Una mujer entre dos mundos

Shannon Scott Bilbao: De la arquitectura al arte un solo paso

Con solo 29 años, esta profesional ha hecho una excelente carrera como arquitecta, pero también ha desarrollado la pasión que desde siempre la acompañó, el dibujo y la pintura, que se ciñen a su vida en cada momento. De su historia, sus amigos y los viajes que ha hecho junto a su marido, el productor penquista Franco Cichero, nos contó en esta entrevista.

Por: Virginia Torres M. / Fotografías: Francisco Méndez R.

Desde muy pequeña se inclinó por las artes, le gustaba dibujar todo tipo de cosas y ya en la enseñanza media, pidió por favor a su profesora del colegio que le enseñara a pintar con óleo. Hoy tiene 29 años, es arquitecta, pero nunca ha podido dejar de lado esa afición, que la mueve y la lleva muchas veces a retraerse, pese a que su constante sonrisa y chispa, muestran la gran alegría que proyecta en su entorno.

Shannon Scott Bilbao es penquista, pero pasó casi toda su infancia y adolescencia en Arauco, hasta donde llegó junto a su familia y por trabajo de su padre Michael, ligado al sector de maquinaria. Para ella era una burbuja, como vivía a las afueras del pueblo, solía correr entre árboles y animales; y aunque hoy reconoce entre risas que solo eran Eucaliptos, asegura que su mundo imaginario fluía en ese bosque.

“Había un cerro donde jugábamos con tierra, o casas en construcción donde me metía a jugar, siempre inventaba algo. Era la época sin teléfono, sin computador y estábamos desconectados. A mí me tocó ser millenial cuando ya estaba en la media, fue casi como ‘por favor, por favor’ quiero un celular, y era muy difícil tenerlo, internet menos, porque más encima estaba fuera de Arauco mismo, entonces solo tenía cinco canales de TV para ver”, recuerda entre risas.

Los inicios de una autodidacta

Es enfática en declararse autodidacta, y aunque también comenta que le hubiese encantado decir que sí es artista visual, la verdad es que no ha hecho estudios formales. “Lo mío es muy de estudio en la casa, siento que estoy aún en un momento de estudiar la pintura, las formas del rostro, porque me gustan muchos los retratos, experimentar con la textura, quizás no a un nivel académico, pero sí de análisis”, asegura.

¿De qué manera se desarrolla en ti ese gusto por el arte a tan temprana edad?

Creo que lo que más me marcó fue una vez cuando niña fue una vez que, no recuerdo que edad tenía, pero debía pintar un árbol e hice ese paisaje con una nube arriba y el árbol que uno pinta verde y el tronco café. Estaba en eso cuando llegó mi papá, me pasó muchos otros colores y empezó a decirme dónde debía darle sombra, textura, yo era súper niña, pero creo que eso desarrolló en mi algo especial con los colores, me gustan muchos los matices y recuerdo ese momento.

¿Entonces tu papá también tiene esta afición?

Mi papá dibujaba, no pintaba, aunque igual lo tenía un poco oculto, recién ahora que he crecido me ha mostrado su trabajo y realmente es bueno, creo que es algo totalmente genético -dice riendo y agrega- solo que yo lo desarrollé y mi papá lo dejó de lado, aunque siempre está ahí y critica: “que esa nariz está chueca”, “te faltan sombras debajo de ese ojo”, los dos somos autodidactas.

Shannon siente que su talento es un don, que cualquier persona podría ser capaz de cultivar y en ese sentido defiende la importancia de desarrollar la imaginación en los niños. “Si te fijas en trabajos artísticos de niños, hay mil colores y formas, pero luego en el colegio los norman y estructuran, pierden esa capacidad artística, y aunque hoy se ve un desarrollo más potente en los colegios, realmente antes tenía 0 importancia, yo tuve que pedir por favor que me enseñaran, y mi profe feliz, pero en el programa del colegio y el sistema no estaba considerado, siento que eso es súper importante, falta hacer algo al respecto”.

