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Moda

El viaje de Munay Sisters

Por equipo velvet | 19 noviembre 2020

Hace cinco años, dos gemelas viajaron a Nueva Zelandia con la intención de encontrar inspiración para formar un proyecto juntas. En la isla descubrieron el valor de lo local y la importancia de cuidar el medioambiente, intereses que dieron forma a Munay Sisters, marca de vestuario sustentable chilena que tiene entre sus clientas a la it girl Marina Testino.

Por Beatriz O’Brien
Fotos Carlos Ortega
Maquillaje y pelo Julio Olguín Modelo Yulia Kravchuk de Elite

Después de titularse, las gemelas Loreto y PIía Leiva se radicaron con la visa Working Holiday en Nueva Zelandia para aprender inglés y juntar plata para un proyecto creativo que no tenían definido. Loreto empezó a trabajar como vendedora en una boutique de moda y Pía como barista de restaurantes y cafés.

Iban juntando plata y aprendiendo el idioma. Todo muy bien hasta que, durante su segundo año en la isla, explotó la cocina del café donde Pía trabajaba y se quemó la cara, el cuello y el brazo izquierdo. «Tenía una recuperación de tres meses en reposo, así que me compré un computador para diseñar y armar un proyecto que se transformó en Munay Sisters«, cuenta Pía, directora creativa de la marca.

«Desde el inicio queríamos que la marca tuviera un compromiso con el medio ambiente y el bienestar de las personas. Nosotras sentimos que la moda debería reflejar responsabilidad, transparencia y respeto2, complementa Loreto, encargada de las relaciones públicas y las ventas.

Beatriz O’Brien, socióloga especializada en consumo de moda y miembro de la organización mundial Fashion Revolution, conversó con ellas sobre cómo hacer ropa sin abandonar un compromiso con la naturaleza y cómo podemos volver a tener una fuerte industria textil local.

–Munay Sisters ha priorizado una relación de respeto y cuidado con el medioambiente. ¿Cómo se refleja en sus colecciones?

–Nuestro proceso de diseño comienza con los materiales que tenemos a nuestro alcance; telas orgánicas certificadas, para así asegurarnos de que en el proceso de obtención, elaboración y diseño de las telas no existen químicos nocivos para la salud de las personas y el medioambiente. Además reutilizamos telas históricas de origen nacional y que son unas joyas, como las de Bellavista Oveja Tomé, una fábrica que durante los años 50 y 60 era catalogada como la lana de mejor calidad del continente.

–En la década de 1960, Chile vivía el apogeo de su industria textil. Los diseñadores nacionales mostraban una identidad cultural local y los chilenos vestían con orgullo prendas ciento por ciento fabricadas en nuestro país. Hoy, nuestra oferta de vestuario es de menor calidad y proviene de mercados lejanos. ¿Podemos tomar elementos del pasado para reimaginar una nueva industria de la moda en nuestro país?

– La historia nos ayuda a aprender del pasado. Si queremos construir un futuro que nos represente, tenemos que discutir qué fue lo que se hizo bien y mal, y trabajar sobre eso. Haber tenido una industria tan importante en los años 60 significa que podemos volver a tener un espacio relevante dentro de la sociedad, con el apoyo de políticas públicas para integrar tecnología e innovación. Así podremos repensar un nuevo sistema de moda nacional en el cual podamos trabajar de forma interdisciplinaria para construir nuestra identidad de la mano de los artesanos; aprender a trabajar de manera colaborativa y así, con bases sólidas, educar a las futuras generaciones. Nuestra historia nos ha enseñado que el trabajo de manera individual no es el camino a seguir, los sistemas piramidales o jerárquicos están en decadencia.

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