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Juan Yarur: «Quiero que las cosas mejoren»

Por equipo velvet | 13 diciembre 2019

Aquí habla de actualidad, su amor por Chile y el país que sueña.

El filántropo más joven del país está entre los coleccionistas más influyentes del mundo y es el único chileno con premios de arte a nivel planetario. Aunque por la situación social tuvo que postergar su primera gala benéfica, nada lo amilana. Está creando una marca de diseño –Adriático– y deseando ser padre. Aquí habla de actualidad, su amor por Chile y el país que sueña.

Juan Yarur (35) está resignado. Acaba de asumir que no podrá realizar la gala de beneficencia que tenía planeada hace meses con Fundación AMA, la organización que preside. Los acontecimientos ocurridos en el país, a partir del viernes 18 de octubre, modificaron muchas cosas, incluida esta celebración. El Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) –donde estaba programada– canceló todos los eventos hasta fin de año. “Estuve una semana negándome a mover la fecha y aunque entiendo lo que está pasando, el mundo sigue girando y si empezamos a suspender todo ayudamos a que aumente y se justifique el susto. Buscamos lugares, pero no encontramos nada que tuviera el espíritu del museo. Al final lo reagendamos para marzo o abril del próximo año. Ahora, dadas las circunstancias, creo que fue lo más sensato”. Acorde a los tiempos que corren, esta entrevista fue hecha por partes y actualizada más de una vez. Partimos con las fotos en el Bellas Artes, días antes de que Chile se transformara en sinónimo de estallido social. Seguimos en el auto de Juan, luego en su casa, en medio de un almuerzo-reunión con su equipo para la nueva marca de diseño que está creando, Adriático, y terminó por teléfono desde Miami.

Pero volvamos al comienzo: a mediados de octubre, al minuto en que Juan Yarur llega al museo para hacer las fotos. Lleva bata de raso, zapatos rosados de terciopelo y el pelo lleno de horquillas para marcar las ondas. Tiene cara de pocos amigos. Aunque no es su intención (o tal vez sí), Juan intimida. 

Alguna vez dijo que quería ser aburrido, pero la verdad es que por más que lo intente, no le sale.

No hay un espacio para que se instale y se cambie cómodo mientras hacemos las tomas. El museo está lleno de visitas escolares y de la tercera edad: “Si a ellos no les molesta me puedo empelotar acá”, dice. Y todos sabemos que habla en serio.

Una oficina diminuta se convierte en camarín y él no se queja. Cuida su lonchera de Frozen como si fuera un tesoro. Adentro hay una jalea light porque está a dieta. Régimen que rompe cuando ve los canapés que llegan para el catering. “Me hacen acordar mucho a mi papá”. Nada de caviar. Lo que le recuerda a su padre (el empresario Amador Yarur) son simples cuadraditos de choclo, espárrago y champiñón que devora con nostalgia mientras pide que los quiten de su vista.

Todos en el museo lo conocen y abrazan. Su sueño es que el Bellas Artes tenga una sala con su nombre, pero hasta el momento no lo ha conseguido. “Hasta en el MoMA me han ofrecido tener una ‘Juan Yarur Fontaine’, que en realidad es un bebedero camino al baño… pero acá ni eso”. No bromea. Todos saben que es uno de los principales coleccionistas del país y eso, en el mundo del arte, significa una placa en el museo. Chile es la excepción y Juan lo detesta. Cuenta entre risas que una vez preguntó cuánto valía cambiarle el nombre a la sala, pero no le contestaron.

Está emocionado por esta entrevista, más bien por salir en una revista de papel otra vez.

Me da nostalgia, felicidad y pena, todo junto. Es un honor —y no lo digo de chupa medias— porque siento que soy el niño símbolo de las revistas. Fui de los primeros hombres, no político o príncipe, en salir en portada en Chile. Las revistas son mi medio. Me gusta el papel, es romanticismo puro. Me honra que para este hito en que la revista Velvet pasa a ser nacional, me hayan elegido como portada, me siento súper privilegiado. Volver al papel se siente fantástico”.

