Un país envejecido:

¿Quién cuidará a los adultos mayores?

Las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas obtenidas en el último censo, arrojaron una realidad innegable: Chile está envejeciendo a pasos acelerados. Si bien en 1992, los adultos mayores representaban un 6,6% de la población, este porcentaje aumentó a 11,4 en 2017. De acuerdo a la Oficina de Censo de EE.UU., la cantidad de personas mayores de 65 años en nuestro país, se triplicará en 4 décadas; un proceso que en Francia tardó 157 años, acá demorará 42.

El 5 de febrero de este año, la prensa dio a conocer el caso de una pareja que residía en la comuna de El Bosque, un hombre de 94 años y una mujer de 86 que decidieron suicidarse y dejaron una carta en la que manifestaban que estaban cansados de vivir con las enfermedades que les aquejaban. Si bien sus hijos y nietos nunca los abandonaron, ellos querían dejar de ser una “carga” para su familia.

No son pocos los adultos mayores que han tomado esta decisión, cuyas razones pueden ser múltiples, pero la realidad es que este grupo etario tiene la tasa de suicidio más alta en el país. Entre 2010 y 2015, 933 personas mayores de 70 años se han quitado la vida en Chile (INE).

Según la Organización Mundial de la Salud, Chile es el país con mayor esperanza de vida en Latinoamérica (80,5 años), pero su tasa de natalidad es cada vez más baja. Además, mientras en 1992, por cada 100 personas en edad de trabajar, había 10 personas mayores potencialmente dependientes; esta última cifra aumentó a 17 personas dependientes en 2017.

Estas cifras detonan interrogantes como si se están tomando las medidas necesarias para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores y si Chile se encuentra preparado para enfrentar esta transición demográfica acelerada.

Salud

La salud se considera el eje principal para garantizar una buena calidad de vida, tanto en medicamentos, sistema de salud y atención preferencial. Lo ideal es que las personas lleguen en las mejores condiciones posibles a su última etapa.

Para la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile, es urgente la necesidad de encausar la salud de las personas mayores hacia la geriatría, rama de la medicina que estudia, previene, diagnostica y trata sus enfermedades de forma integral.

Según la Dra. Claudia Sáez Flores, miembro de esta sociedad, médico internista y especialista en geriatría de la U. de Chile, es necesario que una persona asista al geriatra si tiene más de 65 años, y padece condiciones que complican su calidad de vida, como enfermedades crónicas, uso de múltiples fármacos, depresión, problemas de memoria, disminución de la visión y/o audición, caídas, problemas para caminar, incontinencia de esfínteres, osteoporosis, o entre otras que pongan en riesgo su capacidad funcional, es decir, que requieran del cuidado de terceros. Esto no excluye que personas de menos edad se puedan realizar un chequeo médico de forma preventiva y anticipada para envejecer mejor.

En el país no existe una real consciencia sobre esta rama fundamental: “Esto se debe principalmente a la escasa sensibilización y capacitación en los estudios de pregrado de las universidades formadoras de médicos; y también en la sociedad, que aún no visibiliza la necesidad de atención especializada para personas mayores”, menciona Claudia Sáez, quien además es jefe de la Unidad de Geriatría del Hospital Las Higueras y profesora en la Facultad de Medicina UdeC.

Envejecimiento positivo

Los estereotipos hacia los adultos mayores, tienen que ver con la forma en que las personas perciben sus propios procesos de envejecimiento. Un estereotipo negativo podría asociar envejecer con estar enfermo, ser lento, menos capaz, triste o con poca energía, esto puede llevar a que las personas se comuniquen con los mayores como si fueran niños o que tomen decisiones por ellos sin considerar sus opiniones, sobre todo si la persona presenta limitaciones en su funcionalidad.

Por otra parte, los estereotipos positivos consideran que las personas mayores se encuentran en una etapa dorada, de sabiduría y tranquilidad, lo cual también podría conllevar a que se les exija un comportamiento diferente al de los jóvenes, o se sorprendan si expresan ideas sobre su sexualidad o disfrutan de una canción en la calle.

Si una persona mayor experimenta estereotipos, ya sea positivos o negativos, podría aislarse, no expresar sus emociones, evitar pedir ayuda, entre otras (Fuente: Manual para el cuidador, www.omayor.cl).

