¿Cuándo deja de ser normal?

Pérdida de cabello: ¿genética o estrés?

Encontrar pelos en la almohada, en la ropa, en el cepillo, o en la ducha, puede ser completamente normal según estudios al respecto, que consideran que es habitual perder alrededor de 50 cabellos cada día. Pero, ¿qué sucede si la cantidad aumenta al punto de percibirse?

Por Gabriela Bustos P.

La melena humana tiene alrededor de 100.000 cabellos de media, que pasan por diferentes fases y cambios. En su regeneración, un 15% cae para dar cabida a otros nuevos. De hecho, está comprobado que cada uno de ellos, tiene una vida limitada que va entre los dos y seis meses como máximo, lo que comprueba que perderlos en cantidades aceptables, no debería generar ninguna preocupación. Pero siguiendo con las cifras mencionadas, cuando la pérdida se duplica y se vuelve evidente que está excediendo los límites de la normalidad, comienzan a aparecer los complejos y preocupaciones.

¿Cuándo deja de ser normal? Según las cifras, cuando se trata de más de 100 cabellos diarios. Pero claro, como es imposible contarlos, los expertos sugieren en un comienzo, acudir simplemente al “sentido común”.

Dentro de las causas para que esto ocurra, la más común responde a la genética, y afecta en su gran mayoría al género masculino, pues al ser más corta la fase de crecimiento, sus cambios son mucho más perceptibles. En un comienzo suelen estar marcados por las temidas “entradas”, que con el paso de los años se vuelven cada vez más notorias; y luego con un debilitamiento general que comienza a afectar las raíces, a tal nivel, que empiezan a desprenderse lentamente, en especial en la zona trasera de la nuca.

Aunque como se menciona, es más común en los hombres, también se da el caso en algunas mujeres, sobre todo durante la etapa de menopausia, aunque el sector de pérdida es más cercano a la coronilla. En este caso, se habla de pérdida difusa del cabello, porque aunque no desaparece del todo, el que se vuelva tan fino, otorga mayor visibilidad al cuero cabelludo, generando una sensación óptica de calvicie.

Independiente de las características, es importante tener en consideración que si se está frente a un caso extremo, o que simplemente excede los límites de normalidad, es fundamental acudir a expertos que puedan vislumbrar las causas, pues solo con ellas se proporcionará un tratamiento adecuado.

El que existan tantos motivos posibles, se traduce en que no pueda haber una sola fórmula universal para combatirlo. “Las causas pueden ser muy diversas, e ir desde lo hormonal, el estrés, infecciones en el cuero cabelludo, origen hereditario, enfermedades, e incluso, efecto de algún medicamento en particular. Por eso es importante tenerlo claro para determinar algún tratamiento, que más que eliminar este problema, pueda prevenirlo”, cuenta Paulina Martínez, Químico Farmacéutico.

La profesional es enfática en la necesidad de acudir a un especialista que determine las causas, porque caer en soluciones transversales como las que ofrecen habitualmente el mercado, puede perjudicar más que curar. “El tratamiento siempre dependerá más de las causas que de la caída. No puede ser de otro modo. Si es verdad que existen vitaminas como la biotina que lo pueden evitar, pero por ejemplo si es por infecciones o por hongos, lo mejor será acudir a algún shampoo con componentes antimicóticos, o si es hormonal, por otro lado, a un preparado tópico a base de minoxidil. Lo menciono para que quede claro que no se trata de probar por probar”, explica Paulina.


Las causas más comunes

Por lo general, los procesos biológicos que se encargan del crecimiento de cabello, se equilibran de forma natural. Sin embargo, cuando este proceso se ve perturbado, y peor aún, se sostiene en el tiempo, adicional a la genética, son cuatro las causas que se suelen identificar con mayor frecuencia.

Una de ellas puede deberse a un sistema hormonal muy sensible, que reacciona distinto a los cambios, por imperceptibles que sean. En el caso de las mujeres está determinado por el estrógeno que es dominante, pero también convive con las hormonas masculinas andrógenas, presentes en menor cantidad. Estas últimas se pueden ver aumentadas por el estrés, por lo que se produce una alteración hormonal con muchas consecuencias, siendo un claro ejemplo de cómo un estilo de vida ajetreado y lleno de preocupaciones, es capaz de afectar físicamente al ser humano.

Otro motivo, que suele tomarse con mucha liviandad, está relacionado con los tratamientos agresivos de belleza capilar, que no hacen más que debilitar y apagar el cuero cabelludo. Decoloraciones, permanentes, alisados invasivos, e incluso peinados muy tirantes, no provocan caída inmediata, pero si se vuelven frecuentes, son capaces de debilitar el cabello a tal nivel, que lo destruyen desde la raíz. Cabe mencionar también que si alguno de estos tratamientos sale mal, sus consecuencias son tan graves, que la única solución será esperar la regeneración.

Está también la caída de pelo como efecto de una disfunción del sistema inmunitario, o como signo tardío de una infección. Se puede apreciar a la perfección cuando tras una gripe o resfrío potente durante el invierno, el cabello parece estar debilitado llegada la primavera. Afortunadamente este fenómeno es temporal, pues al cabo de tres meses y una vez regeneradas las raíces dañadas, todo vuelve a la normalidad.

Por último, el origen más común de esta problemática, tiene que ver con la carencia de vitaminas. Bien sabido es que para que el cuerpo se muestre saludable a cabalidad, es necesario mantener un ritmo de vida sano, y una alimentación equilibrada, pues serán la única garantía a la hora de prevenir. “En términos generales, una adecuada alimentación es esencial para el desarrollo y mantenimiento de todo el organismo, y eso también incluye el cabello. Los nutrientes fundamentales para él son el zinc, magnesio, vitamina B6, Vitamina B12, hierro, ácido fólico, y aminoácidos”, sostiene Rocío Oróstica, nutricionista.

Para la especialista, la deficiencia de estos elementos no solo se traduce en extremo en la pérdida de cabello, si no también contribuye paulatinamente a su debilitamiento. “Por ejemplo, el zinc está involucrado en la síntesis de ácidos grasos esenciales, que protegen el folículo piloso. También participa en la síntesis de la queratina y lo protege ante los radicales libres. O en el caso de los aminoácidos, el cabello es una estructura de un alto recambio celular, y por ello las necesidades de aminoácidos son fundamentales y a la vez continuas para colaborar en el crecimiento y reparación. Por ende, son fundamentales todos los alimentos que contentan los nutrientes mencionados, y que incluyan en términos generales pescados, mariscos, huevos, leche, carnes rojas y magras, legumbres, verduras de color verde fuertes como acelgas o espinacas, cereales integrales, y frutas”, detalla.

Por último, es importante mencionar que si se trata de un caso extremo, en que el pelo se cae a mechones, será fundamental acudir a un médico que diagnostique si se está o no ante un caso de alopecia areata.

Dicha enfermedad se caracteriza por afectar fuertemente a los folículos pilosos encargados de dar crecimiento al pelo, por lo que cuando se ven involucrados, las consecuencias son tan extremas que dejan áreas completas sin cabello en la nuca. Para estos síntomas las causas no están del todo claras, pero lo que sí es evidente, es que requieren de atención especialista inmediata.