Hasta que cada vaso del mundo sea de botella

Oscar Muñoz, un joven emprendedor a toda prueba

Pionero en la fabricación de vasos a partir de botellas, está pronto a abrir una sucursal de su empresa Green Glass en Colombia, pero sus proyecciones no son solo económicas sino también sociales, con alto enfoque en el emprendimiento. Por esto mismo, la empresa fue elegida entre otras 600 mil para protagonizar uno de los capítulos de la serie que Shopify llevará a Netflix, mostrando interesantes y exitosas ideas de todo el mundo.

Por: Virginia Torres M. / Fotografías: Diego Galaz

Tiene apenas 27 años y cuando conversas con él percibes una fortaleza emprendedora impresionante, la que se ve fielmente plasmada en su proyecto, una empresa de carácter ecológico con gran proyección internacional, que lo llevó a crear una línea de producción y un modelo de negocio que sacó adelante con una constancia a toda prueba. Es Oscar Muñoz, creador de Green Glass, ingeniero comercial y una persona con alto sentido del valor de las personas, el medioambiente y el trabajo justo.

Desde niño trabajó junto a su familia en Calypso Chile, empresa dedicada a la artesanía en vidrio, que fue fundada en 1996 por sus padres Oscar y Marcela, con ellos aprendió las técnicas base que lo llevaron hasta donde está ahora. “Siempre trabajé, de niño, todos los veranos hacía aritos, collares, pulía vidrio, pintaba vidrio (…) el pulirlo fue lo fundamental que necesité para hacer vasos de botellas”.

Cuando tenía 15 años empezó a pensar cómo sería tener un proyecto propio. El panorama ya estaba claro para Oscar. “Quería tenerlo, crear una empresa que fuera buena para las personas, para el medioambiente, y la verdad no sé de donde viene esto, quizás de darse cuenta que está lleno de basura en todos lados y a nadie le importa nada, entonces el desafío es de uno, de tratar de convertirse en una persona que sea sustentable y no tóxica para el planeta, ser ecológico, vivir con esos valores, practicarlos y profesarlos”.

Claro está, no fue tarea fácil para Oscar, y de eso da cuenta en la entrevista que realizamos a este joven, pero gran emprendedor.

¿Cuándo te diste cuenta que esto podía resultar?

A los 18 años un amigo me preguntó si le podía cortar una botella, porque sabía que yo hacía artesanía en vidrio, le dije que iba a tratar y así hice mi primer vaso. Tenía mucha experiencia, porque el proceso es más complejo de lo que parece, no es que cortemos botellas no más, nosotros hemos desarrollado máquinas, procesos, hay hornos, pinturas, muchos aspectos técnicos, se aplica fuego (…) es un proceso que hemos desarrollado y nos hemos demorado harto tiempo. Antes fabricábamos 200 vasos al mes y hoy podemos hacer 20 o 30 mil vasos, lo que es bien distinto…

Influyó por supuesto tu experiencia familiar…

En mi familia todos son artesanos en vidrio, mis papás, y mis tres hermanos, Marcela, Paloma y Samuel; siempre trabajé con ellos haciendo artesanía, los vi que vivían de algo que hacían con sus propias manos y vi cómo fueron creciendo ellos como empresa, entonces fue algo bien bonito, porque como familia siempre nos dedicamos a hacer aros, lámparas, mesitas (…) vitrofusión.

En tierra derecha a emprender

Ya en la universidad, primero en la Adolfo Ibáñez y luego en la Universidad de Chile, en las que estudió ingeniería comercial, manifestó su mentalidad emprendedora. “Después de que mi amigo me pidió cortar esa botella, propuse mi idea para el ramo de emprendimiento y mis compañeros me dijeron que estaba loco, que de dónde íbamos a sacar las botellas (…) me echaron del grupo”, cuenta entre risas y agrega “ahí el profesor me dijo ‘oye tus compañeros te echaron, no eres emprendedor ni proactivo entonces repruebas el ramo’, pero yo insistí y a final de año me uní a otro grupo y me dio otra oportunidad”, pese a eso persistió.