En el colegio sufría en ramos como Biología o Química, “no entendía nada”, dice riendo, y un poco avergonzada admite que casi todos en su familia son del área científica. Su mamá, Miren Bilbao, es química farmacéutica y su hermana Josephine dentista, el más pequeño, Xabier, estudió ingeniería comercial, y por último Mikel, que cursa medicina en Santiago. “Lo mío era la matemática, la física y el arte, luego tuve que estudiar Historia porque me lo pedían en la PSU, y creo que fue bueno dedicarme a eso, siento que con el tiempo y a la vez que uno madura, es necesario aprender y culturizarse, uno va creciendo también en ese sentido”, reflexiona.

Su vida penquista

Ya más de 10 años viviendo en la ciudad, le permiten a Shannon apreciar los cambios que hoy vivenciamos como penquistas, y más allá de la arquitectura, alude también a cómo nos gusta vivir hoy. “Concepción ha crecido bastante, hoy mucha gente se está quedando a vivir aquí, antes todos venían a estudiar y se iban, hoy la gente quiere tener un buen café donde ir, un bar rico donde disfrutar, que el parque esté bonito, que existan ciclovías, la gente sin duda está pidiendo más desarrollo a nivel ciudad y se nota”.

Pese a que Shannon vivió hasta los 18 años en Arauco, en un momento –dice- sintió que necesitaba volver a reencontrarse con la ciudad donde nació. “Mi alma lo pedía

-bromea-. No, no sé, creo que tenía que conocer a lo que venía, en Arauco no hay universidades, por lo tanto, sabía que en algún momento iba a tener que vivir acá”.

¿Sentiste quizás que la vida era muy monótona en Arauco?     

Yo amo a Concepción, y la verdad es que en esos años con suerte venía una vez al mes al dentista (ríe), casi como un evento… Arauco es muy pequeño y el colegio era más chico todavía, toda la vida los mismos, había poca gente que llegara o que se fuera, entonces la verdad es que a esa altura me aburría mucho, así que cuando estaba en 3ero medio me inscribí en un preuniversitario en Conce y en realidad me gustó la vida acá, así que cuando terminé el colegio me vine a vivir al tiro para acá.

¿Cómo fue ese cambio?

La ciudad la conocía en un sentido familiar, nunca tuve un grupo de amigos acá, por eso sin duda la universidad ha sido la mejor época de mi vida, mis compañeros son mis amigos hasta el día de hoy, y ese tiempo en la facultad de Arquitectura de la Universidad del Desarrollo, que estaba en Pedro de Valdivia, que era un edifico para nosotros solos donde nos conocíamos todos, fue realmente un tiempo inolvidable.

Y tu cambio personal de pasar de una vida a otra súper distinta…

(Ríe) La verdad es que yo era súper piola en el colegio, mis compañeros se van a reír, pero es cierto, y todavía soy tranquila, pero me encanta compartir, valoro mucho la amistad y me dedico a cultivarla. Además, todos nos dedicamos a los mismo, y aunque tenemos distintas áreas es una red de apoyo importante también en lo profesional.

Del arte a la arquitectura

¿Y por qué decidiste estudiar arquitectura y no artes?

La verdad es que quise estudiar arte, pero sabiamente mis papás me dijeron “estudia cualquier cosa primero, porque no quieres transformar el arte en tu trabajo y que luego se te quite el gusto por hacerlo” … y bueno, como ya estaba bien en matemática, un poco engrupida y arquitectura siempre fue mi segunda opción, me decidí por esa carrera, que la veía como algo que tenía que ver con manualidades, aunque después me di cuenta que la maqueta era lo de menos (ríe).

¿Cómo ves hoy el haber tomado esa decisión?

Súper bien, me encanta lo que hago, porque la arquitectura tiene muchas áreas distintas. El trabajo es tangible y también estructurado, y la pega que hay detrás es súper linda, investigando y dándole un sentido, siento que tiene ese lado romántico y me gusta mucho.

Shannon gusta mucho el trabajo de urbanismo, de observar la ciudad y darse cuenta de lo importante que es tener una acera de buen ancho o considerar árboles en cualquier propuesta. “También admiro mucho el trabajo de la agencia holandesa MVRDV, ellos trabajan con volumetría y colores, es una obra muy llamativa. Quizás eso falta acá, aunque en Concepción se está moviendo más el tema, ya han aparecido proyectos más arriesgados (…) siento además que a veces también dan ganas de no ver tanto edificio cuadrado”, reflexiona.

