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«Esta es la crisis más grande que nos ha tocado como generación»

Por Lenka Carvallo | 11 mayo 2020

Alejandra Mustakis habla sobre el futuro incierto de las pymes.

La presidenta de la Asociación de Emprendedores reconoce, eso sí, que la pandemia la encontró bien parada, “y muy bien acompañada también”, comenta en relación a su pololo, un médico cirujano. “Hoy cada uno está concentrado en su respectiva ‘primera línea’”.

“Este es el momento más desafiante que me ha tocado en la vida”, sostiene Alejandra Mustakis desde el otro lado de la pantalla, cuando –al cierre de esta edición– el encierro obligatorio la tenía en un reto por partida doble: quedarse por fin sin entrar y salir de su casa (es una declarada hiperkinética). Así como, desde su rol como presidenta de la Asech, dar el alma por defender al sector del emprendimiento, básicamente pequeñas y medianas empresas, hoy en riesgo de desaparecer debido a la mayor crisis sanitaria, económica y social de los últimos 100 años.

“Me ha afectado desde el punto de vista emocional; por un lado, porque las dimensiones de esta crisis son tan grandes que son imposibles de medir y, segundo, porque tampoco sabemos bien a qué nos estamos enfrentando, cuál es su magnitud, cuánto irá a durar, cuántas empresas van a desaparecer. Veo sufrimiento y desesperación en muchísimas pymes y emprendedores, gente que lo ha arriesgado todo. Tengo que estar a la altura y eso me angustia…”.

Eso sí, tras una pausa, agrega:

“Por suerte me pilló bien parada, muy bien acompañada también”, dice por su pololo, un médico cirujano. “Hoy cada uno está concentrado en su respectiva ‘primera línea’”.

–Y en cuarentenas separadas.

–Estamos en nuestras casas, él con sus hijos y yo con los míos… Es un momento para encerrarse y es un bonito pololeo a la distancia, una aventura simpática. La idea es tratar de echarse tanto de menos que después el encuentro sea alucinante.

Con la pantalla de su computador dividida al máximo, a través de reuniones virtuales extensas e imparables, con el celular funcionando desde las siete de la mañana hasta la una de la madrugada, con la infaltable Coca-Cola bien helada sobre el escritorio y una copa de espumante –para lograr dormir– de noche, Mustakis no ha parado.

El 9 de abril fue parte de un logro jamás visto. Esto con el anuncio –por parte del ministro de Hacienda, Ignacio Briones y el presidente de la República– del llamado “Crédito Covid-19”, un paquete económico de nada menos que de 24 mil millones de dólares; una cifra nunca antes otorgada, que inyectará por un lapso de 90 días el dinero equivalente a un mes de ventas –claro que antes del estallido social– con un crédito a tasa cero, a pagar en un máximo de 48 meses, con seis meses de gracia.

“Es inédito –comenta ella–. Era lo que veníamos pidiendo. Bien por las autoridades y también por los bancos que se comprometieron. Ahora les toca cumplir tal cual lo que prometieron”.

Toma un poco de bebida y muy seria dice: “No nos olvidemos que en el estallido social gran parte de la rabia era porque muchas veces lo que se promete después no se realiza. El hacer es el nuevo decir, y la gente va a confiar por las acciones más que por las palabras. Ahora, si alguien cree que esta ayuda vendrá a solucionar totalmente los problemas de los emprendedores, se equivoca: aquí todos vamos a perder. Ni con una billetera sin fondos se podrá ayudar a tantos. De hecho, más del 60 por ciento de las pymes no tiene acceso formal a la banca; viven ‘al día’ y ellas también necesitan acceder a esta línea de crédito”.

–Aun así, se trata de medidas que en la Asech estaban pidiendo desde hace mucho rato, desde el estallido social. ¿Qué le parece que recién ahora se les venga a prestar oxígeno cuando ya se sabe que muchas empresas morirán?

–Es un gran dolor. Si el gobierno, los bancos, las AFP o los grandes empresarios nos hubiesen escuchado antes, cuando les pedíamos a gritos ayuda, los efectos globales de la pandemia no nos habrían pillado en el más completo desamparo… Piensa que Estados Unidos o China estaban en el mejor ciclo económico de su historia cuando los pilló la pandemia. Nosotros en cambio, veníamos del estallido…

Peso a ello, entre el gris panorama, hay algunos rayos de luz: el buen momento de algunos emprendedores tecnológicos, que han logrado destacar gracias a su ingenio y creatividad, aportando a través de la tecnología y plataformas digitales. También entre los que vieron la oportunidad de reconvertir sus negocios y apoyar con la confección de mascarillas, protectores faciales y vestimenta para la primera línea de la salud pública.

