Pantys

Una perfecta segunda piel

Si hay una prenda que refleja completamente el desarrollo histórico de la moda, son ellas. Elegantes, sofisticadas, audaces, clásicas, sensuales o recatadas; las pantys sí que saben adaptarse a cada estilo, por algo en su más de medio siglo de existencia, se han impuesto como un icono indudable de glamour.

Por Gabriela Bustos

En lo concreto es una pieza que cubre de pies a cintura, entregando belleza y calor, pero para quienes la veneran, la definición es mucho más profunda que eso. Se trata del complemento perfecto, ese que vino a reemplazar a la clásica “media”, y que no pretende irse nunca más.

Aunque actualmente se asocia a la más divina femineidad, sus inicios estuvieron siempre ligados al mundo masculino, siendo protagonista el soldado que hace 2.200 años las utilizaba para protegerse del frío en el invierno Mesopotámico. Para ese entonces las “media pantalón” eran de algodón y lana, aunque rápidamente y tras comprobar ser una flamante creación, comenzaron a surgir otros materiales que traspasaron rápidamente las fronteras. Bien lo supo el antiguo hombre europeo que apenas las conoció se esmeró en ostentar un mejor diseño y material que el resto. En este caso particular lo hacía luciendo una especie de calzón que cubría hasta los muslos, y que era replicada en por lo menos 7 pares, pues aunque cueste imaginarlo, en esa época hasta las pantys eran una señal de poder y riqueza.

Tal era su estatus, que según cuentan antiguas leyendas, un ejemplar bordado y de seda fue obsequiado por el Embajador de Francia a la Reina Isabel de Castilla, hecho que no estuvo exento de polémicas, por considerarlo una grosería de la peor calaña, pues para esos años, las piernas de la mujer eran una parte del cuerpo que debía permanecer en intimidad.
Pero un ícono tan insigne no podía quedar solo ahí. Por lo que al pasar los años y con el perfeccionamiento de las técnicas de confección, se llegó a modelos con tejidos mucho más delicados, que permitieron ese paso unisex tan esperado. Ahora las mujeres también podrían cubrir sus piernas con telas gruesas y oscuras, pero que no evidenciaran la piel, pues aún se consideraba vulgar y escandaloso. Esto hasta que el paso de la Primera Guerra Mundial causara estragos en el comportamiento social de las féminas, instándolas a rebelarse y mostrar tobillos pantorrillas; actitud impensada en esa era.

Con dicho destape comenzó también a diversificarse paulatinamente la oferta, abriendo paso a texturas y colores vivaces, que escapan mucho al objetivo inicial de pasar desapercibidas. Las había en distintas tonalidades, materiales y precios, hasta que en 1935 DuPont se la jugó por una panty transversal de “seda sintética”, que conservaba la calidad tradicional, pero la ofrecía a un precio mucho más bajo, ¿el resultado? Más de 4 millones de ejemplares vendidas en un par de días, en otras palabras ¡masificación total!

Tal para cual

Esta vez con presencia unisex, comenzaron a abrirse paso entre las damas que de a poco fueron adueñándose de la prenda que en un comienzo les era ajena, masificando tanto su interés por las panti-legs que para 1959, ya estaban en todas las tiendas emblema de la moda mundial.

Pero si hubo una pieza que las impulsó al estrellato, siendo su compañera por excelencia, fue la minifalda. El mundo entero evolucionaba y con él los paradigmas imperantes. Para los años 60 el cuerpo femenino había cambiado para los amantes de la moda: mientras la línea de la cintura bajaba hasta la cadera, el final de las faldas, y con él la exhibición de las piernas, subía por encima de las rodillas. Había un nuevo canon de belleza que ya exigía nuevos cortes en cada pieza, particularmente en una que adquiriría completo protagonismo: la panty.

Iniciaban así su época de apogeo y entraban en cada closet, hasta que circunstancias históricas les jugarían una mala pasada. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, el uso del nylon fue exclusivo para materiales de guerra, por lo que hubo que detener su producción hasta 1945. La buena noticia para sus seguidoras, es que su reincorporación fue fugaz, siendo esto una clara evidencia de su popularidad.

Para la década de los 60’s innovar con esta prenda ya no era un riesgo, lo supieron bien quienes se atrevieron a trabajarlas en lycra, material popularizado hasta el día de hoy. Aunque claro está, las medias sintéticas nunca desaparecieron ni lo harán.

Los avances tecnológicos y en diseño no se han detenido, y por el contrario han incrementado, hasta llegar a ofrecer hoy materiales tan atractivos como la lana de angora, que además de caracterizarse por su suavidad, es capaz de absorber y secar el agua rápidamente, convirtiéndola en una tela ideal para ropa térmica, así como para quienes sufren de artritis (abriga hasta 10 veces más que la lana de oveja) y alergia a la lana tradicional. Infinitos avances que hasta garantizan disminuir la piel de naranja, o facilitar el tratamiento de varices, ofreciendo a su vez mejoras estéticas como las proporcionadas por el efecto push up, o versátiles como la tecnología Punto Stop, que promete despedir a los tan molestos “puntos corridos”.

¿Un básico, o un accesorio? todo dependerá de la ocasión, porque si algo está claro es su capacidad de reinventarse. ¿Ejemplos de su evolución? Sobran. Aunque sólo uno refleja su historia en totalidad: la prenda que llegó buscando invisibilidad, ¡comprobó que su esencia era brillar!