EL PAÍS QUE SUEÑO

El estallido social de octubre pilló a Juan partiendo de viaje. Primero a Lima y luego a su casa de Miami. Alcanzó a estar un par de días con estado de emergencia, toque de queda y hasta hizo cola en el supermercado. 

“Estaba con post operatorio, me había hecho un procedimiento y andaba con la cara vendada. Últimamente  estoy más seguro de mí mismo, porque me dio exactamente lo mismo salir así. Estábamos mi hermana, mi marido (Felipe Lecaros) y yo, el trío maravilla, una hora antes de que abrieran. Ella no quería ir, pero la obligué y yo tenía que comprar el supermercado a mi mamá, a mi relacionadora pública y para la casa de nosotros. Hicimos la fila y luego nos dieron 15 minutos para comprar, como en Sábados Gigantes. Lo pasé chancho. Pero no tenía opción, no había nada para la gente que trabaja en nuestra casa”. 

Hace poco más de dos años eligió vivir en Chile, teniendo la posibilidad de instalarse en Los Ángeles, Miami o Londres. Lugares más atractivos para sus proyectos. “Allá tenemos amigos cercanos, estaba todo para armar casa con Felipe. Además, puedo hacer más cosas, porque son ciudades donde hay actores mundiales del arte y en un día uno se puede juntar con gente ultrainfluyente y lograr resultados más rápidos. Pero me bajó esto de volver… Al final lo que queremos es poder almorzar con los hermanos, estar peleando con los sobrinos, ver a la familia. Queremos estar en Chile”. 

– Con todo lo que ha pasado, ¿te arrepientes de haberte radicado acá?

– No. Porque amo mi país, amo a mi familia, me gusta estar con mi gente. Quiero vivir en Chile. Más allá de lo que esté pasado quiero que las cosas mejoren.

– ¿Cómo viviste los días de protesta?

– Al principio me aterroricé, pero no por las marchas, sino por el tipo de violencia que se dio. Además, siempre hay gente que te asusta un montón, otros te dan calma. Ahora estoy de viaje, pero no porque haya salido corriendo. Lo tenía planeado hace meses. Y al estar lejos y ver menos noticias —incluso he dejado de seguir a mucha gente y a otros los he puesto en silencio en las redes sociales, porque hay un nivel de odiosidad gigante— me ha tranquilizado. Hay tanta información y alguna no es verdad, que no quiero vivir en el terror. Prefiero mirar de manera positiva y creer que las cosas van a estar mejor.

– ¿Qué te parece el movimiento social que se ha dado en Chile?

– Hay cosas por las que se protesta que tienen toda la razón, pero quemar lo que venga o hacerle daño a gente que no tiene nada que ver, no es la manera.

– ¿Irías a un cabildo?

– No.

– ¿Qué te gustaría que cambiara o no cambiara en Chile?

– Es tan largo el tema… no es para decirlo en un par de líneas, tiene un principio, pero no sé dónde estará el final. Y no soy la persona más informada para responder, solo espero que todo mejore para todos.

– Has dicho que tu contribución a un Chile mejor es a través del arte…

– Sí. Nosotros, aunque somos pequeñitos, siempre hemos estado haciendo una seudoimagen país. Promover el arte y la cultura es una forma de hacer un mejor Chile. Hay artistas que me han dicho que les cambié la vida, y eso para mí es un logro que jamás soñé. Me llena de alegría.

– Curiosamente apoyas a muchos artistas que tienen un arte contestatario. 

– Es simplemente mi gusto. Es algo estético aunque el mensaje también es relevante. Antes no compraba arte político, se fue dando nomás. Y es que las cosas que colecciono tienen una belleza extrema, al límite. Una belleza que está sacada de lo tremendo, que no es tan evidente. Sale desde la muerte, desde el renacer…  Es tomar la belleza de un lugar de donde el ojo no está acostumbrado a sacarla.