Entre otras cosas que han marcado su carrera, recuerda una asignatura de plástica que tuvo en la universidad, la que asegura nunca entendió bien, pero con el pasar del tiempo y su recorrido por la ciudad, le permitió comprender la importancia de una composición para diseñar. En ese momento recuerda el edificio “Mirador Central”, ubicado en Aníbal Pinto 266, una llamativa construcción que juega con colores y bloques en su fachada, y que fue diseñado por el connotado arquitecto, pintor y escultor, Jorge Labarca, quien falleció lamentablemente hace pocas semanas. “Cuando ves ese edificio, su composición y los bloques que hay en su fachada, te das cuenta que es igual a un cuadro de Mondrian, me parece muy bonito tomar esos referentes, mezclar y pensar en posibilidades”, comenta.

Su vida artística actual

Bajo el nombre de “Flacart”, la arquitecta da a conocer sus trabajos a través de Instagram, nombre que eligió debido al seudónimo de “flaca”, como la llaman sus amigos.

¿Cómo es en el cotidiano tu trabajo como artista?

Trabajo harto, pero también tengo altos y bajos, a veces no quiero pintar nada en dos meses, enojada también conmigo porque nada me inspira, y otras veces estoy haciendo muchas obras a la vez (…) pero la verdad es que no lo veo como un negocio, he vendido, pero no es una prioridad para mí.

Ya el año pasado, expuso por primera vez más profesionalmente en Galería de los Ocho, lo que fue una gran experiencia. “Ahí todos son artistas plásticos, y uno de los pintores que estaba, debe haber tenido unos 80 años, capísimo, se me acercó y me dijo ‘¿por qué no pusiste plomo acá?’, (…) y me empezó a dar una clase de cómo el plomo combinaba bien con el resto y podría generar mejor que el azul… la verdad es que yo quedé con ganas de estudiar, pero algo que me da un poco de miedo, no sé…”

La pintura es una terapia personal para ella, en la que su set list de Joaquín Sabina, el cantautor español con que le gusta acompañarse mientras trabaja, y su pasión, la hacen mantener esta “relación” con el arte, la que describe como muy intuitiva. “Es como un pololo -ríe- estamos bien…, nos peleamos, nos encantamos denuevo, me pone a prueba y me ayuda a lidiar con la frustración”, dice.

En este camino, Renoir, Claude Monet, Cézanne y Edgar Degas, grandes pintores que protagonizar la serie de la BBC, “Los Impresionistas”, son también sus principales referentes en este oficio que escogió por amor desde que era una niña.

Este 2018, la arquitecta ya cumplió cuatro años trabajando en la Inmobiliaria Fundo El Venado. “Ha sido una super buena escuela, he aprendido un montón trabajando en proyectos muy interesantes, es un excelente lugar para crecer”, afirma.

El amor y viajar junto a él

Hace un año y medio se casó con Franco Cichero, el destacado productor penquista, a quien conoció hace seis años en el cumpleaños de una amiga. Luego de una salida a bailar y varios paseos de fin de semana, se pusieron a pololear y tras dos años más decidieron vivir juntos.

En este tiempo han viajado a muchos lugares, entre ellos París y Viena, dos capitales que se convirtieron en sus lugares favoritos en el mundo. “Estamos en una parada de casi trabajar para viajar, es algo que me ha hecho crecer en todo sentido”.

¿Cómo es estar casada con Franco Cichero? es obvio que debe estar super ocupado siempre…

Es complejo -ríe- ese teléfono suena todo el día y tiene un ringtone que me tiene mareada –bromea- y sí, corre todo día, anda siempre de allá para acá, pero no es problema para mí, así nos conocimos, ninguno de los dos fuerza nada y creo que hemos andado super bien.

¿Cambió algo después de casarse?

No sé, siento que ha sido igual que siempre(…) lo hicimos yo creo que por tradición, uno siente que va quemando etapas, y así como dicen que da lo mismo casarse, entonces ¿por qué no hacerlo?, aunque aún estamos planeando el matrimonio por la iglesia -ríe- pero no estamos presionados con nada, queremos viajar más, quizás a Grecia y Croacia…

Shannon se siente plena y segura, aunque también quisiera tener más tiempo para trabajar, por ejemplo, en los marcos de sus cuadros, desarrollar y aprender mucho más sobre el arte que tanto le gusta, pero lo cierto es que esta profesional está clara, y asegura que no tiene apuros, por ahora.