Pía Aldana, artista visual y dioramista
Colecciones de plantas, umbrales y dormitorios

Por Pía Aguilera D.

Fotografías Francisco Méndez R.

Tras egresar de Artes Plásticas de la Universidad de Concepción y con el premio que entrega la casa de estudios al mejor promedio de la generación, Pía Aldana ha logrado alcanzar una importante trayectoria con sus diversas creaciones, siendo sus ilustraciones y dioramas los más reconocidos con exhibiciones en Chile y el mundo.

Sus dioramas son diminutos mundos abordados desde el coleccionismo: 35 dormitorios en los que vivió, jardines de mujeres que atesoran plantas, balcones de la ciudad, fachadas patrimoniales, entre otros cuerpos de obra, cada uno con un discurso consistente detrás y en los que cada detalle transmite un significado relevante.

La reflexión, la naturaleza, la perseverancia y la literatura, son algunos de los pilares fundamentales que Pía ha plasmado tanto en su trabajo como en su vida diaria.

¿Qué es coleccionar?

La Real Academia Española define el coleccionismo como acumular objetos de una misma especie, pero a mí me interesan las variaciones del acto de coleccionar. Hay muchas cosas que puedes entender del coleccionismo de forma intelectual, que hay memoria, ficción, ritualidad, pero el atesoramiento intrínseco, lo aprendes coleccionando.

Cuando empiezas a investigar en esta disciplina, te das cuenta de que en ella habitan aspectos rituales, por ejemplo, la persona que tiene una colección de platos, se ocupa de asearlos y preservarlos de la misma manera en que un museo se encarga de mantener su colección; y hay un día, que no es cualquier día, en el que esa persona va a abrir su caja del tesoro, va a limpiar cuidadosamente cada objeto y ubicarlo en un lugar que le asignó de forma particular, luego va a cerrar y continuar preservando. Todo eso implica rito, patrimonio de lo doméstico, porque allí están cobijadas las memorias de una persona o de toda una familia.

Entre coleccionista y colección se suscita una relación simbólica que es difícil de explicar en planos concretos o intelectuales, porque se origina en base a la valoración que se le da a un objeto y por lo que ese elemento significa para quien lo posee.

¿Cómo comenzaste a interesarte por los dioramas y cómo fuiste desarrollando los diferentes cuerpos de obra?

Siempre tuve una fijación con lo tridimensional, armo y desarmo en mi cabeza los objetos que voy viendo, los vuelvo tridimensionales y los vuelvo planos. Cuando estaba en la universidad, quería hacer algo asociado al arte contemporáneo y no tenía muchos referentes de cómo realizar dioramas, así que comencé una investigación autodidacta. Estaba súper prendada de los espacios domésticos, y también del coleccionismo como disciplina.

Además de los libros, dormitorios era lo más parecido que tenía a una colección, pues hasta ese momento yo había vivido en 35 habitaciones, y pensé que sería interesante comenzar a replicarlas en miniatura, era una colección inmaterial que sólo habitaba en mi memoria. Ese proyecto se llamó “Relatos de Habitación” (2009).

Atesoramiento de plantas

Luego me comencé a preguntar por la colección desde el otro, y llegué a vincularme con 20 mujeres coleccionistas de plantas que se llamaban así mismas de esta manera. Así nació el proyecto “Herbolarias: Micro Narraciones de Jardines Interiores e Internos”, mi primer Fondart.

El proceso incluyó entrevistas a las mujeres, en las que ellas narran de su vínculo con sus plantas. En las exposiciones de estos dioramas que muestran sus jardines, las personas podían escuchar esos audios, entonces era muy bonito. Me empezaron a llegar muchos mensajes de personas que coleccionaban distintas cosas.

Luego desarrollé varios proyectos como “Vacíos: Figuraciones de lo inasible”, “Aproximaciones a Herbolarias”, entre otros.

Entre lo público y lo privado

El proyecto “La Etnografía de los Balcones”, plantea una colección de diferentes balcones de Concepción y la intercomuna y tiene que ver con la forma en que el ser humano escoge articular su morada. Todos vivimos de formas muy diversas, me parece que en cada manera en la que se constituye un hogar, se desprenden aspectos de la persona que lo habita, en cómo dispone el espacio, en las cosas que pone, en lo que elige tener.

