Alegría, intensidad y generosidad

Pamela Poblete: “Quiero incentivar a los demás a que se atrevan y crean en sus proyectos”

Proveniente de una familia de ingenieros, Pamela Poblete decidió incursionar en el mundo de las artes. Con exposiciones en Concepción, Santiago, España y próximamente en Miami, ella trabaja apasionadamente en lo que la hace feliz: crear en su taller. Sus pinturas buscan transmitir su personalidad, que es divertida, extrovertida y siempre feliz, para así provocar las mejores sensaciones a quienes admiran su obra.

Por Loretto Partarrieu M.

Nacida en Concepción un 4 de agosto de 1971, Pamela Poblete Benitez, vivió su infancia, la cual describe como “maravillosa y muy linda”, en Los Andes junto a sus papás y dos hermanos menores: Rodrigo y Patricio. “Mi papá es ingeniero en minas, así que pasé mi infancia en Saladillo, un campo minero de Codelco. Era como vivir en una burbuja”, recuerda.

El arte no fue su vocación desde el principio, sino que comenzó estudiando servicio social en la Universidad de Concepción en el ’88, sólo con 16 años. No pudo seguir con la carrera porque al ser una persona muy emocional, ésta le afectaba mucho. “No es que no haya sido mi vocación, pero soy muy corazón de abuelita, en esto hay que ser más dura y más fría y yo no quería convertirme en eso”, explica.

Pero no todo fue malo, porque aquí fue donde conoció a su marido actual, Patricio Abufarhue, con el que hoy vive junto a sus 3 hijos: Michelle (23) que está por egresar de ingeniero comercial, Paul (21) que estudia 4° año de odontología e Ignacio (18) que cursa en 4° medio.

Pintora, interiorista, mamá y dueña de casa, Pamela siempre prioriza a su familia, estando siempre ahí, aunque sea para lo más mínimo: “mis hijos son lo primero, segundo y tercero. Soy mamá presente, no tan aprensiva y los dejo ser personas libres que sean capaces de tomar decisiones propias. Me gusta estar pendiente de ellos, a pesar que ya tienen una edad en que no dependen de mí en muchas cosas”.

Las artes

Nacida y criada en una familia de ingenieros, Pamela quiso quebrar esta tradición. “Fue una osadía o algo distinto estudiar diseño. Creí que el trabajo social era para mí, luego. Primero opté por eso, pero luego me cambié y estudié 6 años en Incacea (Instituto Profesional de Ciencias y Artes) en Santiago, donde viví unos 15 años y luego volví a Concepción por el trabajo de mi marido”.

¿Cuándo decidiste dedicarte a las artes y por qué?

Uno nace con esto. De niña vivía decorando mi pieza y ayudándole a mi mamá. Estudié interiorismo, lo que me llevó a entrar en la pintura, y en paralelo siempre hice manualidades.

Cuando volví a Concepción, me decidí a hacerlo de manera más profesional y ya llevo unos 13 años en esto. Me costó aparecer y mostrarme. Antes tenía un pudor, ya no me cuesta nada y lo disfruto. Siempre desde un punto de vista no tan egocéntrico, porque el tema del arte tú convives con mucho ego de tus colegas y de la gente que te rodea, eso hay que saber manejarlo. Como no tengo mayores pretensiones y se trata de divertirse, me fluye de manera natural. Es como desnudarse, afloran todos mis mejores sentimientos y toda mi expresividad.

Esto se ve muy bonito una vez que está terminado, pero involucra hartas horas de estudio, de taller y trabajo duro. Además, que está todo lo tuyo: después yo me voy a morir, va a quedar mi nombre y la obra.

Me gusta probar e indagar distintas técnicas, estoy en una constante búsqueda. Nunca vas a ser del gusto de todos, pero voy a seguir en esto porque a mí me gusta.

¿Qué es lo que más te inspira al momento de crear?

Las emociones, transmitir una idea preconcebida de un mensaje. Me inspira todo: la naturaleza, los viajes, mi familia, los sentimientos. Al momento de crear, me inspira esa emoción que quiero transmitir. Dibujo y hago bosquejos preconcebidos y ahí empieza a fluir la obra.

¿Qué quieres provocar en la gente con tus obras?

Quiero remover los sentimientos, como que la gente despierte de algo. Yo soy súper alegre, súper extrovertida, me gusta reírme, entonces fluye todo eso y eso es lo que quiero provocar: que la gente cuando vea un cuadro le provoque las mejores emociones. Que haga aflorar esas emociones que a veces están súper escondidas, que a veces no nos atrevemos a mostrar, necesarias para el espectador.

También eres diseñadora de interiores, ¿prefieres uno de estos trabajos más que el otro?

