El sarampión consiste en una enfermedad exantemática que presenta un periodo de incubación de 11 días aproximadamente. “Los síntomas comienzan con fiebre alta sobre 38,5 °C, acompañada de un catarro que compromete molestias en los ojos, nariz, garganta y bronquios apareciendo en la etapa final  las manchas en la piel o exantemas. Para su tratamiento, principalmente se suministran antitusígenos y descongestionantes”, asegura la Dra. Claudia Zemelman, Pediatra, Magíster en Microbiología y docente de la Facultad de Medicina la Universidad San Sebastián.

En 2002, se logró eliminar la enfermedad en América vacunando a toda la población infantil a través de la campaña nacional. Actualmente, a pesar de los esfuerzos, persiste el riesgo permanente de tener casos importados de sarampión provocando brotes, tal como ocurrió en la Región Metropolitana a principios de año. “Hace años que no presentábamos casos de sarampión en el país. La población se alarma porque es una enfermedad de alta contagiosidad lo que no significa que sea de alta gravedad”, explica la Dra. Zemelman.

El primer caso que se presentó este año en el país, explica la especialista, fue de una persona que vino desde China y trajo una cepa que nunca se había identificado en Chile. Por lo mismo, uno de los problemas de la globalización es que se importan enfermedades que estaban erradicadas. También se detectó otro caso en un lactante y en otros pacientes que fueron contagiadas con esa cepa.

Se debe tener en cuenta, advierte la Pediatra, que esta enfermedad se erradicó del país gracias a la vacuna y por lo mismo es muy importante cumplir con el calendario de vacunación. “Gracias a esa inmunización no tenemos sarampión, difteria y tétano en el país. Si la población no sigue la programación establecida en las edades correspondientes que se asignan, vamos a tener una población más susceptible y menos protegida”.

«Uno de los problemas de la globalización es que se importan enfermedades que estaban erradicadas»

La vacuna contra el sarampión existe en Chile desde la década del 60. La Dra. Zemelman cuenta que en un principio se inmunizaba a los lactantes cuando tenían 8 meses. Lo anterior no fue una medida exitosa ya que se identificó que los menores de un año no tienen respuesta inmunitaria. Por lo tanto, en la actualidad, se suministra a los 12 meses y, como medida de  prevención, se les entrega una segunda dosis en primero básico.

Las personas que nacieron entre el 1971 y 1981 no recibieron la segunda dosis ya que la revacunación se introdujo después de 1982. Debido a lo anterior, dicha población tiene menos anticuerpos y se les recomienda vacunarse contra el sarampión si viajan fuera del Chile para que no traigan la cepa a nuestro país en caso de contagio.

En relación a los efectos que puede ocasionar el timerosal (mercurio) como causa del autismo, la Dra. Zemelman sentencia que no gatilla dicha enfermedad. Las dosis de la vacuna traen cantidades ínfimas y aún no se ha podido demostrar que sea causa – efecto.

Mejor prevenir que curar

Javiera Riquelme arquitecto, madre de Clemente (4) y Amelia (2), le suministra a sus hijos las vacunas de forma particular, “como familia somos muy preventivos, cada vez que sale una campaña averiguamos si es conveniente administrar la vacuna tanto en adultos como en niños. De esa manera nos cuidamos nosotros y a nuestro circulo”, explica.

“Por ejemplo, en junio, nos vacunamos contra la Hepatitis A-B y mi marido contra el sarampión porque la campaña salió justo cuando íbamos a viajar fuera del país y le correspondía por año de nacimiento, ya que pertenece al grupo que no recibió la segunda dosis en primero básico”, finaliza Javiera Riquelme.