Profesionales emprendedores

Cuando el desvío es el camino hacia el éxito

Siempre riesgoso y como un salto al vacío, el aventurarse en un proyecto o negocio ajeno al área de formación profesional, resulta una atractiva opción de prosperar en un mercado laboral cada vez más difícil y saturado. Reconvertirse y dar un giro en sus respectivas vidas, viviendo de lo que realmente se apasiona, es lo que cuentan en las siguientes líneas tres valientes emprendedoras y un amante de la buena mesa. Ejemplos de empuje y esfuerzo, que cuando querer es poder.

Por Mauricio Maldonado Q.

“Me tiré a la piscina con los ojos cerrados, sin siquiera saber si tenía agua o no”. Son las palabras de Javiera Martínez, periodista titulada hace más de diez años y quien hace un par abrió el proyecto Aldea Urbana, las que de cierta forma resumen y condensan esa sensación de quien se aventura hacia lo desconocido, hacia el emprendimiento.

Casos como el de ella en nuestra ciudad son muchos, de profesionales jóvenes que una vez con el cartón en la mano, ejercen por un tiempo dicha profesión y luego dan un giro hacia un rubro distinto, resultándoles un desvío mucho más lucrativo, exitoso y sobre todo: descubren la verdadera pasión. En lo particular para Javiera se gatilló, principalmente, por las necesidades alimentarias especiales de su hijo y también por la inquietud de hacer algo. “Siempre supe que en algún momento de mi vida iba a dejar de trabajar en el periodismo, aunque uno nunca se desliga del todo, pues igual salen algunas ‘cositas’ en el camino que te vinculan con la profesión, por lo que junté dinero para hacer algo. Y en esa búsqueda nace mi hijo, el cual era intolerante a ciertos productos, un caso similar al de una amiga, y nos dimos cuenta que teníamos que ir a Santiago a comprar esos productos. Lo que a mí me pareció una cierta aberración, ya que la alimentación es una necesidad tan primaria”.

De eso ya han pasado casi cuatro años -entre idear el proyecto, abrirlo hace dos años y ya estar consolidados- y de cierta forma Aldea Urbana (ubicada en Chacabuco 1159) ha roto el ciclo para que un emprendimiento sea considera como exitoso y rentable, todo bajo los conceptos de comercio justo, alimentación saludable e intolerancias alimentarias complejas, áreas o temáticas que hasta hace un par de años poco se conocían. “La Aldea finalmente es un concepto, un espacio de cuidado. Aquí en el fondo me dedico a cuidar a las personas y cómo lo hago, el ‘Mercado Natural’ es el espacio donde cuidamos el cuerpo con productos saludables; en el segundo piso tenemos diferentes boxes para terapias complementarias, que se arriendan por horas y sirven de apoyo para profesionales jóvenes que recién están comenzando en esto y no tienen una cartera de clientes; lugar que llamamos ‘Espacio para el Alma’, y abajo hay oficinas y salas de reuniones, el ‘Espacio Creativo’”.

Un camino que no ha estado exento de complejidades y también inesperadas sorpresas, “todo se fue dando dentro de un buen lapsus de tiempo, principalmente, entre el 2016 y 2017. Es más, y sin ánimos de pedir ayuda ni nada, me adjudiqué en el camino unas lucas de Corfo. Les comenté que iba a realizar un espacio en que pudiera incluir a los emprendedores que veía en las ferias, darles un lugar en la Aldea. Esa fue mi intención de ir a hablar con ellos, que me dijeran cuáles eran esos emprendimientos, en el fondo el cruzar nuestras bases de datos y justo ese mismo día, se abrió un fondo al que podía postular para la Aldea”.

Sin duda para Javiera, lo más difícil de atravesar y enfrentar al momento de emprender, es el tiempo, es decir, el poder aguantar y sobrevivir los dos primeros años, “lapsus que según los expertos o entendidos en el área consideran vitales para continuar con un negocio, ya que a esas alturas debiera funcionar bien y además dejar ganancias. Lo otro, el tiempo igual juega un cierto rol no menor, ya que las personas, simplemente, no salen cuando está malo el clima, lo que en nuestra ciudad es algo habitual”.