No prefiero uno al otro, sino que son etapas en que me he dejado llevar con lo que la vida me va sorprendiendo. Primero trabajé en iluminación, estuve con arquitectos y ahora estoy pintando. Ninguno me llena más que el otro, hoy me llena la pintura porque estoy en un momento en que hoy mis sentimientos, pensamientos, mis emociones, me dan felicidad y me divierte mucho hacerlo. Me encuentro conmigo misma, por eso hoy estoy en la pintura.

¿Cómo divides el tiempo entre tu familia y tu trabajo?

Yo tengo una rutina diaria clásica: me levanto temprano, hago pilates, quehaceres de dueña de casa y luego tengo horas intensas de taller. Soy una persona que necesita estar conectada constantemente con la gente que me rodea, pero puedo estar entre 6 y 8 horas en mi estudio.

Como soy ordenada, no me complico. Si hay días en que necesito tiempo para algo puntual, que no sea para mi trabajo, yo me lo doy. Yo creo que Dios nos dio tiempo para todo, entonces nunca me siento agobiada. También va con la madurez, ves la vida de otra manera, donde se trata de disfrutarla. Cuando uno quiere hacer algo va a tener el tiempo, hay un tema de voluntad.

¿Te gusta tener tu taller en casa?

Me permite estar cerca de lo que más amo, que es mi familia. Me gusta estar con ellos, me gusta estar presente, me gusta disfrutar de mi casa. Pero también me gusta la soledad, siento que ahí me encuentro también con la pintura.

Participé de muchos talleres colectivos, donde compartía con otras personas, pero mí mayor momento de inspiración son los momentos solos. Si estoy en mi casa, que es mi hábitat, mi refugio y donde está lo que más amo en la vida, más me fluye. Me siento completa en mi casa y en mi taller, no necesito nada más.

¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

La verdad no es mucho lo que me queda. Además de dedicarme a la pintura, siempre estoy interesada en investigar y en conocer lo que hay en tendencias, entonces estar al día ocupa gran parte de mi tiempo.

Leer sobre lo que me interesa, siempre con el tema del arte o de psicología, cosas así me gustan también. Mis momentos de soledad también, siento que es una manera terapéutica de encontrarme conmigo misma.

En el extranjero

Además de tener su propia galería en Concepción y exposiciones en Santiago, Pamela cuenta con muestras al otro lado del mundo, en España. Por esto, viajar se ha vuelto una gran parte de su vida, aunque no siempre sea por trabajo.

¿Qué es lo que más te gusta de viajar?

Viajo mucho por el mundo porque me enriquece, me encanta. Entre más viajo, busco y encuentro siempre nuevas experiencias artísticas: los encuentros y conversaciones con otros artistas, siempre estoy en búsqueda de la belleza, la armonía, entonces todo eso suma.

Lo que me más me gusta es la conexión y la interacción con otras personas, de distintas áreas y disciplinas, no necesariamente artísticas. Viajo por lo menos 6 veces al año, es mucho claramente. No es sólo por viajar o por salir, sino que gano mucha experiencia, porque contemplo mucho. Eso me nutre y enriquece, para después llegar a mi taller y sacar un poco de todo lo que me empapé, plasmándolo después en obras de arte y siempre sacando lo mejor de mí, porque los viajes me alegran.

Me gusta conocer las distintas culturas y distintos pensamientos. Cuando eres libre pensante, ves la vida de otra manera y quizás eso es lo que uno refleja, porque no estoy encasillada con los prototipos o los cánones clásicos de la sociedad.

En los viajes conozco gente y ya tengo amigos afuera, ese es el mayor regalo de esto. El interactuar con distintas culturas es lo que te da un bagaje que te abre la mente, entonces ese es el mayor beneficio de viajar.

Cuentas con varias exposiciones en España, ¿por qué ese país?

Partimos al revés, en vez de partir en mi país, partimos afuera en España. Tengo familiares y amigos, entonces ellos me han abierto las puertas. No es sólo porque los conozca desde antes, los he conocido a medida que van pasando los años, entonces han ido conociendo mi trabajo. De hecho, mi mentora, ella me eligió y quiso hacerme clases, nació de ella de una manera muy generosa y de lo que estoy muy agradecida, entonces soy privilegiada. Por eso España ha sido como mi segunda casa.

A raíz de eso han surgido otras cosas, como que este año estoy en un colectivo con un colega de Concepción, que ha seguido mi trayectoria y me invitaron a formar parte en Miami para exponer en septiembre este año, así que ya estoy trabajando en eso. Este grupo es internacional, con artistas que expusieron en Florencia y esta vez me incorporaron para participar en la versión de este año. Estoy muy contenta porque ahora mis obras empezarán a entrar a Estados Unidos.

Comentabas que en el viaje que estás ahora en España es por estudios. ¿Qué estás estudiando y por qué?

