Ropa usada en Concepción

El boom de los tesoros de segunda mano

El negocio de ropa usada va en aumento y lo más probable es que siga así, en Concepción ya existen diversas alternativas, unas más nuevas que otras pero que apuestan por conquistar a todos aquellos que se encuentran en la constante búsqueda de un “tesoro” de excelente calidad a un increíble precio, o también de ropa que les da un estilo diferente y único. Eso es lo más importante, diferenciarse del resto.

Por Catalina Morgado C.

Quién no ha caído en la tentación de una prenda a luca, ¿qué levante el que no ha se ha visto entusiasmado con una oferta de esa envergadura? Me imagino que pocas o pocos pueden contestar que no, y es que la ropa usada, de segunda mano, vintage, reciclada, o como quieran llamarla es muy seductora. Prendas que en su mayoría son de buena calidad, de marcas destacadas, telas maravillosas y muchas veces atemporales, son las que abundan en los clósets de mujeres y hombres que han optado por la ropa de estas tiendas alternativas.

Todos han escuchado de negocios como Meicys, Orange Blue, los que están por calle Maipú, otros por Rengo y algunos escondidos por galerías, pero que no pasan desapercibidos por los que transitan por estas calles, y obviamente se han visto tentados con las ofertas que están a su alcance. Son más de una treintena y apuestan por más, porque la demanda está todos los días y hay gusto para todos.

Es que la ropa usada simplemente la lleva y los números lo confirman.

Según cifras de Naciones Unidas, el principal exportador de ropa de segunda mano del mundo es Estados Unidos el que exporta más de US$687 millones a diversos países, en donde Chile se ubica en segundo lugar con US$61 millones después de Canadá, nación que lleva la delantera con US$104 millones.

En el libro Clothing Poverty del profesor de estudios de desarrollo del King’s College de Londres, Andrew Brooks, se indica que existe toda una industria de ropa usada en el mundo avaluada en unos US$4300 millones.

Quién no ha caído bajo la tentación de una prenda aDe acuerdo a información del departamento de Estudios del Servicio Nacional de Aduanas, durante el 2016 se importaron más de US$2,5 millones en la categoría de ropa usada en la región del Biobío, y más de 2.400 toneladas de este tipo de prendas llegaron a los puertos de la zona. Según cifras de esta entidad pública la importación se ha triplicado en estos últimos 4 años, de US$897 millones pasó a más de US$2,5 millones (cifra al 2016).

Estas prendas recicladas llegan a nuestro país en fardos y tras esto van a un proceso de selección y distribución, a gusto de la tienda o vendedor que requiera de este tipo de ropa. Muchos las importan y otros las adquieren directamente en negocios que se dedican a vender estos fardos a pequeños locales o particulares que revenden en las archiconocidas ferias libres.
Antiguamente, hablar de prendas usadas o recicladas era imaginarse muchos cajones y desorden por todos los rincones, e incluso malos olores. Así como las tiendas en general se han renovado, este tipo de negocios de prendas de segunda mano también lo han hecho, y es que el público se ha vuelto exigente y demandan variedad y mejor calidad. Es que la ropa usada simplementesí es el proceso de compra de la tienda Ropa Suiza de Concepción, su dueño Marco Torres, nos comenta cómo llegan estas prendas a su negocio. “La compro en el extranjero, específicamente en Suiza, adquiero más de 15.000 kilos al año. La ropa viaja en container en barco, luego llega acá al puerto de San Vicente en Talcahuano. La bajamos y la dejo en un galpón donde todos los días vamos ordenando y reciclando el vestuario para distintas tiendas, algunas cosas se venden en esa bodega, las personas que van a la feria son las más interesadas y son clientela frecuente”.

Tal como Marco, Constanza Catalán, dueña de la tienda La Ropería, ubicada en Aníbal Pinto con Cochrane, también importa sus prendas, las que adquiere en el extranjero, específicamente en Europa a través de distintos proveedores, “tengo un dealer que me vende ropa premium, las prendas son muy seleccionadas. Nosotros compramos de primera selección, pero, así y todo, la ropa igual viee con detalles, algunas descocidas o les falta un botón. Cuando me quedo sin stock me proveo en algunos puntos en Concepción”.

Apuesta por la exclusividad

En abril de 2016 parte La Ropería, un emprendimiento de manos de la penquista Constanza Catalán, quien quiso marcar la diferencia con una tienda de ropa reciclada y apostando por el estilo de boutique. “Tuve que dejar de trabajar de forma dependiente, y pensé en qué negocio podía darme la libertad de criar a mis hijos, poder tener la autonomía que tengo y crecer dentro de este proyecto. Y yo soy adicta a la ropa usada, hace más de 10 años que siempre compro este tipo de vestuario, desde que estaba en la universidad, y pensé falta en Conce un lugar donde la ropa esté en buen estado, sea de buena calidad, el lugar esté limpio, o sea, una tienda de buen nivel pero que ofrezca ropa usada Premium. Y por ahí nace La Ropería, pensé en el nombre, así como donde venden libros se llama la librería, donde venden verduras se llama verdulería, así que donde venden ropa se llama La Ropería”.

