Yoga: un camino de cuerpo y espíritu

En medio de los múltiples estímulos externos de la sociedad moderna, el yoga emerge como una alternativa sanadora que ayuda a fortalecer el físico y el estado interno. Las posturas, respiraciones y meditaciones que incluye esta práctica, provocan que las personas puedan vislumbrar la relación entre su cuerpo y mente, avanzando a su propio ritmo en ambos aspectos, ya que el yoga es un proceso. “Es un camino del cuerpo que te lleva a aspectos espirituales”, dice Andrea Cantillano, instructora con más de 20 años de experiencia.

Por: Pía Aguilera D. | Fotografías: Francisco Méndez R.

“Cuando la gente escucha la palabra yoga, por lo general piensa en las posturas físicas (asanas), sin embargo, el yoga ofrece mucho más que una manera de ejercitar el cuerpo, también nos ayuda a experimentar el bienestar emocional y conectar con nuestro ser esencial”, sostiene Deepack Chopra, médico, escritor y conferenciante de espiritualidad.

Las posturas buscan la limpieza de los órganos y sistemas, y cada una tiene un trasfondo, por ejemplo, existen algunas en las que la cabeza queda abajo del corazón (Sirsasana), porque el corazón debe estar al servicio de la mente y no al revés.

Cuando se va purificando el cuerpo, se va sanando el alma, y trazando un camino de autorrealización que nunca acaba. Así es como lo han experimentado alumnas y profesores que han encontrado en esta disciplina un modo de vida que ha marcado un antes y un después.


El cuerpo como espejo

El Yoga Ashtanga es una práctica intensa que requiere gran esfuerzo físico, incluso las personas llevan toalla a las clases porque transpiran. Andrea Cantillano, arquitecta e instructora de este tipo de yoga con más de 20 años de trayectoria, afirma que el sostenerse en una postura, y desde ahí respirar profundo, conlleva a un equilibrio interno. Mente y cuerpo se reflejan.

“Con el yoga fortaleces el cuerpo, empiezas a trabajar con tu propio peso, te puedes a ti mismo, comienzas enfrentar temores y a tener cada vez más desafíos. Hay personas que han llegado con depresión y les cuesta sostenerse en una postura, y lentamente van logrando tener más fuerza en los brazos y en el pecho, respirando cada vez más profundo, conectando, y eso se traduce en una fortaleza interna, una nueva mirada hacia la vida”, cuenta Andrea.

Ashtanga es una meditación en movimiento, luego de la purificación del cuerpo, cuando la mente ya está silenciada por toda la práctica, se finaliza con la postura del loto y con 25 respiraciones profundas.

“Con el tiempo, tomas consciencia de las agresiones que le causas al cuerpo, comienzas a cuestionarte lo que comes, con quién te rodeas, las conversaciones que tienes, entras en un camino de autoobservación intenso que no acaba, eso es lo mágico de la transformación”, manifiesta Andrea.

También existen otros tipos de yoga que buscan la alineación de las posturas, pero a la primera ejecución, utilizando elementos como cintas, bloques o cuerdas, y desde ahí, conectan y respiran (Iyengar Yoga).

María Yazmín Cardoso, penquista y periodista de 26 años, comenzó a sus 19 a experimentar distintos tipos de yoga, pero cuando conoció Yoga Kundalini no pudo dejarlo: “se enfoca mucho en la parte espiritual, incluye cantos, mantras, ejercicios de respiración y meditaciones”, sostiene.

Es el único tipo de yoga en el que los profesores usan un turbante en la cabeza y se pide usar ropa clara y ligera, ya que el blanco fortalece el campo magnético y el turbante ayuda a contener la energía en la persona.

Yazmín señala que gracias a esta práctica ha logrado ser más consciente de los pensamientos y las situaciones que los alteran, ha podido calmar la ansiedad y enfocarse más en el presente. “El mayor desafío es aplicar las prácticas del yoga en el día a día, en las dificultades, cuando estamos ansiosos o a punto de tomar una decisión, no sólo durante la clase”, dice.

Respirar

La respiración oxigena, lleva nutrientes al cuerpo y permite la limpieza. “Los yoguis antiguos se dieron cuenta de que una modificación en la forma de respirar transforma la mente, ese es el énfasis de la clase, desde ahí brota lo físico”, cuenta César Riquelme, trabajador social y profesor de Hatha Vinyasa.

En su propuesta, Ansu Yoga, combina los elementos que considera más beneficiosos: comienza las sesiones con una meditación, a veces lee un sutra (enseñanza budista), y luego da paso a la práctica física intensa en la que también incluye aspectos del Yoga Ashtanga por su exigencia. “Trato de que las personas exploren sus capacidades, pero que al final entren en un estado de relajación, que puedan sentirse”, comenta César. Además, complementa sus clases con nutrición ortomolecular.

“La respiración tiene una conexión directa con el sistema nervioso, cuando empiezas a tener respiraciones largas, profundas y conscientes, y las llevas a tu día a día, ocurre la transformación”, sostiene Andrea.

Yazmín Cardoso cuenta que en sus clases de Yoga Kundalini realizan un ejercicio para eliminar toxinas y cambiar el pH de la sangre llamado respiración del fuego, que le transforma el cuerpo y la hace sentir completamente renovada y relajada.

Pero la enseñanza más valiosa que rescata es la humildad: “el cuerpo es un templo, tienes que respetarlo, tenerle paciencia y no forzarlo, por eso todo el mundo puede hacer yoga, no hay que obligarse a realizar la postura perfecta de inmediato, ni tomárselo como una competencia, es un desafío con uno mismo, es un trabajo individual, aunque se comparta el espacio con otras personas para que la energía fluya”, dice.

Es la honestidad de saber hasta dónde llegar en cada clase, aceptando el proceso y el yoga como el camino que es. Un conocimiento que se remonta a más de 5 mil años, y que en la actualidad suma cada vez más adeptos que deciden explorar su cuerpo y espíritu, dando pasos del miedo al amor, de la separación a la unidad.