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¿De qué pacto por la paz hablan?

Por Lenka Carvallo | 09 enero 2020

¿Dónde quedó la foto que acaparó titulares y portadas, que hizo respirar de alivio a muchos que solo veían caos, inoperancia? ¿Era solo una ilusión, otra de tantas? Eso parecen preguntarse muchos de quienes ese 15 de noviembre creyeron ver el principio de la sensatez y la necesaria unidad.

Creo haberlo dicho pero lo repito aun a riesgo de ser majadera: en política nada es lo que parece; se trata de un mundo en las lejanías, con actuaciones y códigos que solo ellos entienden, incomprensibles para la mayoría de los ciudadanos y, por lo mismo, irritantes a tal punto que explican el serio desprestigio que hoy vive la institución.

Una caída en picada, según lo refleja la encuesta Cadem de la primera semana de enero: solo un 11% de los sondeados evalúa positivamente a nuestros legisladores, -8 puntos respecto de la anterior medición. Con ello la institución se encuentra literalmente en el último lugar en cuanto a aprecio, aun más abajo que Carabineros, que marcó un 36%, con una dramática caída de 25 puntos.

De más está decir que los honorables ya casi no pueden salir a la calle por riesgo de sufrir insultos o funas, algo que por lo demás no es nuevo y que comenzó a partir de las boletas ideológicamente falsas y los casos de Penta y SQM.

En fin, en la que tal vez sea la última oportunidad para reivindicarse como clase política y contener la grave crisis de confianza institucional, lo cierto es que hoy ya nadie entiende nada.

¿Qué pasó con el pacto por la Paz Social y la Nueva Constitución? ¿Dónde quedó la foto que acaparó titulares y portadas, que hizo respirar de alivio a muchos que solo veían caos, inoperancia? ¿Era solo una ilusión, otra de tantas? Eso parecen preguntarse muchos de quienes ese 15 de noviembre creyeron ver el principio de la sensatez, de la necesaria unidad y con ello la llegada de los acuerdos para aceitar de una buena vez la máquina legislativa.

Hoy todo eso parece tan irreal como lejano.

Si no, ¿cómo se explica la ola de interpelaciones (al intendente Felipe Guevara; a la ministra del Trabajo, María José Zaldívar; al ministro de Salud, Jaime Mañalich, y al ministro de Hacienda, Ignacio Briones— a la que se ha abocado la oposición y que comenzó esta semana? ¿Tenían que hacerlas ahora, cuando queda menos de un mes para el acostumbrado receso de febrero —tema que se discute en el Parlamento pero sobre lo cual aún no hay nada claro—, cuando hay en la fila otros asuntos con carácter de suma urgencia, entre ellos los que forman parte de la agenda social, con una serie de proyectos que de manera incesante se han venido enviando desde La Moneda?

Qué decir del pacto constitucional, hoy entrampado porque todavía no hay acuerdo respecto de los mecanismos de paridad que deberán garantizar un participación igualitaria y diversa.

Realidad paralela donde esta semana se sumó un nuevo capítulo, cuando 8 de los 9 senadores de RN (incluidos dos pesos pesado del partido, los presidenciables Andrés Allamand y Francisco Chahuán) anunciaron que se opondrán a la realización una nueva Constitución con miras al plebiscito del 26 abril. Eso cuando el clamor social hoy pide derogar la carta magna hecha en dictadura, según lo muestra la calle, la conversación de sobremesa, en oficinas y hasta en la fila de supermercado, y estadísticamente en las encuestas.

Claro que es un mundo incomprensible. Pero no sin una razón. Con las interpelaciones y acusaciones constitucionales el objetivo de la oposición no es otro que debilitar y llevar al piso al adversario.

Con el rechazo a la nueva Constitución por parte de estos 8 senadores, no solo buscaron debilitar el creciente liderazgo y legitimidad del presidente de su propia colectividad, Mario Desbordes, si no también posicionarse en las antípodas de la centro izquierda y sacar del camino al presidenciable de extrema derecha, José Antonio Kast, que hace rato partió proclamando la opción del rechazo.

Todo, claro está, con miras a las elecciones clave de este 2020, especialmente las de alcaldes y gobernadores de octubre. Pero especialmente de cara a las presidenciales y parlamentarias de 2021.

Así que a esa agenda destinan su tiempo y su preciosa energía buena parte de los legisladores y de la clase política, quienes aún no discuten si tomarán o no su tradicional feriado legal.

Como si hablaran —y pensaran— en “cetáceo”, como diría Natalia Valdebenito.

 

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