Vine a Islas Canarias, porque tengo mi mentora, Rufina Santana que es de Lanzarote, así que esta vez vine a hacer un masterclass personal de arte con ella. En este caso es de pintura, de técnicas y de mentorías personalizadas, mañanas dedicadas enteras así que es bien intenso. Siempre estudiando y perfeccionándome.

Veta social y futuros proyectos

A pesar de haber abandonado la carrera de Servicio Social en la Universidad de Concepción al año de haber ingresado, Pamela siempre ha sido una mujer muy generosa y que se preocupa por las necesidades del entorno que la rodea, por lo que esto sigue estando dentro de su vocación y formando parte de ella.

En noviembre del año pasado, realizó una exposición con el fin de impulsar la inclusión a través de sus obras. Un homenaje a “Las Meninas” de Velásquez, obra que ella siempre ha admirado, fue la inspiración para crear esta muestra. Su propia interpretación plasmada en 6 obras, las cuales se vendieron a beneficio de Futuro 21, fundación que trabaja con niños con síndrome de Down en Concepción.

“Quise hacer mi propia interpretación con estas ‘Meninas’ vestidas con mucho color y florido, celebrando la llegada de la primavera, el arte y la inclusión. Conozco la fundación desde siempre y siento que a uno la vida le regala tantas cosas, que hay que compartir el arte ayudando y fue un aporte que me llenó el corazón”, declara.

“Me interesa generar este tipo de instancias para motivar a otros, y así he visto que han ido surgiendo otras cosas de personas que se han sumado de distintos modos: haciendo clases, ayudando o colaborando”, asegura.

Escribir también está dentro de sus intereses, por lo que luego de esta experiencia, decidió tomar lápiz y papel para redactar diferentes historias que fueron compartidos con ella el día de la exposición. “Esta experiencia me hizo sacar otro tipo de sentimientos, relacionado con lo de la labor social, entonces afloró más mi sensibilidad. Me puse a escribir un día los relatos que me habían llegado, de muchas mamás que viven con la esperanza de que sus hijos con diversas necesidades educativas especiales, aprendan a valerse por sí mismos, y sobre todo a ser aceptados y acogidos por sus pares en esta sociedad”, explica.

“Es un llamado a las madres que no tenemos hijos con dificultades, enseñarles a acoger a sus pares, incorporándolos en sus actividades cotidianas sin exclusión alguna. Es algo muy común y que la sociedad ha ido avanzando, pero que muchas veces nos quedamos en la palabra bonita y no hacemos nada”, aclara.

“Me encantaría sumar a otros artistas, uno se comunicó para saber cómo podía aportar, entonces hay que generar un poco de conciencia porque estamos en una sociedad muy individualista. Este año ya tendremos tiempo con otros que se han ido sumando de otras áreas para seguir haciendo eventos a beneficio de fundaciones”, afirma.

¿Cuáles crees que han sido tus aportes para la ciudad?

Abrir instancias para que otros artistas tengan espacio. Me gusta potenciar a artistas de distintas áreas: pintores, de danza, de música. Que seamos más generosos unos con otros, dar a conocer el arte de muchas otras personas de la región, porque no puede ser todo tan centralizado en Santiago. En la región hay mucho talento y eso a mí me gusta fomentarlo, no sólo lo mío.

Por ejemplo, este fue segundo año que participé en la feria FINCO, evento importante de la región, junto con un colectivo. Hicimos moda, arte y vida saludable, potenciando a pequeños emprendedores y otros más consolidados. Nos unimos para mostrar a la gente afuera y para que nos conozcan en otras regiones, incluso trayendo a gente de Santiago. Ahí aparecieron muchos contactos para los que estaban conmigo, como para mí también.

Me gusta participar mucho de todos los eventos y ferias de distintas áreas del arte, colaborar y que se den a conocer diferentes emprendedores, para que sus productos vayan a la capital y a otras regiones.

Quiero que las nuevas corrientes tengan más espacio e incentivar el tema social también. Que no sea sólo para nosotros, sino que siempre ir de la mano con un aporte para la región, con una institución a beneficio. Quiero incentivar a los demás a que se atrevan y que crean en sus proyectos.

¿Qué proyectos tienes en mente para el futuro?

Hacer más exposiciones individuales y colectivas, partiendo de Concepción, en otras regiones y también en el extranjero. Seguir estudiando y seguir conociendo, investigando, curioseando y empapándome, nutriéndome lo que más pueda de lo que más me enriquezca como ser humano. Esa es la prioridad, así puedo entregar lo mejor de mí y porque esa es la finalidad de esto: me entretengo, me divierto, soy apasionada, soy intensa y soy generosa. Quiero seguir disfrutando de lo que hago, profesionalizándome cada día más, exponiendo y dando a conocer mi trabajo. Que todo fluya y a la vez sorprenderme a mí misma.