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La revolución se escribe con Z

Por Lenka Carvallo | 15 enero 2020

Este 26 de abril será la primera vez que la Generación Z acuda a las urnas para votar si aprueban o rechazan una nueva Constitución. De acuerdo a la encuesta Cadem, son precisamente aquellos entre los 18 y los 32 años quienes están mayoritariamente por el Sí (82%).

Si algo ha sido claro y definitivo a partir del terremoto social del 18 de octubre de 2019 —y vaya que nos movió el piso— es la activa participación de los jóvenes. Fueron ellos los que encendieron la mecha aquella semana en que saltaron torniquetes bajo el lema “evadir, no pagar, otra forma de luchar” con que reaccionaron al alza de los famosos 30 pesos.

Tampoco tuvieron miedo a salir en pleno toque de queda, desafiando a la autoridad. Y fueron ellos los que han salido principalmente a las calles con sus lienzos llamando a la dignidad, el fin a la desigualdad, los abusos e injusticias.

De los limones utilizados para atenuar el efecto de las lacrimógenas, hicieron suya el agua con bicarbonato —imitando a los manifestantes en Hong Kong—. Mientras que en su cara más violenta son también jóvenes los que integran la llamada primera línea en los enfrentamientos con carabineros.

En su faceta más creativa, fueron precisamente cuatro jóvenes feministas las que crearon la performance Un violador en ti camino, que dio la vuelta al mundo al revelar una situación que hoy vive nada menos que la mitad de la Humanidad.

Por cierto, el boicot a la PSU fue igualmente ideado por adolescentes que, ahora sin capucha, acabaron con la normalidad de una prueba de selección universitaria que afectó a miles de jóvenes y dejó en vergüenza al gobierno por su incapacidad para anticiparse a una funa archi-anunciada.

No olvidemos la crisis azotó al Instituto Nacional, así como las tomas y paros universitarios que empezamos a ver desde 2018, exigiendo reducir la sobrecarga de estudios, terminar con la desigualdad de género (incluyendo a la comunidad LBGT) el fin de la discriminación y el acoso.

Nos guste o no, aceptando o no sus métodos, los jóvenes de hoy han sido los grandes protagonistas de esta revolución, el motor de un momento histórico. Multiculturales, conectados, aunque nos cueste entenderlos y nos sintamos desplazados, estos chicos empoderados que no temen a nada ni a nadie.

Olvidémonos de los Millennials, muchos de los cuales ya tienen 40 años. La actual camada obedece al nombre de Centennials o Generación Z. Nacidos entre 1994 y el 2010 (de los 10 a los 26 años), en su mayoría están en la enseñanza media, entrando a la universidad o a un paso de entrar al mercado laboral, con toda la tensión que eso significa. De ahí su rebeldía porque no quieren vivir otros 30 años de desigualdad y abusos, tal como sus padres, sus abuelos y varias generaciones antes que ellos, mientras la élite y la clase política sigue desconectada, haciendo ostentación de sus privilegios.

Ellos, los Z, se dan cuenta de todo a través de las redes sociales como los primeros nativos digitales, 100% nacidos y criados en la era de Internet y los smartphones, insumos fundamentales en esta revolución y las muchas que hoy, al igual que en Chile, sacuden al mundo. A través de estos aparatos ven la realidad concreta y la paralela, y en definitiva cómo el acceso al consumo, al lujo, al status divide con su brillo el éxito del fracaso, para una generación que ya no quiere seguir coreando El baile de los que sobran sino el de los que cambiaron el rumbo de la historia hacia la igualdad y la dignidad.

Este 26 de abril será la primera vez que la Generación Z acuda a las urnas para votar si aprueban o rechazan una nueva Constitución. De acuerdo a la encuesta Cadem, son precisamente aquellos entre los 18 y los 32 años quienes están mayoritariamente por el Sí (82%).

El proceso no lo resolverá todo, claro está, pero será trascendental para concretar el nuevo rumbo que los propios Z iniciaron. Que dotará de forma y sentido el que podría ser el primer paso hacia un nuevo país. La prueba de fuego en la cual jugarán un rol fundamental: informarse, participar masivamente y legitimar el que tal vez sea el punto de partida al mayor cambio social y político de nuestra historia reciente. Así de importante. De ellos depende.

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