Sebastián Grant del Río

El nombre indiscutido del periodismo cultural local

Más de 20 años validan la trayectoria de este comunicador y editor de la sección Espectáculos de Diario El Sur. En su medio siglo de vida ha sido testigo privilegiado del acontecer musical, visual y escénico de Concepción, una ciudad en que siente que pasa de todo y en distintos niveles de calidad. Un eterno entusiasta de la palabra escrita que también vibra en el terreno de lo académico y en el cual, principalmente, ha desplegado su amor por el séptimo arte.

Por Mauricio Maldonado Q. | Fotografías Francisco Méndez R.

Una tibia mañana de miércoles, cerca de las nueve de la mañana en un centro penquista que de a poco comienza a despertar su ajetreo, el Café Gioco es el lugar elegido por Sebastián Grant del Río para realizar esta entrevista. Un punto de encuentro tan tradicional como los apellidos de las familias de las cuales proviene este periodista y editor de la sección Espectáculos de Diario El Sur. Camisa en cuello, pantalones azules, de barba y con lentes -una especie de sello característico en él- empieza de a poco a deshilvanar su historia de vida, de cómo llegó al periodismo y la pasión que siente por la música y el séptimo arte, intereses que en sus 50 años de vida se han acrecentado y expandido, lo cual queda de manifiesto en sus palabras. Una larga y amena conversación que se extiende por más de una hora.

¿Cómo llegaste al periodismo, o sea, por qué tomar este camino?

De chico me gustó, no sé si el periodismo, me gustó la música primero, después un poco el cine y así, luego la literatura, como que todo está unido y te va llevando a diferentes áreas. Desde los ocho años he estado relacionado con la música, el cine, la literatura, en distintas etapas, mis intereses siempre han dado vuelta en lo mismo. En algún momento pensé en estudiar Cine, estaba bien entusiasmado, fue en la época del colegio, pero eran otros tiempos, estoy hablando de la segunda mitad de los años ochenta. Mi papá me dijo que estudiara algo antes de introducirme en esa área en particular, lo que con el tiempo me di cuenta que fue una sabia decisión de parte de él, ya que me llevó quizás a la parte más reflexiva del cine. Por otra parte, desde chico llegaba a mi casa revistas como la Hoy, después pasé a coleccionar el Wikén y la revista Enfoque. Fue un tema que fue creciendo conmigo, lo que me derivó, finalmente, en el periodismo. Entré a estudiar Periodismo a la Universidad del Desarrollo, con la convicción de querer hacer el periodismo que estoy haciendo ahora, quería que me pagaran para escribir de música, cine, literatura. Luego de estudiar y cuando correspondía hacer la práctica, la hice en el Diario El Sur y después en el año 97’ se abrió Crónica, ahí me llamaron para ser el periodista del área de Cultura y Espectáculos, y de ello ya han pasado más de 20 años que he hecho una carrera desde aquella vereda. De alguna manera, sin querer y con el tiempo que llevo profundizando en los mismos temas, te transformas en un referente. Mi vida no ha girado en otra cosa que no sea esto.

En el fondo eso es lo que te apasiona… 

Es lo que me gusta y me tiene, por así decirlo, convencido. Es más, entré al periodismo para dedicarme a la prensa escrita y sobre las cosas que quiero. Ahora, que haya sido en Argentina, Santiago, Osorno, Concepción, es el detalle, las condiciones se fueron dando para que fuera así. En algún momento, por ejemplo, me llamaron de la EMI para establecerme en Santiago, pero fue algo que no prosperó por temas contingentes y también de contrato.

En este sentido ¿Te planteaste seriamente en un momento el irte de la Región?

