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Una forma sustentable de habitar

Por Francisca Olivares | 19 septiembre 2020

Desde Bali e inspirado en el habitar que viene después de la experiencia dada por la pandemia de Covid-19, este arquitecto chileno experto en el uso del bambú –especialmente en hoteles, mobiliarios y joyería–, aboga por una arquitectura humana. ¿Su inspiración? La naturaleza.

En este tiempo de Covid-19, en el estudio del arquitecto Pablo Luna se pusieron a imaginar lo que será el nuevo vivir, visualizando la arquitectura como una oportunidad de balance al dinamismo de hoy. “A esa velocidad que te desestabiliza”, dice Luna, quien desde hace unos cuatro años vive en Bali, en una casa que da a un campo de arroz, y donde se dedica al trabajo con bambú, tanto en arquitectura (con hoteles en Bali y en Costa Rica) como en mobiliario, objetos y joyería.

Su estilo de vida y proyectos están basados en la sustentabilidad, y para el habitar que se viene ha encontrado una respuesta en la naturaleza: “Es una oportunidad de diseñar hogares que viven en movimiento y se adecúan al mismo; un atajo para bajar la velocidad de todo lo que nos rodea”.

¿Cómo es el proceso? “Cada diseño se inspira en un elemento de las selvas y playas de Bali. Una ola, una flor, un hongo, son algunas de las propuestas. Pero la pregunta es siempre: ¿Qué se debe hacer hoy? ¿Cuál es la responsabilidad del arquitecto frente a la esfera pública más grande?”, agrega.

Hoy para Pablo y su equipo, el objetivo es mostrar una hoja de ruta distinta, con referencia al conocimiento del mundo vegetal y la cercanía y belleza que se presenta en su encuentro. “Hoy estamos con artesanos, arquitectos, joyeros y sastres dedicados a la constante experimentación, lo que nos ha llevado a imaginar este nuevo vivir como grupo humano. La inspiración viene del volver a lo simple, a trabajar con estas plantas abundantes que nos rodean de una manera cariñosa y sencilla. Imaginar es el primer paso para poder diseñar. La invitación es a mirarnos a nosotros mismos a los ojos. Para mí, el bambú es una linda excusa para recordarme a estar presente con los pies en la tierra, tocando y sintiendo todo esto que es tan bello”.

A la fecha, ya tienen 11 propuestas y todos son diseños que han trabajado en su taller y que pronto saldrán a la venta. Además han puesto mucho énfasis en las técnicas de unión y los materiales que acompañan al bambú, ya sea biopegamento, madera o cobre.

–Ahondemos un poco más en la sustentabilidad. ¿Qué término prefieres, arquitectura verde, arquitectura consciente o eco arquitectura? ¿O te parecen bien los tres?

–Me parecen lindos nombres para una campaña de marketing, pero ninguno convence. La palabra “consciente” en este contexto implica una jerarquía moral y filosófica entre estructuras; la palabra “eco” deriva de la palabra ecología, que es la relación del ser humano con el medio, es decir, toda relación física y química, ya sea en Bali o Chernóbil es “eco”, y la frase “arquitectura verde” nos invita a entender la sustentabilidad del espacio desde un color de la naturaleza, dejando de lado los colores económicos, sociales, tecnológicos que permiten el desarrollo del arte arquitectónico. Si pudiese elegir el nombre sería arquitectura humana.

–¿Cuál es el mayor desafío para esta arquitectura relacionada a lo sustentable?

–Crear un futuro próspero para sus habitantes y para el entorno que lo conforma en el corto y largo plazo. Desde lo económico, es el balance entre los costes que supone una construcción a la persona y al medioambiente, en relación a los beneficios que procura. En el plano social, la arquitectura sustentable es aquella que favorece una buena armonía interior, convivencia y relación con el exterior. Desde la perspectiva del medioambiente, la arquitectura sustentable es aquella que no requiere mucho gasto energético para su construcción, ni para calentarse en invierno o para enfriarse en verano. Es un desafío complejo, con múltiples aristas a evaluar, que requiere una mirada abierta, humilde y sensata. Para mí, el error es creer que el foco está en un punto, olvidándonos de que son todos vasos comunicantes y necesitan ser evaluados desde su contexto geográfico, político y cultural.

–¿Qué es lo que más destacas del bambú como material constructivo y decorativo?

–El bambú es un material que te enamora. Es muy difícil hacer algo feo con un material tan lindo, casi no se puede. En cuanto a material constructivo puedes crear espacios que desafían la imaginación debido a su flexibilidad y versatilidad. Desde el punto de vista decorativo, hoy destacan sus muebles, arte, papelería y joyas. No hay dos piezas que sean iguales y existen más de 1.500 especies. Estamos hablando de un pasto que solo se demora cuatro años en crecer y que, cada vez que se corta una vara, nace otra en su lugar. Mi invitación, con nuestra línea de joyas y muebles, es que todos puedan sentir y vivir bambú. También es una experiencia arquitectónica difícil de comparar, ya que el bambú está vivo, respira, se expande y contrae, pronto lo veremos más y más en Chile.

–¿Cuáles son las cualidades estructurales del bambú?

–El bambú es una hierba extremadamente versátil, que no sigue las convenciones de los últimos milenios de arquitectura y construcción, debido principalmente a su forma, que es redonda, hueca y cónica. Como material constructivo tiene la misma fuerza de tensión que el acero, y su fuerza de compresión también es muy alta. Se puede combinar con un sinfín de materiales, e inclusive hoy en Hong Kong se usa para andamios en sus edificios más altos. El gran desafío estructural del bambú es poder mantener estas funciones en climas fríos y templados.

–¿Crees que el uso del bambú será más que una tendencia arquitectónica?

–Sí, estoy seguro. El bambú ya es un material relevante para muchas ciudades emergentes en el Sudeste Asiático y Sudamérica, lo que se refleja en hoteles, instalaciones y escuelas privadas alternativas de alto nivel. Los códigos de construcción actuales exigen una actualización inmediata y necesaria. Dicho esto, muchos países, como España, Indonesia y México, están comenzando a darse cuenta del potencial del bambú como material de construcción y se están beneficiando enormemente al hacerlo, tanto estética como económicamente. En lo personal, estoy muy agradecido de poder vivir todo esto desde Bali, donde la innovación en técnicas de construcción y tratamiento del bambú es cada vez mayor, lo que está convirtiendo a la isla en un destino global para la experimentación y desarrollo de plataformas creativas en esta cultura contemporánea del bambú.

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