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«Uno puede elegir; esto se vive como una oportunidad, o una tragedia”

Por Francisca Olivares | 10 mayo 2020

Pilar Sordo y la pandemia del Covid-19

La psicóloga, conferencista y autora de best sellers, habla sobre cómo podemos transitar estos días de cuarentena. Dice que la flexibilidad es el gran desafío de esta difícil historia, por lo que llama a aplicar todos los días la palabra aceptación, que no es resginación. «Esto es un proceso de autoconocimiento, que hay que ir descubriéndolo hasta con alegría, con sentido del humor», dice.

Al igual que todos, Pilar Sordo –autora de “Viva la diferencia”, “No quiero crecer”, “Lecciones de seducción”– está viviendo su proceso en medio de la pandemia. Al principio estuvo tres días casi paralizada, viendo televisión, comiendo mucha “azúcar” y absorbiendo todo lo que se decía del Covid-19. Pero ese momento llegó a su fin cuando empezó a ser contactada por distintas redes de salud de América Latina, a las que entrega contención emocional, principalmente a través de videos. Además, sin la posibilidad de tener consultas presenciales, se tuvo que reinventar al aceptar por primera vez la posibilidad de atención online. Un mundo al que había sido reacia, pero que hoy la hace decir con una leve sonrisa: “Nunca digas nunca”.

A sus redes sociales, que son sumamente activas –Pilar Sordo en Facebook y @pilarsordooficial en Instagram), ahora sumó un canal de Youtube (Pilar Sordo Oficial), en el que no solo recopila mucho material de ella en la nube, sino que también entrega cápsulas diarias de contención sobre distintos temas. Algunos títulos: “No puedo para de comer”, “Esto me está empezando a gustar”, “Inequidad en la pandemia”, “Autocuidado y cuarentena” o “¿Qué vas a contar del coronavirus en el 2021?, por ejemplo.

La agenda de Pilar está copada, aunque el 70 por ciento de su trabajo actual es gratuito por estos días. Cuando tiene un momento libre, trata de practicar 45 minutos de zumba y algunas sentadillas. También, como regalo, intenta estar en silencio mientras ordena sus libros o saca la ropa que ya no necesita (que es parte de un proceso que está haciendo). Cada ciertos días se toma una copa de champaña con un picoteo; pero eso no es lo habitual porque constantemente está recibiendo llamados, por todas las plataformas que conocemos y tiene que estar más presente que nunca.

Cuando la pedimos esta entrevista –hecha por FaceTime– nos dijo que solo podía al domingo siguiente, equivalente al día 35 de su cuarentena. ¿La hora? A las 13.15. Después de una sesión de terapia con una paciente y de recibir el informe diario de salud mental de nuestro continente.

Ahora, ¿cómo han sido los días de cuarentena de Pilar Sordo? Sola y trabajando intensamente, pero también comunicándose mucho con su hija por videollamadas, con su hijo que cada tanto le muestra alguna hazaña gourmet desde su departamento, y hablando con sus padres lo más que puede. Eso sí, en ese contexto siempre está tratando de elegir, porque para ella solo hay dos caminos, o esto se vive como una oportunidad o como una tragedia. “Independientemente de las dificultades, de haberme quedado sin trabajo, de tener que reinventarme y etcétera, elegí vivir esto como una oportunidad”, aclara. “En eso he estado. Aprendiendo de mí. Ha sido una linda experiencia de vivir. La agradezco profundamente; con todo los altos lo bajos, los días buenos, los malos”, agrega.

–Para vivir estos momentos como una linda experiencia, quizás alguien pueda decir que no tiene tus herramientas y vea todo el panorama negro.

–Uno vive estas cosas de acuerdo a lo que le ha tocado vivir. Uno no se trasplanta con el coronavirus. Si yo he sido negativa siempre, también lo voy a ser con el coronavirus; si he sido positiva, lo voy a ser ahora. He tenido muchas experiencias dolorosas en mi vida, muy límites y muy difíciles. Donde muchas veces me ha tocado la decisión de ver las cosas como una oportunidad o como una tragedia, por lo tanto es una más. No siento que tenga habilidades especiales, sino que sobredosis de dolor; por lo tanto uno aprende a agradecer, a vivir con lo simple, a entender que uno es alumno permanente. La gente rígida es la que lo está peor en esto, la obsesiva, la que es poco flexible, que no entiende que esto es inestable per se y que hay días en que uno se quiere levantar, y otro que no. Por eso la flexibilidad es el gran desafío de esta historia. No se requieren talentos especiales, pero sí se enfrenta de acuerdo a como uno es.

–Se ha recordado mucho la historia que viviste con tu marido, quien murió hace unos diez años.