 Verdadera pasión

A una cuadra de ahí, Chacabuco 1039, se encuentra Clínica Fit, emprendimiento de Giannina Placencia Canales, fonoaudióloga, que tras casi 8 años de ejercer como tal se decidió a dar el salto y establecerse con un negocio independiente, principalmente, por lo saturado del mercado laboral dentro de esta área. “Me cambié por un tema económico, ya que existe una demanda de fonoaudiólogos hoy en día que es impresionante, todas las universidades privadas tienen la carrera, cuando egresé el 2008 había un buen campo laboral, lo cual sabía que no iba a durar para siempre. Ante este panorama decidí independizarme e invertir. Previo a ello, pensando y proyectando en hacer otra cosa, ahorré. También más allá de la reducción de sueldo, debido a la gran cantidad de profesionales jóvenes, estaba el tema de la estabilidad. Ante el temor si te despedirán o no por alguien que cobra la mitad de lo que pides tú, mejor emprender”.

Una vez fuera del área y con la convicción de no dar pie atrás, está el dar en el clavo con el nuevo camino a elegir, lo que a veces se transforma en algo igual o peor de sacar adelante como un trabajo normal, en que hay que cumplir con un horario y se tiene un sueldo establecido. En el caso de Giannina fue una decisión acertada y plenamente satisfactoria, que sin estar libre de grandes responsabilidades al ser la jefa del negocio, se ha convertido en su verdadera pasión. “La idea era encontrar algo que me implicara el tener un rol más de administradora que entregar el servicio de forma directa, es decir, en la clínica organizo todo, pero no atiendo a pacientes. Esto me gusta mucho más que mi profesión, sin desmerecerla, pero esta área me apasiona de verdad. El nivel de satisfacción y adrenalina diaria que tengo, no tiene comparación”.

Una aventura que partió en enero del 2017 y cuya idea original surgió de un ex socio, empresario con otros negocios que quería incursionar en el rubro más kinesiológico, idea que la fonoaudióloga fue afinando y dando un perfil más estético, algo que en ese entonces existía un cierto vacío en la ciudad, con escasos espacios dedicados al bienestar integral de las personas. “La mayoría de la gente que se atiende con nosotros, vuelve por una u otra cosa. Nos diferenciamos, por ejemplo, en que no somos un centro kinésico instalado dentro de un edificio, somos un edificio completo de servicios estéticos. A la gente le gusta algo que se vea instalado de manera independiente, con estacionamiento propio y publicidad a la vista”.

Ya con las riendas del negocio de manera legal y total desde hace un año atrás, la dueña y administradora de Clínica Fit recalca lo complejo de querer incursionar en un área ajena a la formación profesional que tuvo, “todo es difícil, no tienes apoyo de los bancos ni de nadie, no hay facilidades en relación a los permisos, entre muchas otras cosas. Hay obstáculos que te frenan, los cuales esencialmente son burocráticos, todo se demora un montón y sin los papeles no puedes partir”.

Y otro obstáculo no menor, algo que también enfrentan la mayoría de los emprendimientos, es el darse a conocer y que el público consuma lo que se está ofreciendo, ya sea un producto tangible como un servicio, “hacer un negocio en el centro de Concepción implica una inversión fuerte e importante, en que es vital el tener una cartera de clientes más o menos alta para que la idea se financie. Creo que esto no es un detalle ínfimo, ya que existe mucha competencia en la ciudad, pero gracias al gran equipo con que contamos, todos profesionales en sus respectivas áreas y que de manera constante se están capacitando y actualizando sus conocimientos, tenemos una buena cantidad de personas interesadas en nuestra propuesta”.

