toda máquina. Algunos dicen que no hemos escrito ni siquiera un artículo… Entiendo que pueda haber ignorancia, sin embargo, el grueso de quienes andan diciéndolo –y que conozco perfectamente– son personas informa- das, que saben cómo funciona la Convención. Y cuando ellos difunden que no hemos avanzado, es evidente que actúan con mala intención, no hay otra explicación. Porque es indispensable partir redactando un reglamento. Es como un partido de fútbol: si no hubiese reglas claras no se podría jugar. Necesitamos saber cuántas comisiones se van a establecer, con qué temas y cuando tiempo puede funcionar cada una antes de entregar su primera propuesta; cuántas veces una propuesta puede ir al plenario y volver con indicaciones a la comisión: ¿infinito? ¿Qué quórum se requiere para que funcione una comisión y el pleno? En fin. Son muchas cosas en las que tenemos que ponernos de acuerdo. Pero se ha ido creando una imagen distorsionada para desprestigiar a la convención. Esto es muy grave.

–¿Con qué fin? ¿Para que el nuevo texto sea rechazado en el plebiscito de salida, por ejemplo?

—Hay un grupo pequeño, pero estridente, que pretende deslegitimar la nueva Constitución. Es un cierto sector en el país, muy minoritario, pero con una gran capacidad de expresar sus opiniones, que no quiere que haya una nueva Constitución. Por algo votaron Rechazo. Para ellos el texto que nos legó la dictadura es fantástico y quieren que permanezca. No es un misterio para nadie.

–Y este torpedeo viene desde afuera o también desde algunos de los constituyentes que estuvieron por el Rechazo?

–No quiero generalizar, pero en ese sector hay quienes torpedean permanentemente el trabajo que se ha estado haciendo. Son personas que aún no asumen el cambio que se está produciendo en Chile. Nunca habíamos tenido una institución elegida democráticamente y con poder de decisión que fuera tan diversa y plural, tan representativa del Chile real, y les ha costado mucho aceptarlo.

–Ya, pero ¿cuánto ayuda ver “corpóreos” en la Convención?

–Eso fue un día, una humorada, en un momento en que no estaba funcionando nada en las salas y se fotografió la tía Pikachu… La conozco bien porque se sienta cerca mío y veo lo aplicada y seria que es. Entonces que haga una humorada, ¿la va a descalificar? ¿Desautoriza eso a la Convención? Me parece absurdo.

–También se han visto tensiones desde los representantes de la Lista del Pueblo y las comunidades indígenas… El convencional Patricio Fernández dijo a esta revista que era ingenuo creer que la Convención sería como navegar en un mar caribeño…

–Estamos en medio de una profunda crisis social, política y económica; fue esa realidad la que abrió el camino a este proceso constitucional.

Entonces tiene razón mi compañero Pato Fernández. El tema es cómo vamos a manejar los conflictos y por eso el reglamento es indispensable. También ciertas normas fundamentales de convivencia, donde podamos criticarlo todo, pero con respeto, cuidando siempre de no exacerbar los ánimos, precisamente por tratarse de un momento extraordinariamente sensible.

–¿Cuánto cree que vaya a durar la redacción del reglamento? Bolivia estuvo siete meses…

–Pero en Colombia fue un mes y hay todo tipo de tiempos. Pienso que lo lograremos antes de dos meses, el plazo que nos hemos fijado.

–También estamos en un año electoral, lo que tensiona más las cosas.

–Una cosa es elegir un presidente o un parlamentario para los próximos cuatro años y otra es escribir una Constitución para los próximos 40 años: ahí tiene que estar nuestra mirada.

–Al comienzo de esta entrevista decía que los DD.HH debieran atravesar toda la carta. ¿Ve que pueda desatar conflictos entre los convencionales?

–No veo quién podría oponerse a que nuestra Constitución respete de forma irrestricta los derechos fundamentales. Las polémicas podrían venir cuando hablemos de derechos sociales garantizados. Se han hecho algunas caricaturas; como que por el acceso a la vivienda algunos exijan casa de 300 m2; o que cualquier papá va a poder pedir en tribunales que sus hijos entren al Nido de Águilas, respecto del derecho a la educación. Tendrá que haber una legislación que se adapte a la nueva Carta Magna. Debe ser la ley la que se ponga a la altura de nuestra realidad política, económica y social.

—Una de las tensiones más potentes fue a propósito de la incorporación de Jorge Arancibia (ind UDI) a la comisión de DD.HH. Usted dijo que él debiera renunciar a esa instancia.

—Arancibia fue fue comandante en jefe de la Armada, una rama que nunca ha colaborado en buscar la justicia y la verdad en materia de DD.HH. Muchos compatriotas no saben dónde están sus familiares y con justa razón se sienten violentados y revictimizados al verlo en esta instancia. Me parece que su dolor debe ser considerado.

—Sin embargo, usted hizo un fuerte llamado a no censurar a cuatro organizaciones (entre ellas la Fundación Jaime Guzmán y el Movimiento Acción Republicana), cuando la subcomisión de Verdad Histórica acordó que no las recibiría en audiencia por incitar el odio y la segregación. ¿Cómo se explica?

—Como periodista quiero manifestar mi rechazo a todo tipo de censura y exclusión. Soy hija de inmigrantes judíos que huyeron del nazismo y repudio el negacionismo y los discursos de odio cuyos efectos conozco bien. Pero no creo que no le corresponde a la Convención convertirse en un tribunal y por lo tanto debe abrir sus puertas sin restricciones; la democracia los obliga a escuchar todas las opiniones, por más dolorosas que nos parezcan. La libertad de expresión es un derecho humano esencial y será la opinión pública la que juzgue lo correcto o aberrante de algunas opiniones.

–Esta será la primera carta paritaria del mundo, tremendo orgullo.

Le brillan los ojos:
—¡Es maravilloso! Los ojos del mundo están puestos en Chile.

Agrega:
—Me encanta, porque en cualquier reunión colectiva en la que he estado, siempre hablan más los hombres que las mujeres. Pero hoy en la Convención somos las que más pedimos la palabra, y es gracias a la paridad. La Constitución transversalmente debe mirarse con la lupa de la perspectiva de género, sea cual sea el tema que se está tratando, y analizar a fondo si está cuidando a una mayor igualdad de género o si va en dirección contraria. Estamos construyendo una sociedad más igualitaria y eso me encanta.

 

 

 

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