A través de su negocio Constanza incursionó en un estilo poco conocido en Concepción, el de boutique de ropa de segunda mano. “Hemos abierto un poco el mercado porque una tienda de ropa usada en calle Cochrane no es muy habitual, por lo general las encuentras en Maipú y en Freire. Nosotros nos movilizamos para el público al que queremos llegar que en el fondo es para las personas que no compran ropa usada y que ahora con este negocio se sienten tentadas”, explica la emprendedora penquista.

Constanza cuenta que lo que más venden son jeans y que tiene que estar renovando continuamente su stock, “es impresionante, yo traigo jeans todas las semanas. Se van entre 60 a 100. Y es porque son actuales, de buena calidad y a 5.990, ¿qué mejor?”.

Tal como Constanza, Marco Torres, dueño de la Ropa Suiza, también apostó por la diferencia, hace 6 años estudió e investigó el negocio de la ropa usada y se tiró a la piscina en conjunto con un amigo. “Empezamos con una pequeña tienda en Paicaví, entre Freire y Maipú. En un principio íbamos a vender ropa en fardos, después nos dimos cuenta de que la ropa estaba bonita y que era de buena calidad, y empezamos a colgarla en vez de venderla por kilo. Y así empecé a trabajar solo con esto. Continué solo el negocio y me cambié a Barros Arana y el 2016 abrí una nueva tienda en San Martín entre Caupolicán y Rengo. Quise entregar un ambiente agradable y la mejor calidad en cuanto a la ropa”, cuenta Marco.

Ñusta es otro emprendimiento local, esta marca nace de manos de la estudiante de Psicología, Carolina Sandoval, quien al igual que los demás apostó por la primicia y creó su propio sello. “Concepción es una ciudad muy gris, y por lo mismo pienso que hay que empezar a divertirse, ser más atrevidos con la ropa, porque es un medio de identidad más que una prenda de vestir, porque comunica mucho”, relata Carolina.

Hace un par de meses que esta estudiante instaló su tienda virtual, donde a través de Facebook sube las fotografías de sus prendas que tienen un toque personal. “La idea es darle vida a una prenda de segunda mano, y cuidar el medioambiente, porque hay muchos procesos que generan muchos residuos. Recibo mucha ropa de amigas, voy a ferias buscando tesoros y a americanas donde pillo cosas de otras épocas y mi idea es reivindicar eso, traer esa moda vista de una forma distinta. Intervengo la ropa, en específico las chaquetas. Por ejemplo, les pongo cintas de colores, o patchwork, hago formas”, comenta la emprendedora.

Una gran alternativa

Además de la exclusividad, ¿qué es lo que busca el comprador de este tipo de prendas? ¿Qué lo lleva a escudriñar por todas partes para encontrar un objeto valioso? La socióloga Valentina Cornejo nos explica este fenómeno que incluso puede llegar a la adicción de algunas o algunos “cazadores” de este estilo de ropa. Esta profesional señala que esta elección tiene que ver con una necesidad de encontrar algo original, de telas de calidad y a precios muy baratos. “Debe cumplir con estos 3 elementos que hacen de la ropa usada una aventura adrenalínica. Hay que zambullirse en los múltiples percheros para dar con eso que es único. Como dice el autor del libro “Sociología de la Moda”, Frédéric Godart, el uso de la vestimenta es una señal de identidad, que se puede traducir en buscar una diferenciación simbolizada en el verse de una manera particular que hable de cómo eres o lo que quieres ser. Es por esto que las personas que consumen ropa usada buscan esa prenda única que les dé esa satisfacción de obtener algo original, diferenciador y además económico. Esto porque el mercado de ropa del retail, por ejemplo, al trabajar en elaboración en serie de la ropa de temporada no entrega esa posibilidad”.

La periodista y asesora de imagen, Claudia García, destaca el uso de este tipo de ropa, “lo encuentro positivo porque todos somos distintos y esa diferencia se plasma en el vestuario, y yo como asesora de imagen creo que la ropa comunica. Cada vez que haces la elección de esa prenda quieres comunicar algo, quieres transmitir seguridad, elegancia, que eres moderna. Cuando buscas algo diferente es porque quieres comunicar otro mensaje. Uno tiene que apostar a todo, tiene que ser abierto de mente y no cerrarse a nada”.

