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Felipe de Edimburgo: La vida del hombre que caminaba tres pasos por detrás de Isabel II

Por Sole Hott | 09 abril 2021

El duque de Edimburgo ha fallecido a los 99 años en el castillo de Windsor en la mañana de este viernes.

Siempre sonriente y catalogado como uno de los hombres más elegantes del mundo, el príncipe Felipe caminó tras la reina Isabel II durante 74 años, y a pesar de su especial sentido del humor y legendarias metidas de pata, fue el compañero más fiel que una de las mujeres más importantes del mundo podría tener.

Sin embargo, fuera del palacio de Buckingham, la vida de Felipe –duque de Edimburgo por matrimonio y príncipe de Grecia y Dinamarca por nacimiento– estuvo marcada por la tragedia, la guerra y la caridad. Y aunque desciende de los monarcas más famosos del siglo XIX, su árbol genealógico se vio truncado por la desgracia y una niñez solitaria.

UN PRÍNCIPE POBRE

Nació en Corfú, Grecia; huyó en una caja de frutas cuando su familia fue derrocada y exiliada de su país natal; fue refugiado de guerra y vio cómo su madre, la princesa Alicia de Battenberg, era internada en un sanatorio, diagnosticada con esquizofrenia y sometida a inhumanos tratamientos. Más tarde, ella se ordenaría monja y salvaría judíos de los nazis.

Su educación estuvo a cargo de diferentes internados financia- dos por sus parientes y en la adolescencia experimentó la muerte de una de sus hermanas, cuñado y sobrinos en un accidente aéreo. Ante los hechos, no es de extrañar que muy joven se entregara por completo a la Real Academia Naval de Dartmouth.

Fue precisamente su decisión de convertirse en cadete lo que lo llevó a conocer a la mujer que le cambiaría la vida, un 22 de julio de 1939. Isabel tenía solo 13 años y los biógrafos coinciden en que fue amor a primera vista, por lo menos por parte de ella. Felipe era un príncipe pobre, sí, pero también era alto, atlético y seductor. Y si él se enamoró de la pequeña Lilibet de 13 años, es un secreto que se llevará a la tumba.

El amor triunfó para ambos. El joven solitario renunció a sus títulos para seguir los pasos de la futura reina, algo que no fue fácil. Adaptarse a su nuevo estatus significaba cambiar los paradigmas de un hombre rompedor, independiente e inteligente, que había vivido en carne propia los cambios que amenazan a la vieja institución de la monarquía.

Su destino y el amor le dieron un giro rotundo a la vida que conocía. El 20 de noviembre de 1947 Isabel y Felipe se casaron, pero la tragedia volvía a poner al príncipe griego en jaque. En 1953 su mujer asumió el trono tras la repentina muerte de su padre el rey Jorge VI y, con la corona puesta, él quedaba relegado a la sombra de la nueva reina de Inglaterra. A partir de entonces, algo se rompió entre ellos para siempre. Y es que en una época en la que los hombres lideraban el mundo, él perdió los pocos títulos que tenía, su apellido (Mountbatten), orgullo y carácter, y se convirtió en el único hombre de Inglaterra que no daría el apellido de su familia a sus hijos. Fue ahí cuando pronunció una de las frases jamás olvidadas del duque: “¡No soy más que una maldita ameba!”. Lo único que tenía claro era dónde tenía que pararse.

DE DIANA A MEGHAN

Tobias Menzies, el actor encargado de interpretarlo en The Crown, confesó en una entrevista a Vanity Fair que “al ver a este tipo de macho alfa, alguien a quien le gusta estar ocupado e influir en las cosas, desempeñar este papel extraño y en gran parte ceremonial en el que es el segundo después de su esposa –y realmente no tiene mucho que hacer todos los días–, puedes ver en él que le irrita, y no necesariamente lo encuentra cómodo”. Quizás por esa incomodidad fue el propio Felipe quien encontró una forma de conectarse con la princesa Diana.

