Son padres jóvenes que buscan afianzar la conexión con sus hijos y por algún motivo cambiaron su rutina diaria para lograrlo. Ambos abogados, joviales y muy comprometidos, pasan parte de sus jornadas dedicados a los quehaceres de sus casas, a jugar con sus hijos y apoyar la labor materna, que en este caso pasó directamente a manos de Carlos e Iván, los protagonistas de este especial y las personas en que más confiaron sus esposas para esta gran misión.
La capacidad de adaptación de estos padres es sorprendente, luego de estar acostumbrados al trabajo de oficina y un horario fijo, por estos días conocen por si mismos el trabajo que anteriormente realizaban sus compañeras. Pese a que siempre estuvieron presentes, aseguran que la intensidad y el apego que viven con sus hijos por estos meses, es distinto y mucho más profundo.

Abogado y papá
Entre el derecho y la crianza, un solo paso

Tomó parte del posnatal de su señora para hacerse cargo de la casa y sus tres hijos, no conforme con eso decidió también hacer valer el derecho de alimentación y forjar una rutina que hoy le permite tener más tiempo para cuidarlos y compartir.

Es pionero. El primer hombre del Servicio de Impuestos Internos regional, en usar el permiso de alimentación con su hija Consuelo de diez meses. Carlos Albornoz es abogado, tiene 41 años y está decidido a no perderse nada si se trata de tiempo y cuidados para ella, motivo por el que también aprovechó un mes completo del postnatal, cedido por su esposa.

Una situación que se ve cada vez más entre las familias jóvenes, papás que quieren involucrarse de una manera más cercana y presente en la crianza de sus hijos. Pese a ser un derecho para los papás desde 2011, asegura que en su trabajo reaccionaban con cierta sorpresa. “En la oficina dije: en un mes me voy, ¿pero ¿cómo?, ¡tengo posnatal! y todos me preguntaban ¿por qué? y reaccionaban extrañados”, comenta entre risas el profesional.

Rafael de cuatro y Cristóbal de ocho años, son sus otros dos hijos, quienes ya están naturalizados con la dinámica. “Cuando ya me tocaba volver al trabajo pensé, que lata volver a trabajar, me voy a perder esto, los niños ya también acostumbrados a estar conmigo, los pasábamos bien, jugábamos mucho, entonces, y esta es la gracia de ser abogado -ríe- con mi señora, que también es abogada, nos pusimos a investigar esto de la jornada especial de alimentación,  lo revisamos, y nos dimos cuenta que es un derecho que pueden ejercer tanto el padre como la madre, porque también implica apego, estar y compartir con tu guagua”.

Para este padre es fundamental compatibilizar sus labores con la vida familiar, y es en ese afán que decidió junto a su mujer hacer valer este derecho y plantearlo en su trabajo, donde tuvo una excelente acogida, pero no exenta de reacciones entre sus compañeros. “Me he encontrado con tres tipos de reacciones. En el caso de los hombres, me miran como con recelo… es como mmm está bien, no te voy a decir nada, pero los incomoda. Las mujeres en cambio se pronuncian más, unas muy a favor (…) y otras que hacen comentarios con los que me he sentido un poco discriminado”.

Sin embargo, no existe alguna frase que pueda atenuar el entusiasmo de Carlos, que mientras explica la enorme alegría que para el implica hacer esto, asegura también que no lo ve como una ayuda, sino como una responsabilidad.  “Creo que respecto a este tema se ha evolucionado muchísimo, lo veo entre mis amigos. En las generaciones más recientes veo que existe la disposición de hacerlo, hay que darse cuenta que no es una ayuda, sino que es lo que nos corresponde y siento que hoy es el hombre el que exige su derecho de hacerse parte”.

Entre risas, el abogado asegura que cuando comentó sobre esta publicación mientras cenaba con su familia, su hijo mayor no logró entender por qué cuidar de ellos podía ser algo destacable, incluso preguntó “¿qué es lo raro de esto?”, el motivo es simple, un padre presente, dispuesto y consciente. “Hay una frase cliché que he escuchado mil veces, ‘¡oh! crecen tan rápido’, lo que me hizo pensar en que no quiero que me pase eso, quiero estar ahí observando y presente”, asegura convencido.

