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Eclipsar a la novia está permitido (en la realeza)

Por Sole Hott | 14 diciembre 2019

6 invitadas que le robaron los flashes a la novia.

Aunque no te las manden por escrito, hay ciertas reglas que se deben cumplir en los matrimonios, sobre todo, cuando se trata de invitadas y de la novia.

Brillar siempre, pero opacar a la novia…jamás. Y vestirse de cualquier color que se aproxime al «blanco» no es opción, incluso los metálicos pueden ser mal vistos. Sin embargo, en el mundo de las coronas, el protocolo y la guardia real, las cosas son diferentes, y la historia así lo demuestra.

En una boda real el vestido de la novia es el foco de atracción, y quedará en la historia por bien o por mal. Pero a veces el estilo ineludible de alguna invitada puede llevarse los flashes y sobresalir más que la protagonista y, por lo general, suelen ser del círculo cercano.

El mejor ejemplo, uno de los más recordados y recientes, es el de Kate y Pippa Middleton. Si bien el vestido de la duquesa de Cambridge quedó catalogado eternamente como uno de los más romántico y bonito de los royals, no contaban con la astucia de su hermana.

En abril de 2011, Kate dio el sí en un diseño de Sarah Burton para Alexander McQueen. Y  Pippa también se vistió de blanco, y de la misma diseñadora. Más allá de lo bonito del vestido, el diseño resaltaba su figura y esa imagen, llevando la cola del velo de Kate, dio la vuelta al mundo.

Sin embargo, Kate es la invitada favorita por excelencia a las bodas de la realeza. Nunca opaca, cuando tendría quizás todos los vestidos que quisiera para hacerlo. Recordemos que en el matrimonio de Meghan y Harry, la duquesa utilizó el vestido que llevó en el bautizo de la pequeña Charlotte.

De la corona británica a los países bajos. En el día de la boda del hermano de Máxima de Holanda, Juan Zorreguieta, en 2014. Andrea Wolf, la novia, era la protagonista indiscutida, pero quién puede verse mejor que Máxima. Es una tarea difícil.

Una capa, un vestido increíble y un tono malva, fueron la fórmula perfecta para que la reina eclipsara a cualquier invitada, y novia, en el perímetro.

Incluso la propia reina Isabel II tuvo su casi eclipse en el día de su casamiento. En 1947 Europa no estaba pasando por su mejor momento post guerra, y la situación económica del Reino Unido no estaba para grandes gastos. Es más, la boda fue pagada con cartillas de racionamiento y el vestido fue confeccionado por una mujer australiana que no supo para quién diseñaba hasta que fue invitada a la boda.

En este caso, las damas de honor, que eran ocho, fueron las que se llevaron las miradas, precisamente porque los vestidos eran bastante modernos para la época. A la celebración llegaron más de 2.000 invitados y la BBC la emitió a más de 200 millones de personas en todo el mundo. Esto último, según fuentes biográficas, fue idea del propio duque de Edimburgo.

Otra de las recordadas, y siempre icono de estilo, Charlotte Casiraghi en un Chanel rosa en la boda de su tío Alberto y Charlene de Mónaco, uno de los eventos más importantes en décadas en la historia de la familia Grimaldi.

Este año los reyes de España, Letizia y Felipe, celebraron su aniversario número 15 y si bien han pasado los años, el vestido que llevó Rania de Jordania es inolvidable. Ahí, entre faldas tubo midi y pamelas, la reina más joven del mundo (al minuto de su coronación en 1993), apareció con un Givenchy que inspira looks hasta el día de hoy. Y más allá del mérito del diseñador, la personalidad de Rania para llevarlo en una boda real con dress code.

No podía faltar la duquesa de Sussex. La prensa británica dijo que Meghan Markle le había quitado protagonismo a la Princesa Eugenia de York en el gran días. Aunque en este caso se debía, quizás, más que al vestido, al revuelo mediático que genera la ex actriz.

La esposa del príncipe Harry lo vivió también en el día de una de las bodas más esperadas del último tiempo. Además, no fue una, sino dos las que se lucieron con sus atuendos de invitadas. Por un lado, la esposa de George Clooney, Amal, en un amarillo Stella McCartney. La sobrina de Lady Di, Lady Kitty Spencer, en un verde Dolce & Gabbana, y el que definitivamente le robó la atención: el propio príncipe Harry.

 

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