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Vida de balcón: «Aquí los aplausos son fuertes, intensos y con cariño»

Por Francisca Olivares | 13 mayo 2020

El testimonio de Rafael Rivera.

En esta nueva normalidad dada por la pandemia del Covid-19, nuestras vidas se han vuelto hacia el interior de nuestros hogares. Sin tener la posibilidad de visitar a la familia, salir a trabajar, hacer ejercicio ni caminar libremente, las ventanas hacia la calle, y especialmente los balcones, se han convertido en la única conexión con el mundo exterior. Vecinos que antes no se saludaban y hoy se organizan para hacer las compras o repartir tareas, desconocidos que sonríen con una copa en la mano dos terrazas más abajo y se convierten en inesperados compañeros de cuarentena, músicos que regalan su arte desde una azotea, chefs autodidactas que comparten el menú con sus compañeros de piso. Aquí, las historias de cinco departamentos –y sus integrantes– que resumen cómo la pandemia ha transformado la relación con los vecinos.

RAFAEL RIVERA: «Aquí los aplausos son fuertes, intensos y con cariño»

Providencia es una comuna que al iluminador Rivera siempre le ha fascinado por su calma, vida de barrio y conexión. Por eso, cuando tuvo la opción de elegir su departamento, en pleno Ricardo Lyon, no lo dudó; y en él ya lleva más de 10 años. Un espacio que le fascina, pero que, sobre todo, quiere. Donde siempre se ha sentido a gusto, especialmente en su terraza, en la que puede mirar los estéticos y controvertidos plátanos orientales de la avenida que lleva el nombre de quien fuera el dueño de ese terreno, loteado en 1920 y que era parte de la Chacra Los Leones.

Sin embargo, Rafael nunca había estado tanto tiempo en su departamento. Hasta diciembre pasado, compartía oficina con unos arquitectos y hacía clases presenciales (taller) en la Escuela de Diseño del DuocUC. Además, cada vez que podía, viajaba a su campo en Talca, donde desarrolla proyectos de diseño e iluminación. Bueno, tras la cuarentena total decretada, a fines de marzo, para las comunas de Providencia, la suya; Vitacura, Lo Barnechea, Las Condes, Ñuñoa e Independencia, como tantos otros, no tuvo más opción que adaptarse a un nuevo estilo de vida. Eso sí, su terraza (o balcón, como a estas alturas ya se
le dice tras el fenómeno de España) ha sido su nexo con el paisaje; y con esos otros que, por tanto, tiempo, ni siquiera había observado con detención.

También tuvo que hacer que su espacio de 50 metros cuadrados, fuera perfecto para vivir y trabajar a la vez. Si el día está con sol, su terraza ha pasado a ser su oficina. La disfruta mucho. Es ahí donde se organiza, dibuja y programa las clases que ahora está haciendo en el DuocUC a través de una plataforma digital.

El “ítem familia” es lo que más lo ha afectado, ya que no la ha visto por vivir en otras comunas que han tenido cuarentenas totales. A sus padres, que son parte de la población de riesgo, no quiere verlos bajo ningún punto de vista, no quiere imaginar la posibilidad de ser él quien pueda contagiarlos. A sus hermanos los vería feliz –con mascarillas, obviamente–, pero tienen muchos niños, y, aunque los adora, prefiere compartir con ellos por Zoom, o a través de las constantes llamadas que se hacen el día.

Lo que sí le ha dado buenos momentos, ha sido la insospechada vida que tomó su edificio. Como a él lo que más le gusta es caminar, ahora “descubrió” la caja escala de su edificio y, con tenida deportiva, audífonos y mascarilla, la sube y baja unas cuatro veces al día.

También hay un WhatsApp comunitario donde destaca el espíritu colaborativo y con “mucha buena onda” de quienes viven ahí. Cuenta que rápidamente se pusieron de acuerdo para ver quiénes se harían cargo de la conserjería, el aseo de los pasillos y los ascensores. Sin pensarlo dos veces, se propuso para limpiar su piso, una tarea que emprende todos los días a la hora que él estime conveniente. Además, como si fuera una mini ciudad, los vecinos han comenzado a ofrecer sus emprendimientos, donde venden huevos, frutas y otros. La pionera fue una joven que ofreció su servicio de almuerzos veganos. Como Rafael no sabía cocinar, fue uno de los primeros en inscribirse y, al día siguiente, se vio tocando un timbre para recibir una exquisita hamburguesa de lentejas (nunca había probado una) con puré de betarragas. Esa preparación la disfrutó en su terraza, con una copa de vino, mirando a otros que hacían lo mismo en el edificio del lado. Días después, decidió aventurarse en la cocina, y con un tutorial de Youtube, logró un pollo asado que jamás habría imaginado cocinar.

¿Qué es lo más especial de estos días? “Encontrarme y estar conmigo”, dice por Facetime. “Cuando uno vive solo, agrega”, sale mucho y ahora he tenido que ocupar mis ollas. También me siento en mi terraza y me pongo de acuerdo para comer con mi vecina, que está en la suya. He descubierto gente divertida y a otra que veo de lejos, con sus rutinas. Si hacen yoga, si tienen perro… También nunca pensé que llegaríamos a emocionarnos todos juntos a las 9 de la noche. Aquí los aplausos son fuertes, intensos y con cariño”

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