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Amor y separación en tiempos del coronavirus

Por Lenka Carvallo | 09 abril 2020

Los que ya no se toleraban, aquellos que ya se odiaban mucho antes de que empezara la vida en cuarentena, muy probablemente lo primero que harán en cuanto se termine la tortura del confinamiento será llamar a un abogado y terminar de una buena vez con el matrimonio. China nos lleva la delantera.

“Amiga, estoy chata”.

En las conversaciones –por estos días telefónicas, vía WhatsAapp, videollamada, Zoom etc– siempre llega el punto de sinceramiento en que se revelan nuestras situaciones afectivas.

Quienes están con sus parejas a la distancia, es decir, en cuarentenas separadas, ya han tenido 3 semanas para darse cuenta de cuánto se echan de menos, si mucho, poco o nada… Ojo con un detalle en absoluto menor: quién echa más de menos a quién, o quién menos. Detalle absolutamente decidor de la “igualdad afectiva” dentro de la pareja.

Aquellos que mantenían un amante secreto, un tercero muy oculto en la agenda con los que solían verse con ardiente frecuencia, a estas alturas han podido perfectamente comprobar dónde se encauza con mayor fuerza el deseo… Comprobar incluso –y para su sorpresa– que aquello que alguna vez comenzó como una llamarada fulminante hoy toma visos de apego y puede que tal vez se haya transformado en algo que podría ser amor, llevándolos a cuestionarse si vale la pena seguir engañándose –y engañando a su pareja además–.

Para los que viven juntos pero sin niños, básicamente existen dos alternativas: los que van a querer seguir juntos y tal vez formar familia, casarse o firmar el Acuerdo de Vida en Común. Y, alternativa dos: los casos donde la cuarentena ha sido tan tortuosa o aburrida, que ante la constatación de que la vida es corta, con la pandemia acechando allá afuera, a cualquiera le puede tocar y que mejor que la muerte nos pille solos que en mala compañía.

Los que ya no se toleraban, aquellos que ya se odiaban mucho antes de que empezara la vida en cuarentena, muy probablemente lo primero que harán en cuanto se termine la tortura del confinamiento será llamar a un abogado y terminar de una buena vez con el matrimonio.

Aunque ojo que también está la posibilidad de reconciliarse, que el período de encierro y reflexión sirva para poner las cosas en la balanza y buscar una nueva oportunidad.

En fin. Si antes en Chile el clímax de separaciones y divorcios ocurría después de las vacaciones de verano, cuando ambos de tanto estar juntos una, dos, tres semanas eternas, hoy todo indica que será después de la cuarentena, la liberación dará paso a masivas solicitudes de divorcio y rupturas.

Ya de acuerdo al último reporte difundido por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), las causas por divorcio venían aumentando (de 59.635 a 63.752 entre 2017 y 2018, respectivamente) La medición de 2019 debiera mostrar una progresión similar. Y qué decir de este convulsionado 2020.

En China, donde nos llevan varios meses de delantera en cuanto a Covid-19, el fenómeno ha sido doble: mientras en Dazhou las solicitudes de divorcio se dispararon, con citas programadas desde el 24 de febrero, es decir, las decisiones se tomaron estando en pleno confinamiento. En Wuhan, donde comenzó la pandemia, las solicitudes de matrimonios aumentaron al punto de hacer colapsar la página del registro civil de la llamada Zona Cero, con un aumento del 300%.

Entre tanto negativismo y oscuridad, así como algunos deciden separar sus caminos, otros optan por iniciarlo juntos. Los que se echaron de menos y se hicieron falta, con mayor razón aún; los que se acompañaron desde la distancia, los que se cuidaron desde el teléfono, los que abrieron sus sentimientos y sus corazones sabiendo que podría no haber otra oportunidad. Los que perdonaron. Y los que se dieron cuenta de que sí: ¡son felices solos!

 

 

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