Un viaje en el tiempo:
Patrimonio del carbón

Con una marcada identidad minera, Lota es la comuna que más reconocimiento patrimonial tiene en Chile. Once monumentos históricos, dos arqueológicos y una zona típica dan cuenta del pasado minero de la comuna, que debió reconvertirse manteniendo la convicción de pasar desde la otrora ciudad industrial a una donde el turismo es el futuro y la esperanza.

Por Cristina González G. Fotografías Claudia Vega I.

Fundada en el año 1662, desde el siglo XIX hasta el XX, Lota mantuvo un gran predominio económico y social en el país. Fue una ciudad minera y productora de riqueza energética, con una fuerte base sindical que visibilizó las duras condiciones de trabajo mantenidas por los mineros y el precario estatus de vida de sus familias. Base que se busca preservar en la actualidad.

Aunque con una historia industrial no sólo basada en el carbón y que además comparte con otras comunas como Coronel, Lebu y Curanilahue, sin duda, la identidad minera está arraigada completamente a lo que significa ser lotino, una que se vio en jaque en abril de 1997, cuando La Empresa Nacional del Carbón, ENACAR, decidió cerrar definitivamente el mineral de Lota Schwager, y aún cuando fue una decisión que produjo resquemores, paralizaciones, huelgas y una marcha a Santiago, no tuvo vuelta atrás.

Posteriormente, sus compañeros en la historia del carbón también cerrarían sus minas, Curanilahue lo haría en 2006 y Lebu en 2008.

La historia carbonífera de Lota ya mantenía antecedentes de su debilitamiento desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando se observaba que la demanda del mineral disminuía lentamente y aumentaba el consumo del petróleo y sus derivados, desplazando al carbón como primera fuente energética.

La decisión de 1997 trajo consigo programas e iniciativas para una reconversión laboral de los mineros. Una que fracasó completamente, sumiendo durante largos años a su población en el desempleo y una importante migración.

Su historia es de luchas sindicales, injusticias laborales y un fuerte paternalismo empresarial. Las últimas dos décadas han sido duras, pero hace algunos años se apuesta fuertemente por el reconocimiento de su pasado minero, uno que puede convertir a Lota en un polo de turismo patrimonial de la Región del Bío Bío.

La conservación patrimonial es la urgencia. Son once monumentos históricos, dos arqueológicos y una zona típica los declarados por el Consejo de Monumentos Nacionales: Lota Alto como Zona Típica en 1926, Fuerte de Lota (1926) y el Fuerte de Colcura (1977) como Monumentos Arqueológicos e Históricos, el sector Chambeque (2014), las edificaciones ligadas al bien social de la Compañía Carbonífera Industrial de Lota Gota de Leche (2012) y Desayuno Escolar (2012), la Torre del Centenario de Lota (2010), el Parque Isidora Cousiño (2009), la Mina Chiflón del Diablo (2009), Pabellón 83 (2009), Teatro del Sindicato N°6 (2009) y la Planta Hidroeléctrica de Chivilingo (1990), como Monumentos Históricos.

Esta urgencia ha encontrado asidero entre las autoridades lotinas. En junio de este año varias instituciones públicas firmaron el convenio, “Plan Lota, sitio de patrimonio mundial”, que busca relevar y proyectar a Lota para alcanzar el estatus de Valparaíso como Patrimonio de la Humanidad.

En este convenio se acordó mantener los hitos que ya están en valor, como el Parque Isidora Cousiño y la Mina Chiflón del Diablo y además recuperar el sector El Chambeque, donde se sitúan las ruinas de ENACAR, en un proyecto que contemplaría también la recuperación de sus archivos. Estos dan cuenta de la historia de la mina desde sus orígenes hasta el cierre.

Y en este renacimiento de la historia lotina, queremos destacar uno de sus hitos más esperados: la reconstrucción y apertura del Teatro de Lota Alto, además de la inauguración de un Museo Geominero para el 2020 y el trabajo del centro cultural que funciona en el monumento nacional, Pabellón 83.

La esperada remodelación del Teatro de Lota Alto

Ansiado por años, fue un sueño de sus habitantes. Con una capacidad para 800 personas, 2.400 millones de pesos invertidos por parte del Programa de Revitalización de Barrios e Inmuebles Patrimoniales de la SUBDERE (Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo) y con un 98% de avance, está próximo a abrir sus puertas.

El Teatro de Lota Alto fue un centro importante en la vida cultural de la comuna. Con un estilo basado en Art Déco, diseñado por el arquitecto Eduardo Knockaert y construido en 1944 por ENACAR, fue traspasado tras el cierre definitivo de las minas del carbón a CORFO y este en comodato a la Municipalidad de Lota.