Es necesario y fundamental alejarse de los estereotipos y sobre todo desarraigar la carga negativa que el entorno le ha otorgado a la vejez. El concepto del envejecimiento positivo es un desafío de la integración que busca mejorar la calidad de vida, transformar la visión que se tiene de la llamada “tercera edad” y mostrar que nunca es tarde. En esta misma línea, el Servicio Nacional del Adulto Mayor promueve la utilización del término adulto o persona mayor, en reemplazo de tercera edad, anciano, abuelo o viejo, que puede asociarse con una imagen negativa o discriminatoria.

Por su parte, SENAMA ha generado campañas y fondos para promover el envejecimiento positivo y activo, y se ha adherido a “Ciudades amigables”, la iniciativa de la Organización Mundial de la Salud que busca mejorar la vida de quienes envejecen de manera integral en 8 áreas: transporte, vivienda, participación social, inclusión social, participación cívica y empleo, comunicación e información, servicios comunitarios y de salud, y espacios al aire libre.

Sin embargo, la carencia de estamentos ha generado la creación de voluntariados que buscan compensar el vacío que en muchos casos conlleva el ser un adulto mayor en esta sociedad. Por ejemplo, la Fundación Oportunidad Mayor, articuladora de las distintas iniciativas que ha emprendido la sociedad civil en torno a este grupo etario.

Entre sus proyectos, se encuentra “Legados para Chile”, libros que buscan contribuir a relevar la imagen positiva de la vejez, con biografías de adultos mayores, historias de hombres y mujeres que han entregado un aporte humanitario importante a la sociedad.

Hasta ahora llevan 2 ejemplares, el primero es “La Huella de un Misionero”, que relata la vida y obra del padre Antonio Van Kessel, sacerdote de origen holandés, que lleva más de 55 años en el sur de Chile realizando trabajo espiritual, social y humano para la comunidad.

El segundo tomo es “Hacer es vivir”, que cuenta la historia de Rosmarie Prim, que desde Alemania se trasladó a Chile, y se maravilló con todo lo que había por hacer, fundó el primer jardín rural del país e impulsó la creación de las Bordadoras de Copiulemu.

Otro voluntariado es la Federación Nacional y Regional del Adulto Mayor, una organización sin fines de lucro ubicada en pleno centro de Concepción y que trabaja con las juntas de vecinos comunales. Siempre está llena de gente, las personas pasan a saludar o a tomarse un café.

Allí prestan infraestructura y organizan actividades para proyectar el envejecimiento positivo en conjunto con Mineduc, SENAMA y cajas de compensación. Realizan clases de tango, digitación telefónica, electricidad elemental, gasfitería, alfabetización, cursos para aprender a cuidar a personas postradas, e incluso han realizado fiestas de gala, donde las personas han llegado con trajes maravillosos y han bailado milonga.

También hay muchas personas que realizan creaciones artísticas y han expuesto sus trabajos en centros y galerías. En la misma oficina de la federación cuelga en grande un reconocido cuento que escribió un hombre de más de 80 años aficionado a la escritura.

Vislumbran desde la organización poder realizar un proyecto de huertos urbanos, actividades deportivas e incluso la creación de oficios y granjas ecológicas integrales para enseñar a cuidar el ecosistema en un futuro próximo. Actualmente se está analizando en cada región la posibilidad de crear escuelas artesanales para adultos mayores.

“Se está viendo la forma de integrar al adulto mayor en huertos familiares urbanos o suburbanos, conseguir una granja agrícola donde una persona que está jubilada, enferma o en su pozo de la “ancianidad”, pueda desarrollarse en la agricultura, entretenerse, aprender a mantener su casa con verduras propias y frescas y sacar provecho económico de eso, esto haría de su vida mucho más llevadera”, cuenta Raúl Muñoz, presidente de la Unión de Adultos Mayores Exonerados de la octava región y que trabaja en conjunto con la federación.

Justamente en Estados Unidos y Europa se ha implementado el senior cohousing, que consiste en pequeños barrios de viviendas colaborativas y autogestionadas, donde comunidades de adultos mayores viven en casas independientes, pero comparten espacios comunes para el uso de servicios, actividades sociales, comedores, conciertos, juegos, etc.

