Vacaciones en formato individual

Viajar sola: panorama perfecto

Las vacaciones en familia o con amigos pueden funcionar, pero ¿te pasó que alguna vez resignaste un destino o un panorama por no tener compañía? Las vacaciones en solitario son superiores a cualquier otra y cinco mujeres relatan por qué.

Por Consuelo Arévalo O.

Casi ninguna actividad es más personal que viajar. Porque, aunque se trate de un viaje en grupo, las experiencias que ofrece nunca son totalmente compartidas, así como tampoco se repiten por más que el destino sea frecuente.

Pero, ¿qué tan diferente es un viaje en compañía de uno en solitario? Quizás la primera instancia que distingue un viaje individual tiene que ver con cómo se vive el día a día en otro país o ciudad: los planes del viaje están sujetos únicamente a la voluntad de su protagonista, o al devenir de la aventura si es que así lo determina.

La misma independencia en relación a los destinos aplica para la administración del dinero. Esto, porque salir a comer al restaurante de moda o almorzar un sándwich de supermercado son opciones igual de válidas si dependen sólo de ti.

Aún así, muchas veces la idea de viajar sin compañía, sobre todo para las mujeres, queda sólo en un proyecto por temores o prejuicios sobre los riesgos que conlleva. Aquí te mostramos que son sólo el vaso medio vacío de una experiencia única y llena de ventajas.

Preparar el viaje

En principio, se trata de una práctica cada vez más común y extendida entre las generaciones de 20 o 30 y tantos. Y dado que Internet es el principal espacio de este grupo, allí hay múltiples plataformas web que orientan al viajero en relación a los mejores precios para pasajes de avión (Skyscanner, Despegar.com u Opodo), o sobre las diversas posibilidades de alojamiento (Booking para hotel o hostel, o Coachsurfing para dormir gratis en el sillón de alguno de los miembros de esta comunidad virtual internacional).

Específicamente para las mujeres viajeras, hay además comunidades digitales como el grupo de Facebook “Sororidad viajera y alojamiento feminista LATINOAMERICA”, compuesta por mujeres de diversos países que se agrupan para compartir datos sobre hospedaje, transporte, lugares para comer, tips de seguridad y otras informaciones de utilidad para recorrer América Latina.

En el caso de Beatriz Díaz, la planificación de un viaje individual por Europa usando estas herramientas aseguró una experiencia tan enriquecedora como segura y cómoda: “Para preparar el viaje usé Maps.me, una app muy útil que te permite descargar el mapa actualizado de la ciudad mientras tienes wifi, y luego el celular actúa como brújula para poder recorrerla” explica y agrega que “la gran ventaja de viajar sola es que una maneja su espacio. Definitivamente es mejor hacerlo sola porque logras reconocer que puedes valerte por ti misma en cualquier parte del mundo si te organizas bien y si te sabes comunicar o estás dispuesto a hacerlo dependiendo del destino”.

Sin embargo, las posibilidades para viajes individuales son tan estimulantes en el exterior del país como en Chile. A los 23 años, Victoria Valdivielso eligió un destino nacional para sus primeras vacaciones autónomas: “Mi experiencia de vacaciones sola en Chiloé fue maravillosa, mucho mejor que otros viajes en grupo, eso porque no importaba si me perdía o si quería quedarme más tiempo en un lugar porque solamente tenía que consensuarlo conmigo”. Y agrega que conoció “a personas con las que quizás acompañada no me abría topado. Uno de ellos fue el pintor Draco Maturana (uno de los primeros egresados de la Facultad de Bellas Artes de la U de Chile) que dibujó una obra en mi servilleta. Estábamos ambos en un café mirando al mar… él falleció a los meses después y yo guardo hasta el día de hoy su obra”.

Más razones para vacacionar sola

No es que las vacaciones en compañía no tengan ventajas, no obstante, para Daniela Rivarola, un viaje contigo misma plantea toda una serie de situaciones nuevas que difícilmente se dan en grupo y que son incomparables. “Yo siempre he viajado con mis grupo de nueve amigas, y todas las decisiones que se tomaban (desde dónde iríamos de vacaciones, hasta lo que comíamos durante el viaje) se tomaban por votación de la mayoría” y, aunque Daniela subraya lo bueno de viajar con amigas, también destaca lo positivo de haberlo hecho por su cuenta durante su viaje a Bahía, en la costa noreste de Brasil: “Viajar sola es distinto porque tú te manejas el día, la agenda, qué quieres hacer o ver cada día, y al estar sola también estás abierta a conocer más gente. Me pasó que esta vez conocí mucha gente, fui a los lugares que yo quería conocer y si un día no tenía ganas de hacer nada no hacía nada”.

Tampoco es lo mismo repetir un destino en formato grupal e individual, porque es posible establecer comparaciones incluso más precisas. Josefa Bustos, quien ha tenido la oportunidad de viajar sola y acompañada a las mismas ciudades brasileñas (Río de Janeiro y Buzios), coincide con las experiencias anteriores que destacan la primera opción.

Josefa considera que ambos tipos de viaje entregan experiencias positivas: “En el caso de los viajes en compañía, algo fundamental es que una tiene la oportunidad de compartir lo que estás viviendo, ya sea bueno o malo: los viajes tienen de dulce y de agraz y es bueno tener a quién acudir” y explica que en un viaje es posible tener “la intención de explorar, de aventurarse y hacerlo en compañía a veces lo hace más simple y cómodo, yo al menos me sentía más segura. También es útil para acompañarse y ayudarse cuando se visitan países donde no se domina el idioma o donde sólo un mapa puede guiarte; en esos casos ir de a dos o más puede facilitar las cosas”.