– ¿Cuál es el país que sueñas?

– En este minuto solo pido paz y seguridad. Y no es por lo que está pasando, lo vengo diciendo hace un par de años. Antes siempre contaba que uno en Chile podía salir a la calle como árbol de Pascua y no pasaba nada, pero hace unos años estamos llenos de portonazos, robos, encerronas…

OTRA COSA ES CON GUITARRA

Juan adora ver dibujos animados, ojalá acostado. Ir varias veces al año a Disney, contestar los mails en el computador y no en el celular, las hamburguesas, las gomitas, las flores y a su profesora de yoga. Tiene el velador lleno de vitaminas, remedios, tratamientos para casi todo. Desde siempre ha sido algo hipocondríaco. También muy preocupado por el cuerpo y la ropa… Confiesa que hoy su mayor lujo es tener la piel perfecta. A ella le dedica varios días de la semana y asegura que las mejores cremas están en las farmacias. “Porque son las que invierten en mayor tecnología. Algunas están hasta en el supermercado”.

También dice que el lujo se concentra en tres palabras: espacio, tiempo y servicio. “Tener tiempo es el lujo más grande que hay. Cada vez está más caro todo y los espacios son cada vez chicos y bueno el servicio…”. Está cumpliendo un año de casado. Y asegura que no ha sido mucho el cambio, porque llevaba viviendo con Felipe dos años antes de firmar el Acuerdo de Unión Civil, el 8 de diciembre de 2018. “Estamos felices juntos… De repente se me va y le digo pololo y él me mira raro”.

– ¿Por qué entonces la necesidad de firmar un acuerdo?

– Nos casamos porque queremos tener una familia. Pero después me di cuenta que estamos tratando de parecernos demasiado al modelo tradicional y no tiene mucho sentido, pero se nos ocurrió y fue un acto que no tiene que ver con lo legal, fue comprometernos frente a nuestros amigos y nuestras familias.

– Mucho de lo que hemos hablado tiene un fin, un proyecto mayor: los hijos.

– Sí.

– ¿Cuándo vendrán?

– No sé aún. Dame un par de años de casados para que la vida todavía sea nuestra.

– ¿Vas a mudar?

– Supongo… Con Felipe estamos súper en línea con la crianza.

– Por ejemplo, ¿la guagua tendrá pieza aparte?

– Al principio no, pero más allá de todo no queremos tener hijos como accesorios. Idealmente tendremos ayuda, pero queremos criar y tenemos ganas de hacernos cargo.

– ¿Tienen algún modelo de padres para seguir?

– Puedo decir que espero no ser tan regaloneador como mi papá y que seré más estricto, que quiero poner límites, pero pregúntame cuando tenga la guagua en brazos porque puede que la vea y me convierta en una baba con patas. Lo que he aprendido últimamente de mis amigas es que otra cosa es con guitarra.

– ¿Qué le dirás cuando pregunte por su mamá?

– Lo he hablado con terapeutas y me enseñaron la forma en que se le dice a los niños. Es algo así: “con Felipe nos amamos mucho, teníamos muchas ganas de tenerte”. Explicarle todo sin mentiras. Que las familias son distintas: algunas tienen dos papás que adoran a sus hijos y otras tienen un papá y una mamá por separado, pero también quieren mucho a sus niños.

POR AMOR AL ARTE

Fuera de Chile Juan también es una voz autorizada en el coleccionismo. Forma parte de los boards de adquisición y apoyo al arte del MoMA, MET, Americas Society e ICAA del Museo de Bellas Artes de Houston. Recientemente dejó el board de la Tate Modern de Londres. Acaba de convertirse en el primer chileno top Collectors 2019 elegido por Art News (algo así como el Forbes del arte), lo que significa que está entre los coleccionistas más influyentes del mundo. Fue convocado por la Unesco para ser parte del foro mundial sobre el futuro de los museos y el año pasado recibió el premio Montblanc de la cultura Arts Patronage, que por primera vez obtuvo un chileno.

