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Cecilia Morel y el Coronavirus

Por Lenka Carvallo | 04 marzo 2020

Calificada como el “rostro humano” del gobierno, el “lado amable” del mandatario, qué sería de Piñera sin Morel. Y esta vez la Cecilia Morel rompió el silencio para salir nuevamente al rescate.

Debe ser una de las primeras dama con más sentido político y fortaleza comunicacional de las que se tenga memoria. Más que la señora Leonor, más que Luisa Durán o Marta Larraechea, aún cometiendo errores, Cecilia Morel ha marcado siempre una clara diferencia con sus predecesoras.

Por eso, que la Primera Dama guardara silencio desde acontecido el estallido y decidiera romperlo empezando marzo, se tomó los titulares tanto como la llegada del Coronavirus.

Calificada como el “rostro humano” del gobierno, el “lado amable” del mandatario (qué sería de Piñera sin Morel); figura respetada, cercana, creíble según las encuestas. La mujer que le pedía a su marido que no siguiera mostrando el papelito” cuando fueron rescatados los 33 mineros en 2010. La misma que a fines del primer gobierno de Piñera fue la figura mejor evaluada —lo que incluso llevó a que se hablara de una posible candidatura presidencial— rompió el silencio y dio la cara demostrando que hasta figuras como ella cometen errores y son capaces de reconocerlo.

Claramente no pidió perdón, pero habló del audio filtrado el fin de semana post 18 de octubre, cuando comparó su sorpresa por el estallido con “una invasión alienígena” y que el propio James Robinson, académico de la universidad de Chicago, autor del best seller mundial Por qué fracasan los países, criticó al calificarlo como un “indicativo de la brecha entre la élite y las masas chilenas” y que ahora ella lo asumió como un “desacierto”.

Cecilia Morel dio cuenta de los golpes —sobre todo los personales y familiares— que ha vivido en estos algo más de 4 meses, desde el 18 de octubre que lo cambió todo para los chilenos, en especial para los Piñera Morel.

Y le habló a dos de los grupos sociales más críticos y distantes por estos días, a quienes el gobierno intenta desesperadamente recuperar: la elite y las clases populares.

Por medio de Reportajes de El Mercurio del domingo, vestida de blanco, parada frente a una de las ventanas de su despacho en La Moneda, la Primera Dama declaró que “no está en juego el gobierno de una persona determinada sino la democracia”.

El lunes, esta vez desde su casa, entrevistada por Amaro Gómez Pablo para el matinal Bienvenidos, la Primera Dama se dirigió a un público masivo que se ha distanciado fuertemente del gobierno: los adultos mayores, madres y dueñas de casa, quienes en las encuestas son los que engrosan las muestras de rechazo; blanco del abandono político, la desigualdad económica y los abusos de todo tipo; el segmento que más apoyó las movilizaciones, pero que resultaron ser los más afectados por la violencia, perdiendo fuentes laborales o que aún tienen problemas para movilizarse.

“Aquí lo que molesta no es sólo la desigualdad económica sino la de trato. Yo trabajo con adultos mayores a quienes ni siquiera se les mira a los ojos”.

Defendió el programa de gobierno, con la importancia de la clase media emergente y habló de sus temores y anhelos. Reconoció que de haber pertenecido la clase media, probablemente habría salido a protestar “aunque hay modos de manifestarse y la violencia ensucia la demanda”.

La conversación marcó 10 puntos promedio y seguro marcó un peak cuando dijo: “Conozco bien a mi marido y en el último tiempo ha cambiado, ha estado más dispuesto a escuchar, se ha mostrado abierto a negociar con la oposición, ha hecho muchos llamados… Está más humilde”.

Se refirió al dolor de sus hijos y se emocionó cuando declaró que hoy todos los males de Chile se responsabilizan en la figura de su marido: “Es injusto; porque no se puede responsabilizar a una persona por todos los problemas acumulados por años de años. El más castigado ha sido él y eso por supuesto que afecta a mis hijos ¡porque es su papá! Nos hemos apañado mucho entre nosotros, vieras el whatsapp familiar”.

Y en cuanto a las acusaciones de violaciones a los DDHH, reconoció los graves errores cometidos por la policía “aunque no han sido sistemáticos”. Admitió que le daría un gran abrazo a alguna persona que ha perdido el ojo, “aunque no me siento responsable de eso”.

Así es la Cecilia Morel que regresó del ostracismo. No muy diferente a la anterior, pero que con magullasuras se levanta del que seguramente sea su momento más duro.

 

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