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Unidas somos poderosas

Por Lenka Carvallo | 09 marzo 2020

Si nuestra sociedad escuchara más a las mujeres, ¿cuántas cosas cambiarían? No habría tanta desigualdad, delincuencia e incluso tendríamos menos violencia. Podríamos conducir mejor que nadie la crisis social.

                                                                      Foto: Kata Ulloa  

 

Qué jornada gloriosa vivimos las mujeres este domingo 8 de marzo.

Temprano, pese al calor reinante, provistas de agua, pañuelos, anteojos (o antiparras) y mucho bloqueador, con un sol que ya antes de las 11 am (hora de la convocatoria) caía recto sobre nuestras cabezas, partimos con amigas, madres, hijas, compañeras de trabajo, con integrantes de grupos sociales, artísticos, culturales y feministas para vivir una jornada anunciada desde antes como pacífica. Y así fue, a pesar de que el temor llevó –con justa razón– a que fueran muchas las que optaron por quedarse en sus casas, pero que siguieron la marcha con el corazón.

Si bien no hay acuerdo en torno a cuántas fuimos, y hasta la propia vocera de gobierno discrepó en un matinal ante el cálculo entregado por Carabineros (que cifró en solo 150 mil personas versus 2 millones estimados por la coordinadora 8M) basta ver las imágenes que han acaparado portadas en el mundo, e inundado las redes sociales para entender que las mujeres unidas somos demasiado poderosas. ¡Y vaya que aperradas!

He llegado al convencimiento de que está precisamente en nuestra forma de hacer las cosas el camino para superar los complejos momentos que hoy vive nuestro país.

Si nuestra sociedad escuchara más a las mujeres, ¿cuántas cosas cambiarían? Seguro no habría tanta desigualdad, delincuencia y hasta violencia porque el modelo en que se ha construido nuestra sociedad ha sido el masculino.

Si algo hemos demostrado las mujeres siempre –en particular en estos días– es que unidas somos potentes y que tenemos una manera de distinta de hacer las cosas; que logramos unirnos ante un objetivo común, con sensatez, generosidad y no a través de la competencia, la imposición o los egos, como ocurre generalmente con los hombres. Ahí donde ellos golpean la mesa, las mujeres sabemos hacer equipo para construir con inteligencia, trabajo y paz.

La marcha de ayer fue la coronación de un momento histórico en lo político, luego de que el pasado jueves 5 de marzo parlamentarias de distintos partidos (del FA, el PC, PPD, PS y la DC, menos la UDI) lograran convertir en ley  –en una tensa jornada de votaciones en ambas cámaras donde el machismo estuvo siempre presente– el mecanismo que garantiza la posibilidad de que la nueva Constitución sea escrita de forma paritaria (50% y 50%) entre hombres y mujeres.

De ser elegido el apruebo con convención constituyente (100% elegida), Chile tendrá ni más ni menos que la primera constitución paritaria del mundo (¡sí, del mundo!).

Un triunfo equiparable al que se anotaron hace 70 años las sufragistas chilenas, al conseguir el voto universal obligatorio, lo que significó que nosotras hoy contemos con el mismo derecho a votar que los hombres. No nos olvidemos que en ese tiempo el riesgo era alto; que marchar o declararse feminista era equivalente a la locura, una insolencia atroz para con los hombres.

La marcha pacífica de ayer, con una impresionante convocatoria y que se entendió a lo largo de toda la jornada y donde los hechos de violencia fueron aislados –casi todos protagonizados por puros hombres– fue la confirmación definitiva de que las mujeres tenemos un rol indispensable en este proceso político, cultural y social clave para nuestro país. Legitimó el papel que desde la política y desde distintas organizaciones de abogadas, politólogas, artistas, educadoras, escritoras, artesanas, desde el trabajo y nuestros hogares tenemos las mujeres. Que el sentir es uno solo. Que el siglo XXI comienza a escribirse con nuestra letra, con nuestras vivencias, con nuestra mirada y voz.

El futuro será feminista porque es sinónimo de igualdad, de justicia, de unidad y paz. Porque esa dejó de ser una mala palabra, tal como durante tiempo lo instalaron los hombres bajo la amenaza de la muerte o la soledad. Ahora escribiremos una nueva historia.

Lenka Carvall0 en la marcha.

Foto: Lenka Carvallo.

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