“Cada vez que me llamaban o escribían para avisarme estas cosas pensaba que se habían equivocado de persona. Son circunstancias que no dimensiono ni entiendo muy bien, porque ahí hay coleccionistas muy importantes y yo no me podría comparar nunca con ellos”.

Fundación AMA, se llama así en homenaje a su padre (don Ama), nació como sostén de la Beca AMA en 2008. Y desde entonces ha articulado los diferentes frentes en los que trabaja por el arte: becas, préstamos, subvenciones a artistas, investigaciones, entre otras acciones.

Hoy está centrado en investigar y en comprar arte no para su colección sino para donarla a grandes museos y que los artistas chilenos estén expuestos allí. En esta línea Yarur ha regalado obras nacionales al MoMA, Tate Modern, Pérez Art Museum (Miami), LACMA y Guggenheim de Nueva York.

“Los museos tienen un presupuesto limitado y por eso no compran mucho. Al donar pongo en prioridad las obras de artistas chilenos consagrados o emergentes. Me encantaría que la gente dijera: ‘¡ah Chile… el país de tal artista!, y no solo reconocernos por los jugadores de fútbol”.

Hoy ha agregado el diseño a sus proyectos con su marca Adriático. 

– ¿Por qué Adriático?

Es en honor a mi mamá Adriana Torres, no quería decirle para no tenerla encima. Pero cuando salga se va a creer Cleopatra by Liz Taylor.

De pronto vuelve a la actualidad y queda en silencio.Nos encontramos en un almuerzo-reunión con su equipo de trabajo en su casa en el cerro San Luis. La conversación es una tormenta de ideas. Juan se mueve a mil revoluciones, dispara imágenes, gesticula y de pronto lanza uno que otro chillido. El trabajo lo estimula.

“Estoy tan feliz que cuando tengo un compromiso en la noche me da ataque porque quiero estar en mi cama a las diez y media para levantarme con energía y estar todo el día haciendo cosas. Amo mirar el teléfono lleno de mensajes, de e-mails y decir: ‘aah, tengo tantas cosas que hacer’ (suspira), pero lo digo de la boca para afuera porque me fascina. De hecho, los fines de semana son torturantes, porque no puedo ‘webear’ a la gente con la que trabajo”. 

– ¿Cuál era tu concepción de trabajo antes de esto?

– Mi papá era banquero y para mí ese era el trabajo. Siempre quise que mi marido fuera banquero.

– ¿Te imaginaste alguna vez trabajando?

– Jamás, aunque cuando muy chico quería ser ingeniero comercial y luego cantante, pero la profesora de música me echó. A los 18 tuve un proyecto llamado Decomundo, junto a Alejandra Mustakis que no prosperó. En un minuto empecé a aterrarme con fallar, ya era un poco conocido y me dio pánico no hacerlo bien y preferí no seguir. 

– ¿Tienes horario laboral, 40 horas? 

– No tengo y me encanta no tener. Pero nunca termino tan tarde porque me quedo dormido temprano.

– ¿Qué has aprendido del mundo laboral?

– Un montón de cosas porque como ahora tengo un ingeniero comercial al lado todo el tiempo, aprendo métodos. También estoy trabajando con personas tan exitosas como las del estudio chileno Gt2p (arte, arquitectura y diseño), que me han enseñado a pensar. Me abren la mente a mirar de otra forma y desde otro lugar.

– ¿Qué te impulsó a convertir esta idea en negocio?