“Hay un rostro distinto de la crisis que ha demostrado que hay emprendedores de gran talento e ingenio, capaces de resolver necesidades reales mediante iniciativas hermosas”.

“NOS NECESITAMOS A TODOS: A LOS JÓVENES Y A LOS VIEJOS”

Directora de la Fundación Mustakis (que creó en honor a su padre, el empresario Constantino Mustakis), menciona como ejemplo el trabajo de un grupo de emprendedores de Santiago, Temuco y Puerto Montt, quienes a través de tecnología 3D, proveen de 1.500 mascarillas protectoras semanales a los Cesfam de La Pintana y Las Condes, a hospitales en Temuco, Puerto Montt y La Florida, además del Roberto del Río en Santiago.

También destaca el Vacunatorio Móvil. Creado por los emprendedores Andrés Álamo (SmartCargo) y Manuel Matta (Antüenergía). Un triciclo eléctrico para asistencia a domicilio, con capacidad para transportar 300 vacunas y una autonomía de 140 kilómetros. La moto es manejada por una persona, que, al mismo tiempo, es quien realiza la vacunación.

La propia Alejandra llama la atención como una empresaria ligada al ámbito tecnológico; diseñadora industrial, ha sido una de las principales impulsoras del emprendimiento en nuestro país como fundadora de Kauel (software e inteligencia artificial); el cowork Santiago Makerspace e IF, uno de los centros de emprendimiento e innovación más importantes de Chile.

“Mis hijos se criaron con esta mamá que hacía innovaciones tecnológicas y que armaba robots en el living de la casa. Creían que todas las mamás se dedicaban a lo mismo”, ríe.

–Sin embargo, otra de sus empresas (Medular, de confección de muebles) muestra la otra cara de la moneda en esta crisis.

–Sí, y me pregunto, ¿podré vender muebles el próximo mes? Y, si no lo logro, ¿cuánto podré aguantar: uno, dos o tres meses? Esa es la gran incertidumbre que tenemos todos los emprendedores.

–Es fuerte escucharla, considerando que siempre ha sido una mujer optimista…

–Este es el momento más difícil que me ha tocado enfrentar; me cuesta ser positiva…

–¿Cuál es su recomendación para aquellas personas que pasan por momentos difíciles?

–Que busquen apoyo, contención y cariño, porque se vienen momentos duros, donde los afectos y las redes serán fundamentales. Los que tengan equipos que hagan como cuando uno tiene dificultades dentro de su familia –porque eso son– y los llamen a ser parte de la solución; mostrarles los números, cómo se han ido cayendo los clientes, cómo va la caja del banco, que sepan que no hay plata. Entre todos debemos ser empáticos y buscar una solución. Como ciudadanos, también tenemos que ponernos en el lugar de aquel que perdió su trabajo. Más que ayudar monetariamente, que es crucial, hoy lo importante es cómo nos acompañamos en momentos difíciles. Los que saben que recibirán su sueldo a fin de mes, que se pongan en los zapatos de aquellos cuyas familias hoy se encuentran en la incertidumbre. Hoy la banca, la gran empresa, ministros y parlamentarios deben poner diez veces más de su parte sobre la mesa.

Agrega:

–Esta es la crisis más grande que nos ha tocado como generación. Y la pregunta que todos debemos plantearnos es: ¿qué estoy haciendo para aportar al país para que podamos salir de esto? Sobre todo los que hemos tenido más oportunidades, que contamos con más recursos para aguantar y ayudar. En lo personal, encuentro que es poco lo que hago y eso me angustia.

–Algunos piensan que será precisamente su generación la que rescatará a nuestro país de la crisis.

–Seguramente; los códigos que traen los más jóvenes son distintos; más cercanos al mundo digital, sin diferencias sociales o de género, donde el que manda ya no es el macho alfa. Imperan otros valores. Hemos logrado concretar nuestros sueños y pasiones. Encarnamos una generación de guerreros, donde no existe un solo un líder que tenga todas las respuestas. Aunque, ojo, es fácil caer en los estereoti- pos. Tampoco es que queramos imponernos como si fuéramos santos o personas intachables que pretendan dictar cátedra; no soy una santa ni quiero serlo, ¡no estoy ni cerca!. Aquí los necesitamos a todos: a los jóvenes y a los viejos.

Le da el trago final a su vaso de Coca-Cola y sentencia:

–En esta crisis, quienes entreguen, apoyen y acompañen serán los gana- dores del cariño y el respeto de la ciudadanía. Y al final, cuando esta tormenta pase, juzgaremos quiénes fueron los que pusieron a prueba su propia genero- sidad hacia su entorno y su comunidad, con entregas y gestos que de verdad duelan. Tengo la sensación de que probablemente esa será la enseñanza más radical que obtendremos como sociedad: medirnos en torno a lo que damos y no a lo que recibimos.

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