En enero pasado partió con esta nueva rutina, que hoy le permite llevar a sus hijos al colegio y buscarlos, además asumió la administración de su casa. “Mi señora está feliz y tranquila, porque esto tiene que ver también con su desarrollo profesional e intereses en conjunto, pues yo también quiero seguir desarrollándome, es un tema de pareja e intereses parecidos. Hoy nuestra prioridad son nuestros hijos, me encanta y quiero aprovecharlos al máximo”.

Gran Cambio
Renunciar a todo por amor

Llevaba siete años en un acomodado trabajo, pero decidió hacer un cambio radical y dejarlo atrás, también la ciudad en que vivía y todo lo que tenía hasta ese momento, ¿para qué?, para ser un papá de tiempo completo.

Partir de cero puede ser lo peor que podría pasarle a cualquier persona que ya tiene su vida hecha, trabajo estable, un puesto envidiable, seguridad económica, etc. pero qué pasaría si uno de estos días debes dejar todo eso atrás para dedicarte a lo que más amas… tus hijos. Esa es la historia del abogado penquista Iván González, que ya hace cuatro meses renunció a su seguro trabajo en la Tesorería de Temuco para volver a Concepción y cuidar a Emilio Jesús de un año y medio.

“Con mi señora, que es médico, siempre supimos que iba a llegar el momento en que tendría que hacer la especialidad en algún lugar y salir de nuestra zona de confort, pero estábamos en la duda entre Concepción y Santiago. Para mi es mucho más fácil trabajar allá, entonces traté de convencerla, pero en realidad ella siempre quiso hacer la especialidad en la Universidad de Concepción, y bueno, por otro lado, mi mamá me dijo ¿cómo voy a tener a mi nieto tan lejos?  entonces decidimos volver”.

Fueron momentos difíciles para Iván. Llevaba siete años en su puesto, por eso la sorpresa fue mayúscula a medida que se enteraron amigos y colegas. “Sin lugar a duda la decisión fue dejar de producir, pensamos entonces que era un tema de ajustarse, tuve tiempo para prepararme, pero me decían: ¿cómo vas a renunciar?, pide una licencia, un mes sin goce de sueldo, ¡estás loco!, fue durísimo, pero estaba decidido”.

Entonces renunció, aunque eso no significa que jamás volverá a trabajar, se dio plazos y pretende cumplirlos, eso sí, pausadamente. “Nos es una cosa permanente, siempre he tenido plazos más o menos claros, porque hay un proceso de instalación y adaptación. Mi señora tiene turnos muy largos, a veces sale a las 6 AM de la casa y llega a las 10 PM del otro día, entonces es todo un proceso en el que nos acompaña también nuestra niñera Alicia, que se vino de Temuco, con ella le dijimos nosotros te apoyamos y listo”.

Hoy dedica sus días a Emilio. “Es demasiado entretenido, jugamos en la casa, estoy mucho más creativo y siento que gané, pero fue duro tomar la decisión, aunque después siempre las cosas se empiezan a dar, uno en realidad tiene la costumbre de que entras al colegio, vas a la universidad y entras a trabajar, no paras nunca más hasta que te encuentras en una situación así”. De todas formas, asegura que siempre ha sido hogareño y que le encanta cocinar. Con su compañera de labores se dividen las tareas de la casa y se muestra sorprendido cuando comenta la cantidad de cosas que se hacen cada día estando en su hogar.

Todo este proceso le ha dado tiempo para valorar aún a su familia y también, precavido, aprovechó de terminar sus estudios de magíster en Europa antes que llegara su hijo. “Cuando la Natalia estaba embarazada me fui a estudiar a España, porque sabía que después el que iba a tener que sacrificarse un poco más era yo. Cambia la percepción cuando tienes familia, eres una comunidad, y mira, estoy contento absolutamente, ¿la decisión correcta? definitivamente sí, ¿tenía otra opción? tal vez sí, pero entre privilegiar tu carrera, tus ingresos o tu familia, y ojalá se pudieran compatibilizar, la familia es primero y no hay que perder el norte”.