– Con Felipe queremos tener familia. Mi cuñada siempre me dice: “tú le puedes decir lo que quieras a tu hijo y puede que te haga caso, pero lo más importante es el ejemplo”, entonces me puse a pensar cómo les iba a enseñar la importancia de trabajar si no me ven haciéndolo”.

La idea de crear Adriático partió a comienzos de año en Miami mientras compraba muebles para su casa. “Vi cosas hechas por diseñadores muy conocidos, pero producidos en lugares como: África, India, China… Tenían unos precios muy altos… Y pensé: teniendo tanto contacto, conociendo a tantas personas que trabajan en diseño y moda podría llevar cosas de mis viajes y venderlas bajo una marca…”. 

Luego, la idea cambió a hacer diseño con inspiración by Juan Yarur. Y realizar algo parecido a lo que ya hace con la fundación, donde toma artistas para promocionarlos en el mundo. Con Adriático serán los diseñadores los que saldrán al extranjero.

“Decidimos crear una línea de productos de lujo con las cosas que me gustan, bajo mi estilo de vida, con diseño de autor, pero a precio justo para todos. Son objetos como los que tengo en mi casa. Podrás comprar detalles o líneas completas”.

La marca en sí será una experiencia anuncia. Tiene colores propios, packaging y hasta un olor. “Adriático huele a Oud y menta. Como soy árabe, me encanta esa madera clásica. La idea es que cuando llegue la caja de Adriático y la abras, sientas ese olor, esa sensación”.

Además, quiere enviarles un regalo extra a sus compradores. “Hace un tiempo Gloria Landaeta me regaló una pulsera de ojo de tigre y sentí que me mejoró la vida. Siempre la tengo a mano. Y me gustaría que Adriático tenga algo así. Que nuestros clientes reciban algo especial, como un ojo de tigre, para que tengan suerte por elegirnos”.

La primera producción será de objetos para la mesa. Simplemente porque una de las cosas que más ama Juan es recibir invitados.

“Como mi papá era muy mayor, la mesa fue un gran tema y siempre era servida de manera muy a la antigua. Esa es la forma que yo conozco. Me gustan hartos platos, hartas copas, harto candelabro, muchas flores. Amo el drama, la puesta en escena. Es mi manera de dar cariño”.

La colección inaugural está inspirada en el arte del siglo XVI. “Me gusta la pintura europea de ese tiempo, el manierismo holandés. Es como un baile, las pinturas tienen aire… Esa es la base, pero cada diseñador está tomando libremente ese siglo, imagínate que hasta América se descubrió ocho años antes que comenzara el año 1500”.  

Por ahora hay unos 25 diseñadores —entre ellos: Gt2p, Sebastián Errázuriz, Manuel Santelices, Rodrigo Pinto— elaborando floreros, vasos, candelabros, individuales, platos, velas… En total la mesa de Juan tendrá unos 60 productos. Y todas las piezas llevarán cuño de autor. El lanzamiento será en marzo en Chile y en abril en la semana del diseño en Milán. Se podrá comprar online a través de la página de The Y not life, que a su vez será un blog.

“Todo será diversión. Entrarás al sitio y si quieres mirar, vitrineas, pero también puedes leer algo entretenido sin necesidad de comprar. La idea es vivir la experiencia”.

 “No me he recuperado de no haber realizado la gala”, confiesa en voz baja por teléfono. Pero a los pocos minutos se recupera y eleva el tono: 

“Igual es una postergación nomás. Esto no me va a parar, y mi personalidad siempre ha sido de tirarme a la piscina sin mirar si hay agua o no. Hasta ahora me ha resultado aunque a veces no ha habido tanta, ¡pero vamos que se puede! Además, hay muchas cosas que no sé hacer, pero siempre puedo dar un gran show”.

Por Silvia Peña 

Fotos Noli Provoste

Styling Xavier Sanhueza asistente Isabel Arentsen

Pelo y maquillaje Rodrigo Castro Heimpell

Agradecimientos Museo Nacional de Bellas Artes

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