O sea, me fui un tiempo. Año y medio para ser más preciso, fue entre el 2006 y 2008. Nos fuimos con mi esposa a Santiago, porque siempre estuvo presente el bichito de la capital. A ella, con quien llevo casado más de 20 años, la trasladaron por su trabajo, y yo empecé a buscar distintas opciones. Sin embargo, nunca corté el vínculo penquista, ya que hacía clases en el Duoc UC de San Carlos de Apoquindo y a la vez hacía de freelance para el Diario El Sur. Igual extrañaba un poco Concepción, y las cosas se empezaron a dar, nuevamente, en ese momento para regresar. A mi señora le ofrecieron un puesto mejor y justo cuando volví me llamaron de Diario El Sur, siendo que pensaba en ese entonces en dedicarme de lleno a lo más académico, un área que igual me gusta mucho. De alguna manera cuando me fui de Crónica, fue porque sentí que no podía aportar más, fue una época en que lo pasé muy bien, me pidieron que de alguna forma farandulizara la sección, y así lo hice. Mezclé y crucé a, por ejemplo, Humberto Eco con la Adriana Barrientos, fueron años muy entretenidos. Creo que si el periodismo político fuera tan aguja como algunos periodistas de farándula, la cosa funcionaría distinta, te lo aseguro. Entonces, el destino se encargó de traerme devuelta, además siento que El Sur es un diario de relevancia donde sí siento que aporto, cuando piense lo contrario hay que ver a dónde voy.

Has sido parte y testigo en primera fila de los cambios y evolución de la música y el cine a nivel local ¿Cómo encuentras que se ha producido ese cambio? ¿Somos realmente, por ejemplo, la cuna del rock nacional?

No tengo problemas con los adjetivos o las formas que le hagan bien a la ciudad, aunque siento que esos términos son medios ambiguos, ¿qué es ser la cuna de algo? Se puede decir, por ejemplo, que Londres, Manchester o Nueva York son la cuna del rock, cada ciudad puede ser cuna de algo, ponte tú San Francisco fue la cuna de bandas psicodélicas, pero, ¿fue realmente así? Le hace bien a esa ciudad porque uno va a ellas, es importante turísticamente hablando. Este nombramiento o etiqueta penquista, le ha favorecido a la ciudad y creo que en eso igual ha aportado su cuota el Festival REC. Esta ciudad genera buenas bandas, y además siempre he pensado que la mayoría de las ciudades alrededor de ríos y rodeadas de agua, de lluvia, a la gente la hace estar más en la casa, de juntarte con amigos, de escuchar música. Es más, soy de una generación que así se pasaba el tiempo, grabando casetes, escuchando discos, compartiendo música, cosa que es muy democratizante en esta ciudad, hay mucha música de distintos sectores, no hay fronteras. Existe una buena reputación y prestigio en este sentido de Concepción, las bandas te hablan de aquí, de lo que es ser de esta ciudad. Aunque igual encuentro que eso hay que explotarlo más, profesionalizarlo más, hay muchas bandas que se arman y desarman de un instante a otro. No sé que tanta convicción hay, en un joven de entre los 15 a 20 años de querer dedicarse a la música de lleno como lo hizo en su momento Álvaro Henríquez o Pancho Molina. Ahora igual las bandas tienen que terminar, cumplir un ciclo, tiene que haber una renovación en el ambiente, y eso es algo natural. Vivimos en una ciudad donde existe un gran crisol de estilos, de música, creo que siempre van a haber buenas bandas y también otras malas. Lamentablemente, estamos en una época en que las bandas tienen un éxito rápido, en que creen que con tres discos ya son consagrados y no es así, quizás lo puede hacer un single, pero te consagra en qué.

Enseñar y aprender

Otra de las cosas que apasionan a este comunicador social -el menor de siete hermanos- es el enseñar. Con más de 15 años en el mundo académico, siente que es una especie de fuente de la juventud el estar en contacto con las nuevas generaciones de futuros realizadores audiovisuales, una relación que lo llena de nuevos conocimientos y saberes, y también de mucha satisfacción.

Más allá de tu labor como periodista y editor de cultura y espectáculos también eres docente ¿Qué te gusta o motiva el hacer clases?