Un espacio balcón es un umbral entre lo público y lo privado, le pertenece a alguien, pero tú también puedes observarlo desde la calle y contarte una historia respecto de lo que allí acontece o sobre quién habita en ese lugar, o miles de relatos, algunos tendrán algo de realidad, pero en general habrá mucha ficción.

En el coleccionismo también hay mucha ficción, cuando una tía te empieza a contar la historia de las tacitas de porcelana que colecciona en un mueble, te relata anécdotas familiares de todos esos objetos, algunas tal vez no existen, son mitos que se vuelven reales en tanto se van contando una y otra vez, ahí se van convirtiendo en un recuerdo.

Memoria colectiva

En el caso del proyecto “La Memoria de los Umbrales”, lo que he hecho es abordar nuestra memoria como una basta y magnífica colección de recuerdos, a partir de la reconstrucción miniatura de fachadas de la Universidad de Concepción y otras edificaciones. Justo coincidió con que en ese periodo la UdeC fue declarada Monumento Histórico Nacional, así que me pareció atingente exhibirla en la casa de estudios para el Día del Patrimonio.

Ahora estoy en la segunda parte de este proyecto, un Fondart que va empezar su exhibición nacional a principios de septiembre en Santiago, y luego fuera de Chile.

¿Cómo fue tu relación con el arte en tu infancia?

Desde muy pequeña empecé a desarrollar habilidades en base a la pintura. Había un caballero que hacía juguetes de madera y yo pasaba muchas horas aprendiendo en su taller, para mí era fascinante verlo tornear. Parecía mi abuelo, pero no lo era.

En ese momento no pensé que iba a hacer dioramas en miniatura, pero ahora veo que muchas de las prácticas que él aplicaba para construir juguetes, las utilizo yo hoy.

Nadie de mi familia me inculcó especialmente el arte, todos tienen profesiones más tradicionales. Aunque sí estuve más ligada al mundo del diseño, porque mi mamá es decoradora de interiores, así que tomé la máquina de coser muy chica, y eso también me ha nutrido para realizar cortinas y cobertores en los dioramas.

Además de estudiar Artes Plásticas, cursaste el Magíster de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Concepción, ¿cómo involucras la literatura en tu proceso de creación?

El mundo de la literatura es muy relevante en mi vida, me permite ir entendiendo otras culturas, otras formas de ver y de pensar; así logro comprender mejor por qué los otros son de determinada manera y puedo empatizar con ellos.

Leo desde muy chica. De repente voy leyendo cosas que me van haciendo sentido, tengo referentes que son fundamentales en mi trabajo, no en la forma de ejecutar un diorama, sino en el discurso que hay detrás. Ernesto Sábato, Gioconda Belli, Umberto Eco, son súper relevantes para mí por la forma en que narran.

Yo creo que el arte es interdisciplinar, me nutro de muchas partes distintas porque el conocimiento está en todos lados.

Da la impresión de que para construir un diorama necesitas saber de arquitectura, ¿qué tipos de conocimientos se requieren?

Es bien complejo. Cuando me dicen la palabra maqueta a mí se me paran todos los pelos, y digo no, la maqueta es el proyecto de algo que puede no llegar a ser, el diorama es en sí mismo, siempre es en sí mismo, pero más allá de eso, claramente hay muchos conocimientos arquitectónicos y he tenido que aprender a estudiar escalas de trabajo para poder reconstruir los espacios.

Una de las cosas que más me fascina del diorama en miniatura es que converge un sinfín de disciplinas, como cerámica, pintura, escultura, albañilería, bordado, crochet, hay artilugios eléctricos; y eso es lo bello, porque es un eterno aprendizaje y cada vez voy adquiriendo más oficios.

Por otra parte, cada proyecto va acompañado de audios, que son elaborados por el escritor y músico Alex Vigore.

Construir un cuerpo de obra completo me toma al menos dos años, los tiempos son prolongados, es todo muy pausado y con tiempos de espera.

¿Qué otros aspectos te gustan de los dioramas?

El arte contemporáneo a veces suele ser súper críptico, a las personas les cuesta mucho leer lo que el artista quiere decir porque hay mucho conocimiento abultado. Me gusta que alguien que no tiene que ver con el mundo del arte pueda ir a una de mis exposiciones, divertirse, reír, aprender, y que vaya recordando su propia existencia, su propia vida, por medio de los espacios miniatura que está viendo. Es interesante ver las reacciones de las personas.