Vasili Carrilo, coordinador de los Programas de Cultura, Patrimonio y Turismo de la Municipalidad de Lota nos comenta que su apertura podría suceder a fines de octubre. “Con la envergadura de esta obra surgieron una serie de modificaciones que deben pasar por las aprobaciones correspondientes, lo cual es demoroso. La última solicitud de prórroga que solicitó la empresa a cargo de la restauración fue de treinta días más, la entrega sería el 15 de septiembre. Posteriormente viene el proceso de recepción que debe establecer el Ministerio de Obras Públicas, con duración de al menos cuarenta días. Lo más seguro es que estará listo para finales de octubre, aunque nadie puede predecir que ocurra otro hecho, ya que algo súper importante que despertó legítimamente la preocupación de la comunidad es que surgieron algunos problemas con la pintura del teatro. La empresa para resolver ese tema planteó que era necesario que pasaran la época de lluvias. Nosotros ante la preocupación lo hemos dicho bien claro, la obra no ha sido recepcionada, tiene boletas de garantía y exigencias técnicas, el tema que ha sucedido con la pintura debe concluirse como establecen los contratos y las normas dentro del proyecto”.

Carillo, se refiere al descascarado de la pintura en la fachada del Teatro de Lota Alto, el cual se entiende por la exposición al clima y el abandono que mantuvo por tantos años el establecimiento.

Intenciones de restauración existieron desde antes: “Este proyecto se comenzó a ver el año 2009. En esos momentos, se hizo el proyecto en función de un compromiso que asumió el intendente de aquella época, Jaime Tohá González, con el alcalde de la comuna en esos momentos, Jorge Venegas. El acuerdo eran aproximadamente mil millones de pesos y en función de eso, se diseñó un proyecto que no era de la envergadura del que se está trabajando hoy en día, y que además se topó con el terremoto del 27 de febrero del 2010. Toda voluntad y decisión que existía se canceló en función de las prioridades que determinó el terremoto”, comenta.

Retomando el proyecto en 2017 y comenzando la restauración en 2018, ahora la tarea es su gestión una vez inaugurado. El funcionamiento y administración estará a cargo de la Municipalidad de Lota a través de una corporación cultural creada para el Teatro de Lota Alto, que presidirá el actual alcalde Mauricio Velásquez. Su misión es generar contenido y programación durante todo el año, lo que supone financiamiento y un plan de gestión para mantener las 800 butacas siempre ocupadas.

Lo que se espera es transformar a Lota en un centro regional de la cultura y las artes, y por qué no decir: nacional. “El plan es generar movimiento y una cartelera para la comunidad desde su inauguración. El concejo municipal está asegurando una subvención inicial para estos meses y poner en marcha a la corporación. Por lo tanto, hay que establecer una estrategia con las distintas autoridades e instituciones, en función también de buscar recursos para su funcionamiento. El Teatro Regional del Bío Bío recibe una subvención de parte del Estado de aproximadamente 1.000 a 1.200 millones de pesos anuales, entonces uno se pregunta por qué el Teatro de Lota Alto no podría recibir una subvención durante dos o tres años que nos permita llegar a un punto de equilibrio financieramente, hablando en los términos de su modelo de gestión, una de 200 o 250 millones de pesos”, propone Vasili Carrillo.

“Lota tiene la característica importante desde el punto de vista patrimonial, histórico, cultural y turístico de ser una comuna importante, una ciudad cultural. Creemos que el teatro puede transformarse en un hito, en un centro importante de acción artística”.

Pabellón 83

Misma visión mantiene Pamela Uriarte, directora ejecutiva de Fundación CEPAS, entidad encargada de la administración de Pabellón 83, Monumento Nacional declarado en 2009. La construcción es de 1915, como una serie de departamentos de tres tipos que albergaban a 20 familias obreras.

Pabellón 83 funciona como un centro cultural comunitario desde el 2005, con una programación gratuita, contando con exposiciones artísticas e históricas que buscan rescatar y preservar la cultura minera y la identidad local. “El año 2003 nos entregan Pabellón 83 a Fundación Cepas para administrarla y recuperarla como un centro cultural”, sostiene Pamela. “Es un centro que no solamente desarrolla actividades artísticas y culturales en su interior, sino que trabaja mucho en las comunidades, en distintos territorios y espacios educacionales. Tenemos un programa que se llama ‘Lota, puertas afuera’, vamos en nuestra biblioteca móvil a otras comunas y llevamos lo que se hace acá, tanto el tema de ladrillos, cerámica, patrimonio culinario, una exposición de doce cuadros con los doce monumentos que existen en Lota y también libros de nuestra editorial que tienen relación con el rescate de la identidad y el patrimonio de la comuna”, expone.

