Belleza

Cintillos, el accesorio que volvió (o nunca se fue)

Por equipo velvet | 15 noviembre 2019

La corona del siglo XXI.

Por icónico que parecía, y sin importar su cantidad de seguidoras, nada impidió que el protagonismo de los peinados, destronara de la cúspide a la diadema. Sin embargo, y para alegría de muchas, tuvieron que pasar solo un par de décadas para que se renovara, y surgiera con apuestas que, esta vez, prometen quedarse para siempre.

Infaltable en un look noventero, el cintillo era quizás la pieza más emblemática de un atuendo rememorado por años, y es que, siendo sinceros, pocas épocas marcaron tanto a la audiencia en términos de moda y arte, como los 90’s.

La revolución del cuerpo como manifiesto de personalidad, y con ello la apertura de mente apreciable en los medios, caló hondo en los jóvenes de ese entonces, que, de menos a más, fueron impulsando cambios, y a diferencia de las décadas previas, consiguieron que, de un selecto grupo, este renacer pasara a ser del todo masivo.

Pero si de orígenes se trata, hay que tener claro que el cintillo surge en el antiguo Oriente, como muchos otros elementos, tras una motivación absolutamente práctica, en este caso, impulsada por la necesidad de evitar que el sudor llegara al rostro al trabajar. De este modo, la población comenzó a sentir que aquel paño amarrado en la nuca, generaba también otros beneficios, como por ejemplo el cuidado que garantizaba a parte del cabello, y el modo en que protegía la cabeza y el rostro del polvo.

Aunque dado su gran tamaño y poca sofisticación, en esa época el cintillo distaba mucho del ejemplar más típico que conocemos hoy día, hay que reconocer que algún atractivo generó, puesto que no tuvo que pasar mucho tiempo para que comenzara a ser utilizado en masa.

Como ha ocurrido con muchos otros accesorios, quizás su masificación se deba a la oportunidad que entregaba para marcar un estilo; teoría que puede verse fundamentada en la cantidad de alternativas que fueron surgiendo, y en cómo con el pasar de los años fue mutando desde ser parte de un atuendo práctico, a ser un complemento codiciado por la sociedad, siendo en mayoría del interés de las damas.

Aunque el modelo se diversificó inalcanzablemente, y por ende se fue perdiendo entre otros accesorios codiciados, fue en los noventa cuando retornó en gloria y majestad, adquiriendo un rol protagónico en miles de outfits que, aunque lo recogieron por su utilidad, comenzaron a instaurarlo como una señal de algo más trascendental.

Ya no se trataba únicamente de evitar que el cabello se fuese a la cara. La diadema pasó a ser un elemento tan importante como el resto del atuendo, y dado su tamaño, costo y simpleza, se transformó en la oportunidad perfecta para completar looks, casi siempre caracterizados por sus potentes colores.

En términos prácticos, y de acuerdo a la etimología de su nombre, la palabra está compuesta por el sustantivo “cinto”, con claro significado, y con el sufijo “illo”, que indica el diminutivo. Pero a pesar de la claridad que lo define, lo cierto es que desde tiempos remotos ha gozado de características que lo diferencian, siendo aquello su mayor plus.

Pese a todo lo mencionado, y a la forma en que sedujo a la población, este ejemplar no contaba con el protagonismo posterior que adquiriría el cabello, y sin darse cuenta, con la irrupción del estilismo en la sociedad, los peinados lo fueron destronando. Fue así como pasó del auge a la invisibilización, que lo tuvo dormido por muchos años.

Sin embargo, y aunque su presencia disminuiría, hubo una minoría que lo mantuvo vigente y lo llevó a remontar, en esta ocasión, de manera profunda. Para fortuna del cintillo, quienes se la jugaron por preservarlo, fueron justamente mujeres que históricamente han sido referentes para las masas.

Pero más allá de influencers ligadas a Hollywood, la popularidad que adquiere se ha visto vinculada siempre a un aire royal, siendo su principal musa en la actualidad, la mismísima Kate Middleton, que además de otorgarle elegancia combinada con sus atuendos, ha modernizado la idea en la que solo las joyas eran accesorios dignos de la realeza.

Además del atractivo innegable que le puede brindar a cualquier prenda, el ser llevada por personalidades como la duquesa de Cambridge, su uso ha permitido revalorarlo como elemento, y al mismo tiempo, diversificar una oferta que hoy por hoy no tiene límites. En el caso de Kate, se ve materializado a la perfección con la propagación de las diademas gruesas como emblema, que, de la realeza, pueden pasar sin problemas al street style.

Estampados, con flores, colores mezclados, con aplicaciones e incluso metalizados, los cintillos son hoy en día mucho más que el lazo fino de antaño, y a diferencia de su antiguo boom, están siendo tan prioritarios, que ni siquiera necesitan calzar con los colores o materiales del outfit que los acompaña.

En suma, a lo anterior, tampoco existen ocasiones predominantes, ya que, así como puede ser el más elegante de los accesorios, también queda bien para un simple paseo de fin de semana. Pero si de enfocarse en sus ventajas se trata, la principal es la posibilidad de lucir un cabello ordenando sin dedicarle mayor esfuerzo. Para quienes lo usan a diario, es allí donde radica el atractivo de una apuesta versátil y económica, pero no por ello menos glamorosa

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