Acoso laboral

¿Trabajólicos o acosados?

En un mundo tan ajetreado y competitivo, pareciera ser normal que un amplio porcentaje de personas se defina sin rodeos como “trabajólico/a”, y peor aún, asuma estar constantemente estresado. Pero, ¿hasta qué punto el nivel de entrega es legal?

Por Gabriela Bustos P. | Ilustación Martín Ortega G.

“Primero que todo, se debe entender que la idea de conciliar los intereses particulares de los trabajadores con los del empleador, es algo ya reconocido a lo largo de la historia tanto por la doctrina, como por la jurisprudencia. Así, dentro de una relación laboral, podemos encontrar un abanico de protección de la individualidad de las personas que actúan como un límite natural del ejercicio de los poderes empresariales”, explica Sebastián Gutiérrez, abogado de la Universidad de Concepción.

En este marco, la legislación es clara en establecer normativas, que incluso son amparadas por la Dirección del Trabajo, que es el organismo competente en todo lo referente a esta materia. Sin embargo, por desconocimiento, o incluso temor, son muchos los trabajadores y trabajadoras que prefieren hacer vista gorda respecto a irregularidades, lo que se traduce muchas veces en un aumento abismal de carga laboral, y todas las consecuencias físicas, psicológicas y hasta familiares, que ello trae consigo.

¿Dónde está el límite?

Según explica el abogado, los derechos fundamentales de las personas, desde el punto de vista del trabajador, vienen a ser el gran límite del ejercicio del poder de dirección del empleador, tal y como lo consagra el artículo 5º del código del trabajo. “Por lo tanto, aún siendo la empresa de propiedad del empleador, lo que conlleva una serie de facultades o prerrogativas para su beneficio, esto no implica que éstas puedan ser ejercidas lesionando los derechos de los trabajadores”, detalla el profesional.

Por lo anterior, cuenta que cuando existen actos de hostigamiento por parte de la jefatura, en la generalidad de los casos lo que se estaría buscando es forzar la renuncia del trabajador, mediante un ambiente hostil que a la larga le sea insoportable. “Entonces, básicamente, las conductas de acoso pueden llegar a ser parte de la estrategia del empleador para facilitar el posterior despido de la víctima, fundándose generalmente en razón de la disminución de su rendimiento, o en la comisión de errores derivados del acoso del cual es objeto”, explica Gutiérrez.

Definir las actitudes que constituyen acoso laboral no es tan sencillo, y muchas veces existe desconocimiento al respecto, incluso por quienes están siendo víctimas. “Para efectos de la legislación y doctrina laboral, puede entenderse como la situación en que el empleador, o uno o más trabajadores, ejercen o manifiestan por hechos o dichos, una particular forma de violencia psicológica de carácter extremo, premeditadamente o no, pero sí con regularidad sistemática y durante un tiempo prolongado, sobre otro trabajador en el lugar de trabajo común; actitud que conlleva un menoscabo material y/o personal de éste, y que perfectamente puede ser entendida como mobbing o acoso laboral”, cuenta.

Entre las acciones concretas que ejemplifican esta consecuencia, están los malos tratos, las ridiculizaciones, las amenazas directas de castigos o sanciones en razón de su productividad, así como diversos comentarios que puedan afectar la intimidad, dignidad y/o libertad de las personas.

En este marco, el profesional hace hincapié en actitudes que muchas veces pasan desapercibidas, pues son normalizadas por el común de las personas. “Algo que puede parecer tan simple como mensajes fuera del horario de trabajo, exigiendo la realización de labores, o inclusive, dando simples instrucciones, que al ser repetitivas o constantes, pueden catalogarse perfectamente como conductas de hostigamiento y abuso de poder de quien las ejecuta”, ejemplifica.

¡No contestar!

Tal como comenta el especialista, existen una serie de acciones que parecieran normales por la frecuencia con que ocurren, pero que en realidad están muy lejos de ser correctas.

Una de las más recurrentes tiene que ver con los llamados fuera de horario, y en específico, con los mensajes enviados por redes sociales como Whatsapp.

Al respecto, la Contraloría General de la República analizó recientemente un caso en Gendarmería de Chile, donde un funcionario reclamaba por haber sido acosado, siendo una de sus pruebas el que su superior le remitió instrucciones por esta red social, cuando él se encontraba en calidad de franco. En respuesta al reclamo, el Contralor se basó en el Artículo 84 de la Ley N° 18.834, referente a la prohibición de realizar todo acto calificado de acoso laboral, e indicó que se iniciaría un sumario, pero este finalmente se desestimó por considerar que no aplicaba.

Sin embargo, donde sí puso énfasis la entidad, fue en el mensaje que la jefatura directa del trabajador envió por Whatsapp, pues aunque señaló que por dictámenes anteriores, sí es dable acudir al uso de tecnologías de la información para apoyar la labor administrativa, no corresponde que estas sean impartidas al teléfono móvil personal de los trabajadores, pues no se considera una vía idónea.

En concreto, lo anterior se vio materializado en un documento emitido por Jorge Bermúdez, Contralor General de la República, que dictamina que pese a lo eficiente y eficaz que resulta el uso de tecnologías en el trabajo, Whatsapp no debe ser considerado un medio oficial para impartir instrucciones, mucho menos si estas van dirigidas a un número personal, que en nada concierne a la empresa.

¿Soy víctima de acoso laboral?

A pesar de que la agresión más evidente sea la violencia física, existen muchas otras conductas que también constituyen vulneración de derechos.

Según una publicación de la Asociación Chilena de Seguridad, el mobbing puede estar presente en actos como: hostigamiento verbal, no ser incluido en los beneficios de una empresa de forma arbitraria, ser sujeto a cambio de funciones sin justificación, no ser tomado en cuenta o aislado del grupo de trabajo, ser objeto de burla, recibir amenazas de sanciones o despidos.

Si todas estas actitudes, provenientes de un colega o un empleador, se reiteran en el tiempo, y llegan a perjudicar la salud mental o física de una persona, entonces claramente se está siendo víctima de acoso laboral. Por ello el llamado de las entidades gubernamentales competentes es a basarse en lo dispuesto por ley desde el año 2012, y a denunciar las conductas como víctima o testigo, pues según aseguran, esa es la única forma de velar por el principio de respeto a la dignidad de las personas.