Llegué a la docencia de chiripazo, primero a la Universidad del Desarrollo, donde hice un ramo relacionado con cine, y luego en el año 2000 a Duoc UC, en que igual comencé con un ramo sobre apreciación del cine para alumnos de cuarto año de Audiovisual, lo cual dio bastantes buenos frutos. Es aquí, en Duoc, donde me he desarrollado en el mundo académico. Me gustan a groso modo las dos áreas -periodismo en sí y el enseñar- y, ¿por qué me gusta la docencia? Primero, porque hago clases de lo que me gusta, de temas que realmente me interesan y domino bien. Que si se me pierde el pendrive, la puedo hacer igual, tengo las clases en mi cabeza. Y lo otro, es el mantenerme en contacto con generaciones jóvenes, te vas manteniendo actualizado, te conectas con los cabros y vamos descubriendo cosas juntos, es decir, como son alumnos interesados en los temas, a uno también lo mantiene fresco en cuanto a lo que acontece hoy en día. Te encuentras con pares, siempre les digo que la única diferencia entre ellos y yo es la edad, tenemos gustos afines. Te encuentras con una generación que maneja mucha información, mucho contenido, pero que necesita una orientación. Es como mi especie de escape, me siento cómodo y feliz haciendo clases.

En relación al cine y tu experiencia en el área ¿Cómo estamos a nivel local en esta materia?

Hay iniciativa, pero lo veo a nivel nacional. Aquí no hay industria del cine, hay individualidades que hacen películas y les va bien, y en general, es un tema más global que local. Creo que en Chile hay más efervescencia cinematográfica que puede tocar a Santiago, Valdivia y Concepción; es más, de aquí pueden salir buenos realizadores, y eso siempre va a hacer así, pero que haya una industria, un movimiento cinematográfico desde el Bío Bío o de la zona, no. Existe todo un tema con ser una buena ciudad para locaciones y todo eso, y han venido diferentes producciones a grabar aquí, pero creo que hay que desarrollarlo bien y con visión de futuro, a diez o quince años. Pero, a modo general, la industria fílmica chilena está en pañales. 

Igual hay instancias buenas que se han generado desde aquí, como Bío Bío Cine y el Festival Internacional de Cine de Lebu…

 Son excelentes instancias, es más, hace poco hubo un interesante festival de cine de mujeres en Artistas del Acero, pero eso no representa industria, lo veo más como interés, movimiento y visibilidad. Representa que las diferentes escuelas locales que imparten carreras afines con lo visual cinematográfico, tengan gente interesada en estudiar el área. Aunque así y todo tienes el ejemplo de los que ganaron el Oscar por Historia de un oso, uno de ellos, Patricio Escala, estudió comunicación audiovisual acá, es productor y se fue desarrollando de manera individual en el tema, saliendo a distintas partes fuera de la Región y más allá de Santiago. Pero habla de un esfuerzo propio, de un interés personal y así hay muchos ejemplos, pero como recalco desde una esfera de lo personal. De querer aportar algo o desarrollar un punto de vista particular.

¿Y cómo ves las artes escénicas penquistas, considerando que aquí existen varias compañías de danza y teatro con una prolífica producción?

En cuanto al teatro estamos bien, pero también tenemos que avanzar. En este sentido el Teatro Biobío, del casi año que lleva abierto, ha sido un gran aporte, ya que estableció en la ciudad el que las compañías realicen temporadas de sus propuestas, algo totalmente inédito para la cultura local. Algo que hizo que el público empezara a mirar a las compañías locales, y personas que no iban a ver obras o que sólo iban a Artistas del Acero, Sala Andes, una audiencia más de nicho, se abriera a una audiencia general. Encuentro que eso, más allá de los números y cifras que se pueden analizar, ha sido un gran aporte real y concreto. Una obra cambia de una función a otra, el teatro es algo vivo y la danza también, son expresiones que necesitan del reposo de las salas. En este sentido también se puede destacar todo el aporte que hizo, y hace Artista del Acero, que sí se puede decir que es una cuna cuyos resultados se están viendo ahora. Capaz que ahora, en esta temporada, Artistas del Acero en vez de tener en un fin de semana una obra, lo haga por más tiempo.

Por último ¿Crees que hay alguna instancia local que debería retomarse o que igual resultó trascendente en su momento?

Hubo un momento clave en mis años de profesión, de cubrir el área, cuando me tocó ir al Festival de Bandas en la UdeC, una iniciativa que debería recuperarse ya. Es más, deberían hacerlo en la época de verano. Festival que en su mejor momento reunió a más de cinco mil personas en el Foro, y que me sorprendió gratamente que el mismo público supiera los temas, los coreaban, lo que me da a entender que ya las redes sociales eran un canal potente para las bandas más emergentes. Sin duda es un festival que debería volver.