Pero en cuanto a las vacaciones sin compañía –o, al menos sin compañía predefinida– Josefa es clara: “Yo las recomiendo 100%. Creo que existe un prejuicio con respecto a los riesgos que se corren cuando una anda sola en el extranjero, pero lo cierto es que entrega cosas tan valiosas como la oportunidad de poder auto conocerte, saber cuáles son tus límites, qué es lo que te gusta y poder atreverte” relata Josefa, y explica que “tiene mucho que ver con eso, con el desafío de saber plantarse en un lugar sólo con tus ganas, sin descansar necesariamente en otro. Creo que es muy enriquecedor este tipo de viaje, además nunca estás solo realmente, por mucho que hayas llegado al lugar sin compañía. Es tan atractivo para el otro como para uno mismo darse la oportunidad de conocer más personas, de conversar, de atreverse más, en fin. Creo que lo fundamental acá es el autoconocimiento, el saber de lo que uno es capaz y de disfrutar porque uno quiere hacerlo”.

Y es que, en el caso de Josefa Bustos, su verano de 2017 transcurrió en un lugar antes visto, pero con la variante de que esta vez quiso hacerlo en solitario: “Decidí viajar sola porque había terminado recién un intenso período laboral, busqué compañía y a esas alturas del verano nadie tenía las posibildades económicas y de tiempo para iniciar esas vacaciones conmigo así que prácticamente de un día para otro compré los pasajes y partí. Decidí viajar sola porque no quería perderme de pasarlo bien ni mis vacaciones por no tener compañía así que decidí vivirlo igual por mi cuenta”.

Un poco más allá del turismo

La experiencia de las vacaciones individuales alcanza, quizás, su punto límite al momento de pasar de unos cuantos días a meses o incluso, años. La decisión de vacacionar en otro país puede ser la antesala a la decisión de establecerse en el extranjero, y ese es precisamente el caso de Angélica Campillo.

Angélica conoció Uruguay casi un año antes de irse a vivir ahí. En ese minuto todavía no sabía que Montevideo sería su nuevo hogar, pero ya han pasado tres años de esa decisión y no puede estar más convencida de que fue la mejor idea.

De todas formas, no todo ha sido fácil en este período. Migrar es un proceso complejo, se haga en pareja, con amigos o individualmente, pero Angélica ya se había aproximado a esta vivencia cuando dejó su ciudad natal para radicarse en Santiago “donde todo era nuevo y tenía que empezar todo de cero, pero quería hacerlo en otro país. Aunque el ideal infantil de hacerlo incluía hacerlo con alguna pareja o algún amigo o amiga que compartiera mi proyecto, cuando identifiqué el momento en el que me sentí preparada para hacerlo, me di cuenta de que nadie más a mi alrededor estaba en la misma sintonía porque mis amigos y amigas no tenían el proyecto de cambiar de país”.

En ese minuto, a Angélica se le presentó la instancia para volver real una idea que venía trabajando hacía mucho. “Para no caer en verlo sólo como un proyecto, tuve acciones concretas y lo primero que hice fue venir de viaje a Uruguay un verano y al volver, comencé a ahorrar y a hacer los trámites con un plazo de un año para radicarme definitivamente en Montevideo” relata y recuerda que “me sirvió empezar a contarlo como una realidad, aunque la gente no me creía mucho y cuando se acercó la fecha de viaje, compré los pasajes y lo concreté”.

Así, comenzar una nueva etapa en un lugar lejos de casa tiene muchas más ventajas que desventajas. Esto porque, según Angélica, incluso los obstáculos proporcionan invaluables herramientas: “Incluso en las cosas más cotidianas hay muchas diferencias y fue un proceso difícil pero eso mismo se convirtió en nuevas habilidades que pude desarrollar. En ningún caso se compara al malestar de permanecer a un lugar del que te atreves a salir o un trabajo en el que no quieres estar, porque esa incomodidad en realidad forma parte de la experiencia de migrar a un lugar desconocido y nuevo”.

Además, agrega que “muchas veces las personas consideran que cambiarse de país es algo muy definitivo y que es un movimiento sin vuelta atrás, pero justamente haber migrado te permite tener más perspectiva y aprender que esas decisiones por más grandes que se vean, pueden volver a cambiar: volver a Chile o migrar nuevamente a otro lugar son siempre opciones válidas y ya sé que tengo la capacidad y la autonomía para hacerlo”.

Y es que, si de explorar nuestras propias capacidades se trata, viajar por vacaciones o por tiempo indefinido abre todas las opciones posibles para hacerlo. “Ya estoy hace tres años viviendo en Montevideo y sigo viviendo nuevas experiencias, buenas y no tanto, pero aún en situaciones más complejas de salud o familia o situación económica, yo sigo eligiendo esto. Creo que soy una mujer distinta gracias a esta experiencia y me gusta haberme atrevido porque hay cosas que ni en años estando en Chile hubiera aprendido al nivel que las aprendí aquí. Me siento bien con la decisión que tomé y se mantiene”, concluye la psicóloga y fotógrafa chilena radicada en Montevideo.

Sea por el motivo que sea, lo cierto es que ir de viajar sin compañía está muy lejos de ser una experiencia incómoda. Además de ofrecer la libertad de vivirlas a la manera de cada uno, las vacaciones en solitario habilitan un espacio ideal para compartir con uno mismo, conocerse, atreverse, desafiarse y por sobre todo, disfrutar plenamente y sin limitaciones.