En aquellos años les tocó vivir una grave crisis familiar y económica, recuerda Oscar que fueron muchos los factores que afectaron la estabilidad del negocio, momento en que se dedicó por completo a emprender con Green Glass. “Quise hacer de este negocio mi actividad principal, antes les pedía ‘lucas’ a mis papás y en ese momento dejé de hacerlo, yo los veía que estaban preocupados de salvar su empresa y quería hacer mi aporte.


¿Cómo fue partir este negocio sin nada en el bolsillo?

Bueno, Green Glass fue por años una empresa súper chica, vendíamos doscientas a quinientas ‘lucas’, a lo más un millón. Los primeros dos o tres años me moría de hambre, me iban a echar de la U, nos iban a quitar la casa, nos venían a embargar, cosas que no me gusta contar, pero es la verdad y fueron parte de esta historia. En ese entonces Green Glass no tenía diseño, el packaging era feo, me iba mal en la universidad y tenía una deuda universitaria enorme con esta, todo salía mal, pero si no vendía un vaso no tenía un plato de comida al día siguiente, esa experiencia fue la base de lo que somos hoy y me ayudó a ser mucho más fuerte.

Ya saliendo de la universidad, luego de cinco años, el negocio empezó a dar mejores frutos, facturando más de cuatro o cinco millones mensuales. “Mi empresa empezó a vender mucho más que la de mis papás, entonces ahí ellos pusieron más atención a lo que estaba haciendo y mi viejo se encargó de la producción, así saltamos de hacer cinco mil vasos a 15 o 20 mil, duplicando y hasta triplicando la producción y las ventas, y de esos cuatro o cinco millones pasamos a 30, 40 y hasta 50 millones mensuales, proceso que se demoró unos siete u ocho años.

Un ‘cabro chico’ y un peruano ilegal ¿Qué tal fue ese proceso?

Los problemas que tenía cuando apenas ganaba 200 ‘lucas’ o un millón, son los mismos problemas de hoy día vendiendo 20 o 50, el nivel de dificultad sigue siendo el mismo, pero a otra escala. En un principio éramos yo y David, un peruano que había cruzado ilegalmente la frontera, estaba indocumentado y si veía a un ‘paco’ salía corriendo. Dos personas, un cabro chico y un peruano ilegal, ni siquiera lo podía contratar (ríe).

¿Y cómo lo hacían para vender, cómo se promocionaban?

Principalmente yo iba a ferias y al que podía le vendía, tenía una página que era malísima, también vendía en un grupo de Facebook. Despaché por mucho tiempo y era muy difícil, nadie quería comprar, lo encontraban ‘flaite’ (…) Hoy lo vendemos con un concepto mucho más fino, con todo un diseño, un proceso y un marketing súper bueno, pero eso se formó durante los años, en esa época yo mismo me metía a la basura de distintos restaurantes, hoteles, casas, buscaba las botellas, las llevaba al taller, las cortábamos, las vendía y las despachaba.


¿Cuál era el costo de todo ese esfuerzo en tu vida personal?

Aparte de todo eso tenía que estudiar, mi situación era súper crítica, fueron años de no rendirse, de valérselas por uno mismo, y de superar toda esa frustración de no poder vender más, de no poder contratar más gente o hacer un mejor diseño, un mejor packaging, entonces hoy tenemos registros bonitos de todo eso, las cajas feas, la página fea, que fueron las bases y raíces de lo que evolucionó después. Así Green Glass pasó de ser solo un cabro chico y un peruano ilegal que cortaban botellas, a dar vida a los mejores vasos del mundo, que buscan demostrar que el vidrio no es basura, reconocer el trabajo de los cartoneros y recicladores, enseñar a reciclar y no parar hasta que cada vaso del mundo sea de botella.

De acopios y cartoneros

En un momento de este largo proceso, comenzó además a comprar botellas a un centro de reciclaje en La Cisterna, lo que simplificó las tareas y lo motivó para abrir su propio centro de acopio en La Reina. Hoy en día ya se proyecta con un segundo y además recibe los aportes de puntos establecidos en La Florida y Lo Espejo, también lo que puede rescatar desde Molina, donde trabajan con los residuos de las viñas del lugar.