 Cultura europea

Más que abandonar su profesión por completo y dar un giro a su vida laboral, la psicóloga Pamela Espinosa tomó sus conocimientos como un medio para alcanzar sus metas y sueños, o más bien el posibilitar el poder vivir de sus pasiones. De ahí nace Café BAC, que con siete años de trayectoria y tres sucursales -una en San Pedro de la Paz, que funciona como centro de distribución y elaboración de los productos, y dos en pleno centro de Concepción- se ha hecho de un nombre y prestigio dentro de la ciudad. “Siempre he tenido como convicción interna que uno estudia algo, pero no te transformas en lo que estudiaste, tienes una posibilidad, una herramienta para que tú puedas hacer muchas cosas, no solamente lo que te dice tu carrera. Estudié psicología, pero con el tiempo me fui a toda la parte de desarrollo de empresas, apoyé a grandes empresas en todo lo relacionado con gestión de cambio, también me especialicé en coaching, y tras esto partí con este negocio”, señala Pamela.

Sueño que compartió con su marido, el chef Nicolás Xhauflair, logrando una mezcla perfecta y equilibrada, “fuimos mezclando nuestros saberes, él con el desarrollo de las recetas y yo con la otra parte del negocio. El trabajar en equipo y abrirte a mirar otras cosas, te puede brindar oportunidades de llevar adelante cosas que tu amas, pero que no son necesariamente lo que estudiaste, y poder vivir de tus pasiones. Y la cafetería es un área que amo”.

Aunque ha podido volcar y poner en práctica sus conocimientos en manejo y gestión de personal, la psicóloga confiesa que el aunar criterios y el trabajar en equipo hacia un fin común, ha sido lo más arduo y trabajoso de emprender en este rubro, y también el desarrollar cierta humildad para que el emprendimiento prospere. “nunca es fácil el tratar con distintos caracteres, con prioridades diferentes, a veces la gente falta sin más a la jornada laboral y tienes que ajustar sobre la marcha el trabajo de la jornada. La gestión del personal te exige permanentemente el estar puliéndote como líder, para poder coordinar y llevar adelante el equipo. Después tienes que saber escuchar y aprender de la gente que sabe más que tú, hay personas que ya han emprendido negocios, que tienen, por ejemplo, cafeterías de muchos años. Entonces cuando uno se cierra y decide el hacer las cosas al modo de uno, es receta segura para que te vaya mal. Tienes que abrirte a mirar, después decides lo que haces, pero es importante escuchar, mirarte y aprender”.

Igual de importante y que cuesta poder adoptar y formar, es la mentalidad empresarial. Es decir, y en palabras de Pamela, “cuando tienes un solo local, piensas en una sola manera de hacer negocios, pero a medida que vas creciendo y levantas dos, tres, cuatro o cinco debes tener una visión de empresario, desde arriba, a mirar la sinergia, empiezas a pensar de otra manera, y eso es uno de los desafíos importantes y trascendentales para que resulten bien los proyectos”.

Si bien en el centro penquista y sus alrededores, abundan los cafés, BAC apela a un concepto y una propuesta que va más allá de sólo tomarte un café. Preparaciones de alta calidad que evocan y nos transportan a Europa, con un toque también de su cultura. Un sello diferenciador que han sabido realzar y hacer hincapié. “De partida, nos diferenciamos en la calidad de las preparaciones. Cuando conocí la pastelería francesa, estaba acostumbrada a los trozos de torta enormes, con bizcochos gordos hechos con mezclas preelaboradas, con mucha crema, y descubrí un mundo totalmente diferente. La forma minuciosa de trabajar, te da un producto que el público penquista ha sabido valorar muy bien. Creo que hacía falta un rincón con otro tipo de cultura aquí en Concepción, la cultura europea. Cada vez tenemos personas que conocen otras culturas, que quieren conocer algo distinto, que buscan calidad. Eso por una parte encuentro que es muy importante, y después ofrecer un ambiente, un estilo y forma de hacer las cosas, publicar en las redes sociales lo que se vive al interior del café, noticias, hacer cenas, lanzamientos, todo lo que sea impulsar cultura es algo que aquí funciona bien”, destaca Pamela.