–La imagen que se me ha venido mucho en estos 35 días, es después del diagnóstico, cuando el doctor le dice que le quedan cuatro meses de vida (aunque fueron un poco más). Recuerdo que llegamos a la casa, entré al baño y tuve esa sensación de caerme al suelo de dolor, de ese llanto que uno siente que se salen los órganos. Cuando salí, haciendo un esfuerzo para que él no se diera cuenta que estaba llorando (después entendió que no debió ocultarlo), recuerdo mirarlo y haberme dicho: “Tengo dos opciones o vivo todos los días de estos supuestos cuatros meses como un regalo o los vivo como una condena a muerte, donde voy a sentir todos los días que me despido de él”. Opté por lo primero. Han pasado diez años y mirándolo en retrospectiva, por supuesto, que hubo días que no fueron así, pero la mayoría del tiempo la tomé como un regalo. Hoy esa disyuntiva también existe. De cómo uno vive esta experiencia desafiante, inesperada, que nos muestra lo pequeños que somos, que no podemos controlar. Uno puede elegir: vivir esto como una oportunidad o una tragedia.

–Aunque uno decida vivirlo como una oportunidad, ¿qué pasa cuando la ansiedad juega en contra, o uno está solo, extrañando a seres queridos que quizás viven en otro país, por ejemplo?

–Todos lo días hay que aplicar la palabra aceptación. Hay que repetirla y aceptar esa ansiedad. En algunos días se comerá azúcar como enferma, en otros se dormirá bien, en otros mal. Quizás uno se sentirá encerrado, pero es ahí donde yo creo mucho en el poder de las palabras. Si digo que estoy encerrada, lo que voy a experimentar es absolutamente distinto a si digo que estoy invitada a quedarme en mi casa para salvarle vidas a otros. En esto último la sensación de comodidad es muchísimo más grande, porque la palabra encierro hace que inmediatamente den ganas de salir. Es como cuando te piden un examen en ayunas y uno nunca ha tenido más ganas de tomar desayuno que ese día. Cómo uno formaliza, conceptualiza o define ciertas situaciones, es muy determinante.

–¿Qué pasa con los adultos mayores que pueden sentir que quizás se dé una especie de Arca de Noé en la que no cabemos todos?

–Corre lo mismo del principio, si tú eres una persona que ha trabajando en el presente, pudiste hablar de la muerte con tu familia, que no tiene deudas emocionales, que toda la gente que amas sabe que la amas, que sabes todos los que te aman a ti, que no tienes a nadie a quien pedirle perdón ni perdonar y has hablado de la muerte muchas veces con tu familia, evidentemente lo vas a vivir de manera distinta a alguien que nunca habló de la muerte, que siempre le tuvo miedo y que tiene 500 cosas pendientes con sus hijos porque, por ejemplo, no les ha dicho que los quiere. Esto no se vive distinto de acuerdo a cómo uno es o cómo uno ha resuelto los conflictos. El coronavirus nos está mostrando de forma brutal los conflictos no resueltos. Todas aquellas cosas que pensé que tenía superadas y que no lo están. Todas mis heridas, todas las cosas que tengo que trabajar, las decisiones que tengo que tomar, que de una manera u otra antes no había querido verlas. El coronavirus, simplemente, esta sacando a flote aquellas cosas que, en la locura de la vida en la que veníamos andando, no nos permitíamos ver.

–¿Cómo una persona apremiada por lo económico puede sacar fuerzas? Un ejemplo puede ser el caso un restaurante. Desde el dueño a los que trabajan con él, como los cocineros, el barman, los mozos, los proveedores…

–Las habilidades que las personas tengan para enfrentar ese tipo de situaciones no van a ser distintas a las que han tenido al enfrentar la enfermedad de un hijo o la muerte de un papá. Se van a poner en juego las habilidades de la gente para reinventarse, y aceptar. Para aprender a vivir con menos. Para cambiar prioridades, para pedir perdón y despedirse de esa gente. Yo estoy solamente trabajando para mantener mi estructura. Para no bajarle el sueldo a los que trabajan conmigo o no tener que despedir a nadie.

–¿Cuánta gente trabaja contigo?

–12 personas.

–Algo que se repite en muchas oficinas y emprendimientos.

–Son personas que dependen económicamente de mí para poder funcionar y estoy trabajando solo para ellos. Hay remedios que me he dejado de comprar porque prefiero privilegiar ese tema y me quiero dormir tranquila. Así le va a pasar, o le está pasando, a muchos. No tengo respaldo económico, porque además la gente supone que soy millonaria (ríe)… los prejuicios son maravillosos (vuelve a reír). Bueno, no tengo el respaldo para decir “me quedo un mes sin trabajar, me rasco la guata, hago gimnasia y me pongo fitness como está apareciendo en Instagram”. No tengo tiempo de nada. Me faltan horas del día, porque el 70 por ciento de lo que hago es ayuda gratuita y el resto del tiempo lo ocupo en generar los ingresos, que de forma muy austera estoy cobrando para tratar de mantener esta estructura. Este es un momento para perder plata, no para ganar; pero cómo yo enfrente esa situación va a depender de cómo he enfrentado otras en mi vida.