El programa francés Secrets d’histoire, en el que analizan con rigor la vida de personajes históricos, asegura que el príncipe estaba muy pendiente de la que fuera su nuera. “Al ver que la situación se deterioraba desde el nacimiento de los príncipes William y Harry, Felipe no dudó en mediar con su nuera para resolver la situación”, explicó el programa. “Durante mucho tiempo, le envió cartas largas y afectuosas, en las que le dio consejos. Entendió la dificultad que ella tenía. Él mismo sabía, mejor que nadie, la dificultad que tiene integrarse en una familia así”, comenta un historiador en el programa.

Las cartas fueron enviadas entre junio y septiembre de 1992. En la primera de ellas, Diana agradece a Felipe su intención de ayudar. Express reveló también parte de las palabras del príncipe a Diana. “Es estúpido que un hombre con el estatus de Carlos arriesgue todo por Camilla”, se lamentaba.

Es de conocimiento popular la vaga y fría relación del duque con su hijo Carlos, la cual también se ve reflejada en esas cartas. Muy diferente a la que sostiene con su hija, la princesa Ana. Para los expertos, el duque se ve reflejado en ella, y no así en el heredero, a quien considera demasiado sentimental. Al respecto, Carlos reveló alguna vez que el máximo acto de cariño que recuerda de sus padres era un apretón de manos.

Pero, una vez más, la contradictoria personalidad del príncipe consorte intrigaba a los medios. Más aún luego de la sorpresiva vi- sita del príncipe Carlos a su padre en el hospital, tras una de sus últimas intervenciones quirúrgicas. Dickie Arbiter, secretario de prensa de la reina entre 1988 y 2000, comentó que el duque estaba preocupado por el futuro de la familia real. “Quería aclarar algunas cosas. El hombre tiene 99 años, tiene una infección… Supongo que saldrá, se marchará y volverá a Windsor. Pero existe la posibilidad de que muera y creo que tan solo deseaba decirle a Carlos: ‘algún día serás el protagonista de la familia’”.

Con las cartas a Diana como antecedente, Meghan Markle podría haber encontrado en el abuelo de Harry un apoyo dentro del palacio. Sin embargo, la biografía Prince Philip revealed. A man of his century, escrita por Ingrid Seward, revela lo contrario. La experta en la familia real británica no solo confirma la decepción del príncipe consorte, sino también asegura que “Felipe simplemente no entiende por qué Meghan no pudo apoyar a Harry, en lugar de querer tener una voz”, ya que él dejó todo por Isabel II.

Pero también existe otra razón que explicaría su predisposición ante la esposa de su nieto. “Uno sale con actrices, no se casa con ellas”, le dijo a Harry, según informó una fuente real. Palabras que llaman la atención, debido al pasado amoroso del joven cadete antes de comprometerse con Isabel II. Y es que se enamoró de una actriz estadounidense. Según cuenta el experto en realeza Philip Eade, en una visita a Venecia en 1938 conoció a Cobina Wright, una modelo, cantante y actriz. Cobina y Felipe se hicieron inseparables, pero la artista regresó a Estados Unidos para continuar con su carrera y eso lo dejó devastado. Hizo de todo para casarse con ella, incluso cruzar el Atlántico. Sin embargo, la actriz no compartía los mismos sentimientos.

El marido de la reina de Inglaterra podría haber tenido una historia de amor de película, pero obtuvo un rechazo. Y quizás por eso no alentó a su nieto en la relación con su actual esposa.

En junio próximo el príncipe Felipe cumpliría 100 años, y si bien el palacio ya estaba pensando en los preparativos, el festejado no tenía intención alguna. “Digamos que tenemos un celebrante bastante reacio. Y no puedes hacer algo por alguien si ese alguien no quiere que se haga”, comentó la encargada de prensa de The Telegraph que habló con la Corona al respecto hace un par de semanas.

Y es que en los últimos años el duque de Edimburgo disfrutaba de su vida tranquila desde que abandonó su papel institucional en 2017 y no tenía intención de volver a convertirse en el centro de atención. Un hombre que asumió que tenía que caminar tres pasos atrás de su mujer y que siempre vivió una lucha interna y eterna entre su pasado más íntimo y su vida en el palacio.

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