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¿Quién es Paula Daza, el polo opuesto a Mañalich?

Por Lenka Carvallo | 29 mayo 2020

Su talento está en aportar todo lo que el ministro no es y que ella no teme demostrar. “Aunque ojo, que tengo mi carácter”, me dijo cuando la entrevisté hace algunos días...

Pausada, cordial, cercana, la subsecretaria de Salud, Paula Daza, está muy lejos del estilo confrontacional que caracteriza Jaime Mañalich

Es, pienso, algo así como la mamá; aquella que pone la cuota de amabilidad, el llamado ‘factor humano’, ante un padre autoritario, mal genio, que golpea la mesa y reta cuando algo no le parece.

Si seguimos con este triángulo, Arturo Zúñiga, el subsecretario de redes asistenciales, vendría siendo el “hijo”, uno que admira y teme al padre, que no quiere defraudarlo en su misión de la cual también es parte. Tal como lo vemos hoy, mientras pelea desde su cuarentena preventiva por ampliar el cada vez más estrecho margen que nos separa del límite de la ocupación de camas, y de ahí al inminente colapso hospitalario.

El éxito o el fracaso depende de los tres extremos de un tenso triángulo. Uno donde la subsecretaria Paula Daza pone la cuota de serenidad.

No es difícil imaginar las reuniones. El rostro severo, preocupado de Mañalich. A Zúñiga cada vez más nervioso mientras da cuenta de la compleja realidad hospitalaria, al borde del derrumbe total. Y la mesura de Daza, imponiendo algo que sólo las mujeres tenemos y somos capaces de demostrar: la empatía para visibilizar a los seres humanos que hay detrás de las estrategias y las cifras. Las vidas que subsisten en la tragedia.

Su talento está en aportar todo lo que Mañalich no es y que ella no teme demostrar. “Aunque ojo, que tengo mi carácter”, me dijo  la subsecretaria cuando la entrevisté hace algunos días para el diario La Segunda.  

Médico pediatra de la Universidad de Chile, casada dos veces, madre de tres hijos, con vínculos en RN como la autora de los programas de salud en la candidatura presidencial de Andrés Allamand y Evelyn Matthei, la mujer de los ojos cansados, reconoció: “Soy partidaria de escuchar, de dialogar. Tenemos que aprender a ser humildes en estos momentos. Aquí todos estamos aprendiendo”.  Pareció casi como un tirón de orejas al estilo de Mañalich, quien hasta hace poco se ufanaba de tener todo bajo control, cuando afirmaba que nuestro país era el mejor de la región en cuanto al manejo de la pandemia. Esta semana, lamentablemente, el titular de Salud admitió que todo su sistema de predicciones “había caído como un castillo de naipes”. 

¿Fue un desacierto?, le pregunté a Daza sobre el que ha sido su peor bochorno, cuando llamó a salir a tomar café con amigos, en los días en que el gobierno declaraba una “nueva normalidad”, que pronto pasó a ser “retorno seguro” y que terminó siendo el peor de los errores, asociado a un alarmante aumento en  las cifras de contagios. 

Ella admitió: “No fui lo suficientemente clara. Lo que quise decir es que, así como ya no nos podemos saludar de beso o abrazo, de que deberemos acostumbrarnos a andar con mascarillas, cada vez que vayamos a tomar un café, tendrá que ser con distanciamiento social. Habrá un antes y  un después del coronavirus y, por lo tanto, tendremos que vivir de una manera distinta. Tampoco me gusta mucho el café, lo reconozco. Prefiero el té”.

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