“Lota es una comuna que anteriormente tenía su oro bajo la tierra que era el carbón. Ahora su gran tesoro es todo lo que tiene que ver con la identidad, tradiciones, costumbres e historia de esta comuna. Siempre nos abocamos más que nada a lo que es el carbón, pero acá tenemos también una historia social, sindical, una arquitectura particular, una feria que funciona los 365 días del año con una diversidad de productos que no se dan en todo lugar… existen hartas organizaciones sociales, de artistas, gestores culturales y siempre estamos con esta dinámica de valorizar a la comuna”.

Compartiendo la postulación de Lota como centro turístico y patrimonial, recalca que se necesita más difusión y conocimiento del realizado en la comuna: “Yo creo que en Lota se concentra todo el tema patrimonial, pero también tenemos una riqueza natural tremenda, una historia que trasciende a nivel país. Desde esta comuna se crearon los primeros movimientos sociales, se luchó por las ocho horas laborales, fue la primera comuna que tuvo luz eléctrica, entonces hay mucho acá y muy poco lo que se ha dado a conocer. Sí, Lota debiese ser el centro turístico de Concepción, de la Región del Bío Bío, pero hay poca difusión. Tuvimos la idea de generar un circuito turístico de toda la comuna, destacando los puntos de mayor atractivo que se pueda realizar en medio día y terminar en algún lugar comiendo algo típico, pero hace falta aunar fuerzas, de la sociedad civil, de los vecinos, generar espacios en su casa para recibir visitantes, hay hartas alternativas. Se deben generar todas estas ideas, un plan a nivel comunal, siento que ahí hay que liderar un proceso que tengan estos objetivos”, sostiene.

Museo geominero para el 2020

Casi toda la historia asociada a la localidad tiene relación con la familia Cousiño. El circuito Lota Sorprendente mantiene la administración de la Mina Chiflón del Diablo, el Parque Isidora Cousiño y el Museo Histórico de Lota.

Elías Freire, director ejecutivo del circuito Lota Sorprendente, destaca las gestiones para restaurar y conservar edificios emblemáticos del parque: “En concreto ya se han restaurado dos edificios importantes que son el Conservatorio de Plantas y el Observatorio Meteorológico. Y a partir de este año, a través de la gestión con CORFO como dueño del inmueble, se viene lo que es la restauración del edificio Jacarandá y el Kiosco Chino”, acota.

Además de estas restauraciones, para el 2020 se contempla la apertura del Museo Geominero Subterra, un proyecto que se comenzó a desarrollar en 2016 y que busca generar un nuevo espacio de atracción turístico y patrimonial. Bajo un modelo de aprendizaje creativo sus visitantes podrán explorar conocimientos de la geología y la minería y su implicancia histórica regional y nacional.

Con una inversión cercana a los $247 millones de pesos a 2021 y 450 metros cuadrados, el Museo Geominero contará con un área de servicios para público, área de administración y tres salas temáticas con exposición permanente, las que recibirán a unas 60 mil personas al año.

“El proyecto nace como una iniciativa local que formará parte del Circuito Lota Sorprendente, manera de otorgar un espacio interactivo de divulgación científica e histórica sobre los eventos geológicos que formaron los mantos de carbón de la Cuenca de Arauco y los procesos de industrialización de la actividad minera en la Región, siendo la puesta en valor del patrimonio natural del Monumento Nacional ‘Mina Chiflón del Diablo’ y la industria carbonífera del siglo XIX. Para desarrollar este modelo, se convocó la participación de diversos actores del medio, que permitieran evaluar y potenciar su implementación. De esta forma se constituyó un comité técnico compuesto por académicos y profesionales de la geología, historia, educación y patrimonio; quienes aportan con su experiencia a construir esta propuesta”, sostiene Elías Freire.

“Al día de hoy, por la cantidad de visitas, la importancia que tiene, sus monumentos, Lota es la ciudad turística patrimonial más importante de la Región del Bío Bío, lejos. Eso es evidente”, finaliza.

Ruinas de Enacar: El patrimonio industrial que se cae a pedazos

A la vez que destacamos los avances en el desarrollo patrimonial y turístico de Lota, terminamos haciendo hincapié en un monumento nacional que está desapareciendo entre las ruinas. Y, aunque se anunció el rescate de la estructura de ENACAR en el programa “Plan Lota, sitio de patrimonio mundial” y la recuperación de su archivo, urge la recuperación de este patrimonio industrial, el que se encuentra en avanzado estado de destrucción.

En el sector Chambeque, custodiado por guardias se contemplan los cerca de veinte edificios de la otrora empresa. Guillermo Nepe, quien trabaja hace seis años vigilando el recinto, trabajó en la empresa entre 1974 y 1992, él, así como muchos otros trabajadores del carbón, mira con melancolía las ruinas y escombros de su ex fuente de trabajo. Una que parece que encontró su momento de salir del silencio.

Las ex dependencias de ENACAR parecen una ciudad fantasma, pero no todo está olvidado. Hasta ahora.