De la minería a la pizzería

Si se trata de esfuerzo y un giro en 360º en la vida profesional, Milton Quinzacara y su emprendimiento es un buen ejemplo de ello. Desde pequeño relacionado con el rubro de la minería, trabajando en diferentes puestos en los yacimientos norteños, se aburrió de lo árido del ambiente y el desgaste de la jornada laboral que implicaba, además de la entrada de sus hijos al mundo de la educación superior, y hace cerca de dos años se decidió, junto con su esposa Bárbara Torres, a emprender en su pasión por la cocina, puntualmente, en las pizzas. “En parte estaba un poco aburrido de lo que estaba haciendo, independiente de estar radicado en una ciudad, teníamos que viajar mucho ya sea a Calama, Copiapó, Iquique, La Serena y a la larga es algo que también te desgasta. Lo otro, nuestros hijos iban a entrar a la universidad, por lo que de alguna forma íbamos a quedarnos solos, por ende queríamos un negocio que implicara estar con gente y a la vez poder disfrutarlo. De ahí nació la idea de 9 Pizzaioli, ubicado en Andalué 2295”, cuenta.

Teniendo eso en mente, y que al igual que la gran cantidad de cafés instalados dentro de la ciudad, los negocios dedicados a las pizzas también abundan, debía marcar la diferencia en hacer la mejor. Para ello “me fui a Nápoles a la Associaziones Verace Pizza Napoletana, me ensañaron todo lo necesario para hacer una buena pizza y todos los implementos para poder cocinarla. Un negocio lento, como todos los emprendimientos al principio, pero de a poco hemos ido avanzando y agregando nuevos elementos. Por ejemplo, crecimos de 4 a 9 mesas, aunque nunca lo vemos más grande, ya que queremos controlarlo nosotros mismos. Tenemos ofrecimientos de hacer otro local, pero lo estamos evaluando, hay que darle un poco más de tiempo”.

Recalcando que existía un cierto vacío y desconocimiento de la real pizza italiana -la que conoció gracias a los diversos viajes que ha realizado junto a su familia- no tuvo ni ha tenido mayores impedimentos en llevar adelante el negocio, más bien el cierto temor o riesgo era el instalar un nuevo concepto en esta materia gastronómica, si las personas se iban a interesar en poder probar, y comprobar, el verdadero sabor de Italia. “La apuesta era traer un producto auténtico, que aunque fuera pizza, con muchos estilos e ingredientes disponibles en el mercado penquista, ninguna era la verdadera. Era traer un producto que realmente se destacara por sobre el resto, eso era lo principal y ciertamente arriesgado”.

Un riesgo que funcionó a la perfección y que apunta a un nicho de paladares exigentes y que aman, realmente, esta preparación europea, que si bien ha resultado ser un emprendimiento entretenido “implica mucho esfuerzo, nos dividimos las tareas con mi esposa. Ella se encarga del tema administrativo, compras, facturas, etc., y yo me encargo de mis pedidos de cocina y cosas de ese tipo, además de todas las mañanas llegar temprano a tener a punto el salón y preparar las masas, que se dejan listas con un día de anticipación. Tenemos un horario bien especial, ya que somos nosotros los que llevamos adelante todo, abrimos todas las tardes, incluidos los domingos, esto debido a que se ha corrido la voz, ha tenido buena aceptación el producto, les ha gustado. Hemos sido afortunados con nuestra clientela”.

Milton se toma las cosas con calma, haciendo hincapié en que todo lo ha ido alcanzando paso a paso, y ya pasando la etapa de los “números rojos”, el emprendimiento va en vías de consolidarse, “no ganamos dinero de forma instantánea, es más nos proyectamos a tres años como para tener ganancias reales y ahora recién estamos próximos a los dos. Alcanzando esa cantidad de tiempo, desde ahí se puede pensar en crecer un poco”.

En lo próximo, y gracias a esta pasión y “arte” por la elaboración de pizzas, este pizzaiolo está preparando su próximo desafío: el ser el primer sudamericano en participar de la Olimpiadi Vera Pizza Napoletana 2019, la que se realizará en Nápoles durante julio.