Además de todo el vasto conocimiento técnico que tienen los dioramas, es un lenguaje de puro disfrute, empático y que te acerca a los otros. Entre tanta gigantografría que abunda, la miniatura te provoca esta cosa de querer cobijar, me gusta que para ver un diorama tienes que incorporar tu corporalidad, acercarte, levantarte, agacharte, porque es tan pequeño que necesitas mover tu cuerpo para observar los detalles.

Otro de los códigos que manejo hace un tiempo, es el óvalo en las vitrinas contenedoras, para mí esta forma tiene que ver con el relicario, esa joya que usaban las mujeres donde guardaban cosas atesoradas, ese es el sentido, el valor del resguardo de la reliquia como etimológicamente la definimos, que viene de relicario, que significa restos. Las reliquias son lo que queda de un tiempo pasado, las memorias de los vestigios del tiempo.

¿Cómo ves el escenario en Concepción para desarrollarse en los dioramas y en el arte en general?

Yo creo que como en toda área, hay que ser súper determinada y persistente. Soy una convencida de que cuando quieres hacer las cosas puedes, a mí hace un par de años me está yendo bastante bien, pero no todo el tiempo fue así. Siempre estuve muy determinada en que quería ser un aporte para la cultura y el arte.

Para mí, Concepción es una ciudad muy nutritiva en términos artísticos y creo que podría ser muchísimo más potenciada.

El diorama miniatura es un lenguaje súper escaso dentro de las manifestaciones artísticas, no sólo en Chile. Sería interesante ver que las nuevas generaciones se vinculasen en algún punto, hay muchos tipos de dioramas y muchas maneras. Es un lenguaje exquisito, vasto y magnífico que tiene varios usos, en el cine, ciencia, ingeniería, es una disciplina amplísima que debería ser más difundida, eso es algo que intento hacer por medio de charlas y conversatorios en universidades y colegios.

¿Podrías contarme sobre tu trabajo con la cerámica?

Estoy feliz haciendo cerámica con la escultora Bárbara Bravo, porque quería volver tridimensional mi imaginario pictórico y he podido traducir algunas de mis pinturas a la escultura cerámica, que es un lenguaje muy noble, con muchos tiempos y azares, porque tú metes las cosas al horno con una idea, y el horno te entrega otra cosa, es como pintar en acuarela, tienes certezas por tu manejo técnico, pero hay mucho de azar por el agua. Me agrada eso, porque yo estoy acostumbrada a controlar todo lo que hago en los dioramas.

¿Qué otro tipo de actividades realizas?

Hago gestión cultural y organizo ferias de diseño como Ventana Creativa, ya que tengo una marca que se llama “Pájaros en la Cabeza”, principalmente de objetos de joyería textil y accesorios femeninos. No todo el mundo puede comprar una obra de arte, pero es mucho más fácil acceder a un estuche, una billetera o unos aros. Mis productos pueden encontrarlos en la tienda de la Pinacoteca de la UdeC, en las ferias donde participo, o pueden contactarme por redes sociales.

¿Hay una línea o concepto que una todas las obras que realizas?

A veces me preguntan en qué te inspiras, pero para mí no tiene que ver con inspiración, sino con reflexión, que es desde donde parte todo lo que yo hago; y también desde la naturaleza, siempre hay plantas en los espacios que me llaman la atención, la vida natural es uno de los aspectos fundamentales en mi forma de crear obras y en toda mi existencia.

Me cuentas que tienes una agenda muy ajetreada y largas jornadas de trabajo en tu taller por los proyectos venideros, ¿cuáles son tus próximas exhibiciones y actividades?

En septiembre, voy a la Feria de Arte Contemporáneo y Diseño en Magallanes; luego inauguro la segunda parte de “La Memoria de los Umbrales”, en el Museo Nacional de Bellas Artes.

Desde el 19 de noviembre y durante todo diciembre, mostraré “Variaciones de un Jardín Imaginado” con Colectivo 3 (junto a María Soledad González y Paulo Arias), en la galería de arte de Campos Deportivos Llacolén.

En diciembre, voy a la Spectrum Miami, insertada en la Miami Art Week, a la que asisten los galeristas más importantes del mundo. Y el próximo año, voy a New York y Barcelona.

También estoy trabajando en un proyecto editorial desde el arte contemporáneo con mi pololo Alex.

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