Núcleo familiar

Cuidar a una persona mayor no es una tarea fácil, ya que en numerosas ocasiones supone altos niveles de estrés, sobrecarga emocional y física. A veces se vive esta realidad en silencio y no siempre se cuentan con pautas que contribuyan a llevar este proceso. Así lo indica el Manual para el cuidador realizado por el Centro de Estudios de la Vejez y Envejecimiento de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Fundación Oportunidad Mayor (www.omayor.cl).

Por eso, este manual entrega aspectos esenciales en la atención de un adulto mayor, en sus cambios físicos, psicológicos, cuidados ante la dependencia, demencia, higiene, alimentación, salud bucal, servicios de salud, entre otros temas. También otorga herramientas que sirven al cuidador para estar mejor preparado, resolver dudas, dificultades y recibir apoyo.

Es muy común que las personas mayores desarrollen cuadros depresivos o de ansiedad, estrés y somatizaciones. La depresión es la más común y el principal rasgo es la apatía, es decir, el desgano que los lleva a abandonar actividades, a dejar de salir o de compartir con los demás, anteponiendo cualquier excusa para evitar estas situaciones. Los adultos que más se deprimen son los que están hospitalizados (30%), quienes residen en asilos (30%), las mujeres (16%), aquellos que tienen escolaridad baja y las personas con comorbilidad (Fuente: Sociedad de Geriatría y Gerontología de Chile).

En esta línea es importante considerar el fortalecimiento del grupo familiar para el cuidado de adultos mayores: “Creo que es esencial enseñar reconocer nuestras raíces, a valorar a los abuelos y a solucionar los problemas de la mejor manera, he visto hermanos que ni siquiera ante la posible muerte de uno de sus padres son capaces de unirse”, dice Ana María Villaseñor, secretaria de la Federación Regional del Adulto Mayor.

Cuenta que de pronto es a una a quien le empiezan a pedir exámenes, la que empieza a tener cambios físicos y/o psicológicos, y de pronto le llega la vejez: “la gente cree que es inmortal, le tenemos miedo a la muerte y no queremos pensar en eso, la única verdad es que desde que nacemos envejecemos”, sostiene.

Sin embargo, a pesar de que sí hay muchas personas que cuidan a sus parientes, no todos tienen ni tendrán familiares que puedan hacerlo. El censo de 2017 indicó que el promedio de hijos, en el rango de edad fértil (entre 15 y 49 años), ha bajado de 1.6 (2002) a 1.3 en (2017).

De acuerdo a cifras del INE, en Chile ha aumentado progresivamente la dependencia demográfica, pues la disminución de menores de 14 años y el aumento en la cantidad de adultos mayores, conllevó a que existan 17 personas mayores por cada 100 personas en edad de trabajar. A la vez, los adultos mayores han aumentado su participación en el mercado laboral informal.

Esto conlleva a una presión en las cifras de fuerza laboral, en el sistema de salud y de pensiones, por ende las políticas de estado son fundamentales. “Si el sistema de pensiones no se empieza a cambiar hoy, las personas no van a tener la capacidad para sobrevivir dignamente, mientras no haya conciencia del poder ejecutivo y legislativo, no se va avanzar, y ya desgraciadamente estamos partiendo tarde”, sostiene Eleazar Vargas Valeria, presidente regional y nacional de la Federación de Personas Mayores.

En un futuro, el avance de la tecnología y la ciencia será un apoyo, pero el trabajo debe partir desde ya. Eleazar sugiere que cada comuna tenga una casa propia, ya que son las personas mayores quienes tienen que marcar pauta de sus necesidades y éstas varían en cada región; además, sostiene que cada organización debe contar con un presupuesto municipal anual para su administración.

“Necesitamos una medida del estado chileno con una mirada política integral, se ha avanzado, pero es insuficiente, SENAMA debería ser una subsecretaría y no un organismo colaborador, eso no es acorde a la cantidad de problemas que tenemos”, concluye Eleazar Vargas, presidente de la Federación Nacional y Regional de Adultos Mayores.

Para la Dra. Claudia Sáez, es esencial reconocer el envejecimiento como un proceso natural e incorporarlo desde todas las áreas como un proceso más de vida: “hay que trabajar el concepto desde el núcleo familiar y desde edades tempranas, para lograr la concientización que debemos cuidarnos de forma anticipada para envejecer bien y considerar la evaluación integral de las personas mayores al momento de planificar acciones, en lo biomédico, en el ámbito psicosocial, brindar acompañamiento efectivo y mantenerse funcionalmente activos, como objetivo principal”, resume.