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Vacaciones en Chiloé, Austral paraíso

Por Lenka Carvallo | 22 febrero 2020

Me declaro una chilote lover, y puedo dar información útil para quienes van por primera vez como para aquellos que regresan una y otra vez.

Famoso por sus verdes paisajes, esponjosas nubes, misteriosas historias, palafitos coloridos, iglesias patrimoniales y sabores únicos, Chiloé es un verdadero sueño. Un territorio que no me canso de recorrer y al cual vuelvo cada vez que puedo. Porque siempre encuentro más paisajes que descubrir, un océano por navegar, salpicado por sus islas e islotes; iglesias aún desconocidas; parques con senderos en medio de bosques nativos, el cantar del chucao y el hued-hued; así como excelentes hoteles y restaurantes para volver una y otra vez.

En el hotel Tierra Chiloé, considerado el 4º Mejor Resort de Sudamérica según la prestigiosa revista de viajes Condé Nast Traveler, partí una travesía de lujo por tres inolvidables días, con excursiones, excelentes comidas y habitaciones con vista a la península de Rilán y al humedal de Pullao, que entre septiembre y marzo reciben zarapitos que migran desde el hemisferio norte, mientras que en invierno (de mayo a agosto) llega el turno de los flamencos.

Emplazado en la península de Rilán, a 10 km de Castro, llegan visitantes de todos los países, y también chilenos en busca de desconexión. Su arquitectura –por Mobil Arquitectos, trabajo liderado por Antonio Lipthay–, representa un largo palafito de madera, cuyas 24 habitaciones parecieran levitar sobre esta verde colina. El hotel cuenta con el sistema todo incluido, y con esto me refiero a las comidas del restaurante, el acceso al bar, el spa, y los trekkings. Lo mejor es partir el día en alguna de las más de veinte excursiones, con guías bilingües, en una van especial, todo está pensado hasta el último detalle.

Hay paseos de diferente intensidad: fácil, media y alta, full day o no; a playas, parques nacionales y reservas de bosque nativo, caminando entre arrayanes, peumos, lumas y canelos; visitas a históricas iglesias jesuitas, declaradas por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

Una de mis actividades favoritas fue navegar a bordo de La Williche, una embarcación exclusiva de Tierra Chiloé y uno de los fuertes de este hotel. Esta vez fuimos hasta la isla Tranqui en busca de delfines, mientras los tripulantes, entre ellos una chef, preparaban el almuerzo, por supuesto que acompañado de una selección de vinos, cervezas y espumantes. En la tarde, una cabalgata o un paseo en bicicleta por los alrededores de Rilán son siempre una gran opción. Por la noche, la cena en el restaurante es un panorama, con vista al atardecer y mil aves sobrevolando la bahía. Destaco el excelente menú que rescata los sabores de Chiloé.

Fueron las decoradoras Carolina Delpiano y Alexandra Edwards las autoras de este ambiente donde se cruza la artesanía chilota, con el arte y el chileno nacional contemporáneo, que se evidencia en muebles, lámparas y objetos funcionales. El bar –muy bien atendido siempre– cuenta con una barra de 14 metros con luminaria de cobre especialmente diseñada; celebro el pisco sour con miel de ulmo y la coctelería de autor que caracteriza a la cadena Tierra Hotels. Para terminar el día, qué mejor que el Uma spa. Cuenta con dos piscinas temperadas, una de ellas con privilegiada vista al humedal de Pullao, ideal para el descanso y la contemplación.

COMER Y DORMIR EN CASTRO

En la ciudad de Castro, el desarrollo hotelero y gastronómico invita a prolongar la estadía. En las calles Pedro Montt y Ernesto Riquelme, famosos por sus coloridos palafitos, originalmente habitados por pescadores o para alojar a compradores que venían en sus lanchas desde distintos puntos del archipiélago para abastecerse en la ciudad, y que de a poco han ido dando paso a hoteles boutique y restaurantes.

Para comer, hay que ir a Cazador, Travesía, el Mercadito, la Cevichería, Rucalaf y la nueva heladería Picaflor, todos lugares que por su notable calidad merecen un reportaje aparte. Paula Almenara fue pionera en levantar el primer hostal en un típico palafito de calle Ernesto Riquelme: Palafito Hotel. Un lugar acogedor y grato, cuya remodelación fue proyectada hace 11 años por Aldo Paioli, y que pasó de ser un hostal a enfocarse exclusivamente a habitaciones privadas con baño y vista a un humedal poblado de cisnes durante el verano. El desayuno va incluido en el precio.

En su entusiasmo por rescatar el patrimonio y la arquitectura chilota, Paula Almenara dio un paso más allá con la creación de Palafito 1326. Sofisticado, moderno, pero siempre con el acogedor estilo chilote –proyectado por el Premio Nacional de Arquitectura, Edward Rojas–, es un hotel boutique dirigido a aquellos pasajeros más exigentes que buscan diseño y sofisticación, con 12 habitaciones de estilo moderno y un excelente servicio. También con desayuno.

Pero Chiloé no es solo Castro. Otro de los lugares que recomiendo es el Palafito Cucao, que se levanta sobre el lago del mismo nombre, a un costado del Parque Nacional Chiloé. Una casona de tejuelas y maderas nativas, con vista privilegiada al lago, que ofrece un total de diez habitaciones –dobles, familiares y compartidas–. Todas con el desayuno incorporado. Al regreso, entrando a Chonchi, recomiendo tomar el ferry hacia la isla Lemuy y visitar el Parque Yayanes.

En el otro extremo de la isla, hacia la región de Ancud, se encuentran las mejores playas de Chiloé. Aquí, en plena Ruta 5 sur camino a Ancud, se encuentra el restaurante y cabañas Mirador de Mechaico, que a un precio económico permite instalarse en una excelente ubicación.

Una buena parada donde pasar varios días o una noche y desde ahí visitar los innumerables atractivos en torno a esta zona: el Parque Ahuenco. Son 800 hectáreas que incluyen playas vírgenes, laguna, acantilados, bosque nativo y un islote que es sitio de reproducción de una comunidad de pingüinos de Humboldt y Magallanes. Imperdible también es el paseo en lancha por el humedal Bosque Hundido; al igual que playa Guabil y el Muelle de la Luz. No hay que pasar por alto el fuerte Ahui, una fortificación que data de 1779, creado en la Colonia y uno de los últimos bastiones hispanos de América del Sur. Porque si hay algo que está claro es que Chiloé tiene magia y también historia.

 

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