En este sentido, la socióloga comenta que la compra de ropa de segunda mano tiene que ver con la identidad de las personas, “Es un discurso que busca apropiarse del “yo” en el “cómo me veo” y que además también quiere ser vanguardia con ese estilo único”.

Pamela Gallardo, asidua compradora desde hace más de 10 años a las tiendas de ropa usada o las conocidas como “americanas”, a las ferias libres y todo lugar donde existan estos “tesoros”, que según ella hacen que se vea diferente y con un estilo único. Esta penquista recuerda cómo partió su aventura por las prendas de segunda mano. “Estaba en el colegio, vivía en Talcahuano, y ahí como que siempre andai buscando formas distintas de vestirte, unos amigos venían al Orange (Orange Blue) a buscar cosas, sobre todo chaquetas y poleras. Empezamos a usar más prendas así, pero no era cualquier ropa usada, siempre buscando algo llamativo, me acuerdo que el Orange traía cosas bacanes, y era más rentable, estaba en el colegio, no tenía plata, así que obviamente te salía más barato comprarte algo en la americana que en una tienda tradicional. Estás usando una prenda que cachai que no está repetida, hay cosas de muy buena calidad y estás pagando por algo barato.”.

Los precios son una variable importantísima al momento de comprar, es por eso que en este sentido, las tiendas de ropa usada se convierten en una excelente alternativa para aquellos que cuentan con poco efectivo para este relevante ítem. “Igual había poleras que te podían salir 500 pesos y otras 2 lucas como máximo, no más que eso. Las chaquetas y pantalones eran más caros, pero no tanto.

“Siempre ando buscando tesoros, y hace poco encontré una polera en una tienda que vende ropa de la India, y me la compré, tiene muchas incrustaciones, es muy linda y me costó luca creo, y todas mis amigas me preguntaban dónde la había comprado, es chistoso”, cuenta esta compradora.

La experiencia de comprar estas prendas de segunda mano es única y eso lo saben todas aquellas y aquellos que han comprado en estos lugares, incluso se puede transformar en una adicción ya que puedes tener la fortuna de encontrar un tesoro a muy bajo costo.

“Se genera una adicción, ¡de verdad!, yo te lo digo como compradora adicta de ropa usada. Tú sabes que siempre que vayas vas a encontrar algo, o a lo mejor no siempre, pero la gran mayoría de las veces que pases pillas algo. Y el costo no te afecta en nada, vas aprendiendo. En las tiendas del retail todo es igual, nada diferente y por eso uno siempre anda buscando, además me distrae, me relaja, encuentro algo de buena calidad, y a un precio justo, encuentro un tesoro”, relata Constanza Catalán de La Ropería.

Esta “adicción” de la que hablan se ve reflejada en las tiendas, en el caso de la Ropa Suiza, su dueño Marco Torres, comenta que ha sido testigo de esta situación en múltiples ocasiones, “hay hartas personas que les encanta, que vienen para acá y no andan buscando nada en especial pero que revisan y examinan y siempre se llevan algo, andan escudriñando la novedad o algo que les llame la atención. Hay varias y varios.”

Esta reacción que genera el comprar en los negocios de ropa reciclada no tiene una explicación científica, pero si mucha relación con el costo-beneficio, “no sé a ciencia cierta si genera algún tipo de consumo adictivo por ser barata, más bien creo que tiene que ver con hallar esa prenda única y que si logras encontrar más de una que te mate, claramente las comprarás todas porque gastaste lo que en el comercio normal sale 1 solo pantalón”, explica Valentina Cornejo.

Carolina de la tienda Ñusta dice que este tipo de comportamiento lo ha visto en el corto tiempo que lleva con su negocio virtual, “tengo compradoras que siempre están pendientes, una me dijo que era amante de las chaquetas así que me pidió que le avise cuando tenga más. Pero también cada uno es dueño del dinero y puede gastarlo en lo que quiera, algunos lo hacen para apoyar el pequeño comercio (como nosotros), en vez de estar endeudándose”.

“He visto cómo alguien le ha quitado una prenda a otra persona, el que pestañea pierde, sobre todo en las ferias libres, donde la ropa es demasiado barata y hay de muy buena calidad. Tengo amigas que se han comprado 1 polerón, pantalón y zapatos por 10.000 pesos”, cuenta Pamela.

Preocupación ecológica

La propuesta de las nuevas tiendas de ropa reciclada también va en la línea del cuidado del medioambiente, ya que analizaron que esta tendencia iba a en aumento, una preocupación por el daño al ecosistema que producen la elaboración del vestuario.