“Uno tiene que entrar en el concepto de aceptar, de desarrollar la paciencia, la gente paciente siempre es confiada, la gente impaciente siempre es desconfiada, por eso toca la bocina en los tacos, el que toca la bocina lo hace porque presupone que el de adelante es un tarado. Yo trabajo por desarrollar la paciencia, por respirar profundo, por tener la plena y absoluta conciencia que esto va a pasar, que no va a ser igual que antes y que tengo que aprender muchas cosas para poder vivir mucho mejor después de que esto pase. Creo que no nos invitaron solo a quedarnos en las casas físicas, creo que la gran invitación del virus es a meterse un poquito más adentro, a esa casa interna, que también quiere limpieza, desinfección y eliminar lo que no se necesita. A preguntarnos si soy feliz, si quiero estar con la pareja que estoy. Es el momento para hacernos esas grandes preguntas de la vida”.

LA ETAPA DEL MIEDO A SALIR

La palabra “aceptación” es una constante en su discurso, pero siempre aclara que no tiene nada que ver con la resignación. “Es una aceptación activa. Un trabajo cotidiano donde van apareciendo todas mis sombras, mis luces, donde si estoy con mi pareja van a salir las de él y las mías. Por lo tanto si en un día nos encontramos solo con las sombras va a ser un espanto, y cuando sea con las luces va a ser maravilloso. Pero esto es un proceso de autoconocimiento, que hay que ir descubriéndolo hasta con alegría, con sentido del humor. Uno se puede reír de las estupideces y de las contradicciones que uno va mostrando, ya sea si a uno le toca trabajar fuera de la casa, adentro o esté en aislamiento”.

Al hablar de las distintas reacciones de las personas, dice que en todas sus investigaciones, los cambios sociales se dividen en tres tercios.

Aplicándolo a la pandemia que estamos viviendo, sostiene que el primero está conformado por personas que no necesitaban el coronavirus, porque ya venían produciendo cambios internos, habían tomado decisiones, estaban necesitando menos cosas y lo que vino a decirles el coronavirus es que van por el camino correcto.

El segundo es el que nunca va a entender nada. “Como el señor que fue a comprar mariscos a Pichilemu, o la señora con coronavirus que salió a recorrer Santiago porque quería estirar las patas, textual. Esa gente no es que sea tarada ni nada por el estilo. Es gente que está muy asustada y la reacción para no asumir el miedo es desarrollar la omnipotencia, del no va a pasar nada”, agrega.

El último tercio es por el que ella trabaja todos los días: “Es el que tiene la gran oportunidad de moverse al tercio de mayor conciencia o bajar al miedo. Yo trabajo para que ellos se peguen el salto, para que al final de esta pandemia seamos dos tercios más conscientes frente a uno que no lo es”.

–En el caso de Chile, además de la pandemia, llevamos en el cuerpo el estallido social del 18 de octubre… ¿Cómo nos manejamos en este escenario?

–Antes de eso se viene un proceso mucho más complicado, que se va a empezar a vivir estas semanas en algunos países de América Latina. Se trata del miedo a salir. Así como nos dio miedo entrar, al ser invitados a salvar vidas, nos va a dar miedo salir. Hoy ya recibí 50 escritos de personas que tuvieron crisis de pánico al ir al supermercado. Nos va a dar miedo el contacto con la calle, entonces hay que aceptar que eso también es un proceso, donde claramente me puede dar miedo ver a alguien sin mascarilla o si vas a ver a tu mamá, como hoy me escribía una señora, te puede dar un ataque de llanto cuando la mires al balcón. Además, América Latina es el continente más emocional del mundo, por lo tanto a nosotros nos va a costar mucho más que a los orientales y europeos no tocarnos. Va a ser un aprendizaje muy difícil de ejecutar que va a requerir de todas nuestras habilidades emocionales, para que las pongamos al servicio del proceso de salida. Ahora, si hay o no un estallido social, va a depender de cómo el gobierno satisface las necesidades de hambre y de inestabilidad económica como consecuencia de esto. Si logran hacer un buen liderazgo social, no creo que un nuevo estallido tenga un nivel de resonancia tan mayor como el anterior. Igual van a haber focos. Desde los violentistas a los que con toda legitimidad consideran que hay derechos que no se han escuchado. Pero, va a depender mucho de cómo el gobierno trabaje esta situación de aquí en adelante.

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