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Potencia con sello femenino: Bianca Vera y Estefanía Leigthon

Por equipo velvet | 02 septiembre 2021

La boxeadora Bianca Vera y la muralista Estefanía Leigthon forman parte de una generación furiosa, pero no de rabia sino de ganas de crear y hacer bajo sus términos. Ambas son referentes en sus actividades y sus generaciones. Sus historias son inspiradoras, sobre todo por la pasión que las mueve y los sueños que cumplen cada día.

BIANCA VERA / EL DIAMANTE EN BRUTO DEL RING

Enamorada del kickboxing, Bianca Vera (15), ha decidido darlo todo en un deporte reconocidamente masculino, incentivando a muchas a dar la pelea. La primera vez que se subió al ring fue en 2017, cuando tenía 11 años. «Esa adrenalina y sensación, que es estar arriba del cuadrilátero, es única», asegura.

Así, todos los días, esta adolescente que nació en Roca, Argentina, y vive en Chile desde los ocho años, hace preparación física y asiste a sus clases online en un colegio para deportistas. Además, sabe que debe mantenerse enfocada, aunque haya días de furia. «Cuando pego lo hago concentrada y buscando el objetivo», dice.

Esa sensación de darlo todo en cada pelea y la adrenalina, son únicas para Bianca, la menor de cinco hermanos. Todos practicaron alguna vez este deporte –incluso su papá fue boxeador aficionado–, pero fue ella quien al intentarlo, junto a su profesor José Carlos, no pudo dejarlo más. Hoy su mánager es su hermano Jeremías (25).

Bianca disfruta lo que hace. Los lunes, miércoles y viernes entrena en Pucón, donde vive, y los martes y jueves lo hace en Temuco, viajando por el día. «Los sábados de repente entreno y los domingos son full familia y descanso mental», comenta y agrega que meditar, pasar tiempo sola y reflexionar también son vitales.

Además dice que en el kickboxing ve una disciplina que requiere mucha responsabilidad y valores: «Aunque tengas días malos tienes que ir y cumplir, y si toca sparring debes aguantar y seguir golpeando. Siempre atenta y a full». También agrega que en este deporte se tienen muchos dolores, tanto por las lesiones como cuando se pierden peleas. «Pero me enamoré y quiero continuar haciéndolo, porque la disciplina es lo que te hace seguir; aparte del apoyo familiar, de los amigos y del profesor, pero al final sólo depende de ti», apunta entusiasta.

Esa pasión por conseguir sus metas y saber dónde quiere llegar fueron el impulso que la hicieron atreverse a competir a los 13 años, justo después de que su hermano Jeremías la inscribiera sin preguntarle. Con ello, su vida y la de varias jóvenes que la siguen cobró otro sentido. «No se lo critico, yo quería. Y gracias a eso hoy cumplo mi sueño», indica la joven mientras juega con un colgante de corazón y luna que le regaló Jeremías al cumplir los 15.

«Es totalmente apasionada, responsable, con mucha personalidad y muy segura de sí misma. Se tiene mucha fe. Independiente de que es un deporte donde hay más hombres ella no siente restricciones», acota su hermano.

Durante este reportaje, Bianca se encontraba peleando el Campeonato Nacional de Kickboxing, liderando la primera fecha. Solo quedaban dos y si las ganaba, además de campeona nacional, calificaría para viajar en octubre de este año al mundial de Egipto.

«Para cualquier deportista que no sea del mundo del fútbol», sostiene, «es muy duro en Chile. Dicho esto, me encantaría seguir entrenando. Poder competir en varias fechas, con más chicas participando, más público y, por ende, más apoyo. Porque nosotras podemos entrenarnos con toda el alma, pero si no podemos viajar para pelear, de nada vale. Por eso, es muy bueno difundir; es importantísimo, porque se siente re bien que tu trabajo y esfuerzo se vean».

ESTEFANÍA LEIGHTON / UNA PROPUESTA VIBRANTE Y FURIOSA

En pleno barrio Yungay de Santiago, se levanta uno de los murales más altos de Latinoamérica. Son cerca de 60 metros llenos de color donde la muralista chilena STFI Leigthon (33), bajo la curaduría y producción de Lira Arte Público, retrata la igualdad de género y racial. Se trata de la obra más grande que ha producido en su carrera. Antes había pintado hasta siete pisos y tiene más de 40 murales repartidos entre Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Guatemala y México. Hoy, también es posible ver sus creaciones en Francia, Suecia, Italia, Alemania, Noruega y Dinamarca.

Distinto a lo que pudiera pensarse, el muralismo es una escena donde predominan los hombres, pero el arte de STFI colabora a una mayor igualdad. De hecho ha motivado a varias artistas a conformar grupos. «No estamos solas, somos muchas en este camino, donde la colaboración, la unión y las redes son la manera en que podemos sanar y fortalecernos».

STFI es autodidacta. Su trazo es grueso, cuidado, con colores furiosos. Destacan la figura humana en su máxima expresión y los desnudos femeninos. Y es que de alguna manera el tema de la femineidad siempre la ha circundado, ella y sus dos hermanas han estado constantemente ligadas a la creación.

En cuanto a lo que más la apasiona al pintar dice que «es poder plasmar de manera libre mis procesos y reflexiones. Pero, después me gusta ver que otras mujeres se sienten representadas, entonces ocurre que el proceso artístico se vuelve colectivo».

STFI agradece el espacio que ofrece el contexto social de este tiempo para hacer visibles temas culturales complejos y, muchas veces, ocultos. La desigualdad o la injusticia, además de la explotación de los recursos naturales, son algunos ejemplos. Y agrega que su forma de aportar es mediante «el retrato de mujeres diversas, de una naturaleza viva y de la riqueza del territorio donde vivimos».

En el caso del mural de Barrio Brasil, hubo vecinos que manifestaron abiertamente su racismo, e indicaron que jamás permitirían una intervención de este tipo. «Lo bueno es que el colectivo me apoyó en esa gestión –que en lo personal– encuentro muy desgastante emocional y físicamente», indica. Complementa que «la percepción de cada individuo es única, les puede gustar o no lo que ve en la calle y eso es lo lindo de este oficio, que abre un debate».

El proceso creativo de esta obra en particular fue muy largo, cerca de un año, después de varios bocetos optó por hacer una figura femenina y otra masculina, de pieles oscuras, que se conectan mirándose a los ojos, de frente. STFI es así; una voz que desde Chile se convierte en legado sin fronteras y que de paso embellece y enriquece culturalmente la urbe.

Por Catalina Undurraga Fotos @Ozcar Producción Daniela Villalón Maquillaje y Pelo Camila Ortiz @camiortizmua Agradecimientos Club Ringo

 

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