La cantidad de agua asociada para fabricar unos jeans, los pesticidas, tintes, químicos y pegamentos utilizados, todo esto influye en el deterioro del medioambiente.

“La tendencia de adquirir ropa usada va de la mano también con el concepto vintage, con reciclar, reutilizar prendas, con un respeto a la ecología, al medioambiente”, dice la asesora de imagen.

El dueño de Ropa Suiza igualmente destaca este aspecto del cuidado del medioambiente y del reciclaje, cuenta que “hay muchas poleras o ropa de algodón que sale fallada o con cloro y las convertimos en trapos para los lubricantes, para las maestranzas, y los seguimos ocupando hasta el final, ese es el último producto que se saca de todo”.

En este sentido, Constanza de la Ropería resalta la importancia de cuidar de nuestro hábitat, “cada vez más vamos a reciclar todo, lo que se pueda reutilizar hay que hacerlo porque de esa forma podemos contribuir a que el planeta se descontamine. Además, las prendas que son elaboradas con materiales nobles como el algodón y el cuero no pueden en ningún caso ir a parar a la basura, es como botar algo que todavía puede servir, es como el oro”. Esta emprendedora ha implantado en su tienda algunos detalles que reflejan la preocupación por el medioambiente, como las bolsas que entregan a sus clientes, las que son de material 100% reciclable.

Carolina de la marca penquista Ñusta dice que uno de los puntos que más resalta de vender y mejorar la ropa de segunda mano es que no llegan a la basura y que pueden darles un buen uso, por eso además de su tienda participa en trueques de prendas, así nada se pierde, “Ahora en enero queremos hacer ferias textiles y trueques y con la ropa que sobre de esa feria hacer alfombras para el lugar, que no se pierda nada. La idea es reutilizarla y darle un mejor uso a la ropa, así no se contamina”.

“Cada día encontramos calidades sintéticas, todo es artificial y hay que tratar de volver a lo más orgánico, y eso no se puede botar a la basura. Por eso nosotros reciclamos y potenciamos el reciclaje de la calidad de la prenda”, añaden desde La Ropería.

Futuro

No cabe la menor duda de que esta tendencia va en aumento, además de las tiendas instaladas, hay cientos de personas que venden a través de Facebook sus mejores prendas o en algunos casos las que están en desuso, y qué decir de las ferias libres, son muchos los que aprovechan un lugar en parques, plazas, e incluso calles para poder ofrecer su ropa de segunda mano. ¡Simplemente esto no tiene fin!

Constanza de La Ropería comenta el presente y futuro de estos negocios, “Ahora es un boom, se han abierto nuevas tiendas. Lo ideal para mi es tener 4 tiendas principales, de las cuales mi idea es que por todas las calles que andes te encuentres una Ropería, de distintos productos, sólo de accesorios, ropa de hogar recicladas o de retorno, a bajo costo. De a poco iré creciendo, quizás cada 6 meses. Creo que de aquí a 2 años va a estar lleno por todos lados de este tipo de negocios. No sé si a todos les resulte de la misma forma, todo depende del proyecto que tengan”.

Una opinión similar tiene Marco Torres de Ropa Suiza, él cree que esta tendencia va en ascenso y que es necesario ir actualizándose, “Lo veo bien, hay que seguir abasteciéndose porque la gente todos los días busca cosas distintas, 2 o 3 días que no se cuelgue nueva ropa se nota, entonces los clientes andan indagando siempre nuevas cosas. Por lo mismo, hay que trabajar harto para mantenerse en la vanguardia de la moda, para traer las cosas que a la gente le interesan”.

Pamela Gallardo, quien es consumidora casi adicta de estas prendas también cree que esta tendencia va aumentando y que no pasará de moda, “Se van creando cada vez más nuevas alternativas donde se pueden adquirir este tipo de ropa, y que obviamente van mostrando un estilo diferente, además, hay una onda súper vintage y eso ayuda mucho a que existan estos negocios”.

Ese prejuicio de comprar en la ropa usada ya pasó y eso se ha notado en Concepción, la creación de nuevas tiendas que entregan experiencias distintas a sus clientes, simplemente han cautivado a los penquistas, todo esto más el cuidado del medioambiente hace que cada vez sea más tentador comprar una prenda de segunda mano, y quienes no lo han hecho, lo más probable es que lo hagan y ni siquiera se den cuenta de que están en una tienda de ropa vintage.

“La idea es que se atrevan, el que nunca haya comprado que venga y entre, y yo lo ayudo. La propuesta es demasiado buena, el producto es bueno, una vez que piquen con algo no van a parar nunca más”, dice Constanza Catalán.

La invitación ya está hecha, sólo falta que los penquistas se acerquen a estos negocios, donde quién sabe, pueden encontrar grandes tesoros.