“Quiero lanzar mi propio centro de acopio en una comuna difícil, porque me gustaría jugármela por el espíritu inicial de Green Glass que es hacer las cosas de manera distinta, hoy recuperamos botellas de estos centros donde trabajan con cartoneros, pero también este año hicimos una alianza que nos sirvió un montón, que fue recibir las botellas de descarte de la cristalería, las que van a moler y no les sirven, que nos apoyaron si seguíamos promoviendo el reciclaje, porque les encanta nuestro proyecto”, comenta orgulloso.

Pero esta parte de la historia también tiene otra arista: la relación que nació entre Green Glass y los recicladores de base de La Cisterna. “Empezamos a hacer un registro del centro, a tomarles fotos, a conocer y contar sus historias, a buscar cómo ayudarlos y mejorar, porque queremos también reconocer y valorar su trabajo”.

Recuerda que el primer restaurante al que lograron vender sus vasos fue a Carlo Cocina de Carlo von Mühlenbrock, por primera vez con logo propio. “Ahí empezamos a vender a otros restaurantes y pasamos de eso a venderle a hoteles como el Hyatt, el Marriot, Renaissance, y a otros muchos locales ‘bakanes’, logramos entrar a los mejores y la gente empezó a llamarnos más”.

Madurar en el camino y el futuro

Asegura tener un carácter bien introvertido, lejos de lo que puede verse en el material que uno encuentra en la red, donde muestra una gran personalidad, pero de lo que no cabe duda, es del tremendo desarrollo humano logrado durante estos diez años.

“Tenemos unos vídeos que tienen un millón de reproducciones en YouTube, y para mí también es un tema, porque tengo dos facetas, la súper extrovertida, que es la que necesito poner para la marca, para llamar la atención, para comunicar un concepto que me interesa que es el reciclaje, las personas, los valores del esfuerzo y el emprendimiento, para eso debo ser muy fuerte, o ser extrovertido, tener cuento, pero por otro lado también soy súper introvertido, yo vi como cambió mi vida, hoy en día Green Glass brinda estabilidad a mi familia y además pude pagar mi universidad completa a los 27 años, los que para mí es un éxito gigante”.

¿Cómo evalúas la experiencia ahora?

Ha sido un gran proceso de autoconocimiento, de desarrollo personal, todos los días tienes desafíos y debes ir evolucionando, aprender de crear empresas, manejo de personas, marketing, diseño, es tan entretenido y desafiante, pero a la vez difícil (…) yo me veo para atrás y lo que era… hoy ya movemos una suma de dinero interesante y también una cantidad grande de botellas, tenemos 25 puestos de trabajo, hacemos donaciones a fundaciones, hemos hecho campañas bonitas, pasamos a ser un referente en emprendimiento a nivel nacional, no tecnológico o startup, sino como algo que cualquier persona logra sacar adelante a punta de esfuerzo. Grandes miedos se han ido descubriendo, reconociendo y dejando atrás.

Por el momento el futuro se viene bastante prometedor para Oscar Muñoz y Green Glass, ya tienen planeada la mejora de sus productos y llevar al mercado una línea de copas y lámparas. “Estamos trabajando en eso, vamos a sacar vasos multicolores y partiremos pronto con un Green Glass en Colombia, espero partir uno en Brasil también”.

Como marca, Oscar comenta que han tenido más de cinco mil acercamientos con gente interesada en su modelo de negocios, “hay gente que está haciendo esto y no solo en Chile, sino que también en Latinoamérica y nos envían mensajes por todas nuestras redes”, asegura.

También haciendola.com

El espíritu emprendedor de Oscar y las ganas de ayudar a su entorno no se quedaron solo en lo ecológico, por eso decidió crear www.haciendola.com, un portal dedicado a la confección de sitios, y e- commerce, que desde 2013 ha trabajado con más de 200 marcas, con quienes este joven ha compartido su experiencia.

¿Cómo funciona Haciéndola.com?

En base a Green Glass cree este portal para apoyar a los emprendedores, el espíritu era que, si yo logré salir adelante, tener clientes y solucionar problemas, quería compartir esa experiencia y que otras personas puedan hacer cosas en las que puedan trabajar. Como lo dice su nombre es un blog desarrollado para esa gente que hace cosas, un servicio donde hemos trabajado con marcas como Tortas Riesco, Surf Stoked, Zapatos Bestia, hasta el sex shop Japi Jane. Además, hice un librito en donde junté información sobre softwares, libros y aplicaciones para aprender sobre emprendimiento, ese es el espíritu de Haciéndola, una comunidad de emprendimientos en base a la experiencia, donde todos comparten lo que les ha servido.

¿Por qué esas ganas de enseñar tu experiencia?

Haciéndola nace porque en ese momento había muchas menos herramientas y menos espíritu de emprendimiento, en mi generación de la universidad nadie emprendía, nadie hacía nada, entonces uno buscaba gente que supiera, que te ayudara a crecer, que ya lo habían resuelto, ahí me volví un experto en e-commerce, empecé a vender por internet y hoy lo que hago es ayudar a las marcas en eso, depende a qué nivel quieras llegar… Recuerdo que había gente que te dejaba un consejo, que te daban su consejo gratis y yo dije también quiero hacerlo, porque ¡pucha! hay tanta gente con talento, buenas ideas y buenos proyectos, que merecen que les vaya bien y de repente tú tienes soluciones que ellos no conocían, a mí me pasaba que encontraba esas soluciones en otras personas y fui como compilando un poco esas cosas, entre mi experiencia y la de otros.

Se toma un momento para pensar y afirma con fuerza: “es que me parece súper ‘chato’ no ser así, encontrarte con alguien a quien le preguntas y no es sincero, no es transparente y no te hace sentido lo que dice. Si me preguntas no podría no ser transparente, quiero ser súper recto y que si me van a criticar lo hagan con razón, no es que te vaya a decir la fórmula secreta, pero siempre muestro lo que estoy logrando, las metas que me fijo, en qué estoy enfocado este año, estos son mis planes, uso estas herramientas, uso estos softwares, me leí estos libros, conozco a esta gente, postulé a estos concursos… Yo espero lo mismo de vuelta.


Una aventura de amor

Hace dos años y medio conoció a Gita Buga, una fotógrafa inglesa que llegó a quedarse a su casa, supuestamente por un día, a través de couchsurfing, lo que no previó Oscar es que se enamorarían y ella pasaría a ser una parte muy importante en sus emprendimientos, episodio que recuerda entre muchas risas.

“Fue increíble, muy bonita historia, hoy es mi socia en la tienda y haciéndola revivió gracias a ella. La invité a conocer el centro de reciclaje, yo llevé mi cámara porque sabía que era fotógrafa, entonces le empecé a presentar a los personajes del centro y hasta el día de hoy están en la página las fotos que tomó el segundo día de su paso por Chile. Ella empezó a mejorar toda la imagen de Green Glass, le enseñé a usar la plataforma y restructuró mi página web. Después se fue a Brasil y yo la fui a ver de sorpresa, le había salido un proyecto de fotografía con la ONU y estuvimos en eso, entonces nos dimos cuenta que trabajamos ‘bacán’ juntos”, recuerda y ríe.

Los deseos de Oscar para su futuro son muchos, además de abrir Green Glass en el extranjero, quiere seguir colaborando a distintas fundaciones, como lo hace hoy con la fundación infantil “Vivir más feliz”, y hacer productos mucho más atractivos; pero sus dardos también apuntan a la motivación y generación de conocimiento para otros.

Sin duda, los ánimos se mantienen arriba en Green Glass, que además fue elegida entre 600 mil empresas del mundo, por la plataforma de ventas por internet Shopify, como uno de los diez proyectos que serán parte de una serie acerca del tema, la que se trasmitirá en 2019 por Netflix, donde conoceremos historias desde el Tíbet, Marruecos, Gales o Chile.