Orquestas sinfónicas juveniles

Melodías con sello local

Pese a que no son tan mediáticas como una banda de rock o pop, estas agrupaciones de índole más clásica han mantenido una labor silenciosa y permanente en la zona, siendo el pilar formativo musical de cientos de jóvenes. Novicios instrumentistas continúan una especie de tradición, que nació a mediados de los años noventa con la Orquesta Sinfónica de Curanilahue, un proyecto que inspiró la proliferación de conjuntos con connotaciones doctas a lo largo de todo el país.

Por Mauricio Maldonado Q.

Aunque al momento de hablar de música, es casi espontáneo identificar a la Región como la “Cuna del Rock” y también como una zona prolífica en producción jazzística, en cuanto a sus exponentes y creación musical, el Biobío también es reconocible como la “Cuna de las Orquestas Juveniles”, una condición que data de los años noventa, puntualmente, a mediados de esa década con la creación de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Curanilahue.

El proyecto lo encabezó el maestro Américo Giusti, cuyo modelo de formación artística y social, inédito en el país, generó un sinfín de consecuencias, que transformaron la vida de cientos de niños, niñas y jóvenes de aquella zona carbonífera golpeada por la cesantía y la pobreza. Un impacto que no sólo quedó ahí, ya que sirvió de ejemplo para el resto del país, impulsando la creación de diversas agrupaciones orquestales que hasta el día de hoy se mantienen en la línea de las melodías clásicas.

“Él tuvo el tesón y empuje para continuar el trabajo que había iniciado Jorge Peña Hen en La Serena. Fue a buscar ‘oro’ donde se suponía que no había, que en este caso fue en Curanilahue. Primero acá en la Región con la Orquesta de la Sociedad Bach, y después para concretar este proyecto medio loco e irracional, de ir a generar una orquesta donde no existía ningún tipo de acercamiento a la cultura, la cual ha dado grandes satisfacciones y talentos. Américo apostó por eso y demostró que cuando hay un objetivo claro y un trabajo bien hecho, es prácticamente imposible que la meta no se cumpla. Nosotros, todos nos sacamos el sombrero con él en muchos sentidos, su tesis dejó en claro que el estudio de la música no tiene barreras sociales ni geográficas”, destacó Jaime Cofré, cornista y director de las orquestas Juvenil de Talcahuano y Universidad del Bío Bío, además director elegido para llevar la batuta durante 2018, del grupo de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles del Bío Bío (FOJI).

Es así como en la actualidad funcionan en todo Chile unas 400 orquestas con estas características -algunas dependientes de los municipios, otras de alguna universidad o corporación cultural-, y que, si bien en nuestra Región no son tan visibles o mediáticas, desarrollan un trabajo silencioso y constante. Un verdadero “semillero” de talentos que representan las generaciones de recambio de las orquestas de índole más profesional, como, por ejemplo, la Sinfónica de la Universidad de Concepción.

Sobre esto, Ignacio Palma, violinista y director de la Orquesta Estudiantil de Lota, asegura que históricamente ha sido así. “Se han ido sucediendo generaciones tras generaciones de distintos músicos que han ido alimentando la ‘fama’ colectiva de la Región, de ser cuna de nombres destacados en la música, y que escapa más allá del rock, sino que también es premiable a los sonidos más clásicos. No lo digo como palabras de buena crianza, ya que he sido testigo en primera persona de ese fenómeno, como instrumentista y ahora como director. Primero fue con la Sociedad Bach, luego lo hecho por el maestro Américo Giusti, después vino la generación que dio el Centro Artístico de Concepción, también sobresale la labor del Conservatorio Laurencia Contreras y el aporte de Artistas del Acero en la última década. También es destacable lo que se hacía antaño con las Jornadas Musicales de Invierno, todos conocimos y fuimos parte de aquellas como estudiantes, lo que pretende replicar en cierta medida el programa ‘Expresión Bío Bío’, del ahora Ministerio de las Culturas, el cual el año pasado inició sus actividades de formación y difusión de la música clásica de las orquestas municipales”.

Un aporte al desarrollo infantil y juvenil

Para Alejandra Rivas, directora de la Orquesta Estudiantil de Purén y de la Orquesta Sinfónica de la Araucanía, más allá de esta incansable y continua labor, las orquestas juveniles e infantiles son verdaderas “armas revolucionarias”, ya que fuera de cambiar por completo la vida de quienes las integran, influyen y repercuten fuertemente, en el entorno familiar como también social. “Las orquestas juveniles, en general, son un arma de ‘revolución social’, siempre lo planteo así. Este tipo de agrupaciones transforman la vida, no sólo de los niños y niñas que las integran, sino obviamente de sus familias. Se abre además un polo de desarrollo cultural y educacional, hay toda una formación de cada persona de manera integral, independiente de la edad en que partan”, planteó.

La profesional, asegura que las capacidades cognitivas y sociales de los niños mejoran, y que este tipo de agrupaciones, “son un ente, un cuerpo, profundamente comunitario, que rescata lo mejor de las sociedades humanas, el valor del trabajo en equipo, la responsabilidad. Con mi trabajo estoy afectando el bien común, que es el resultado final de todo, y a eso se suma que no hay diferencias socioculturales ni económicas, tampoco idiomas más que el de la música”.

Palabras que comparte Manuel Fuentealba, director de la Orquesta de Arauco Ayekafe, quien sostiene que “es un cambio de vida completo para un joven que integra la música clásica, y la interpretación de un instrumento clásico, dentro de su rutina. Cambio emocional, espiritual, de realización personal, el verse como una pieza más de un gran ensamble. Además, es un factor que aporta también al crecimiento cultural de la familia, es decir, la revoluciona, desde que el joven ensaya en la casa hasta las presentaciones en vivo. También está científicamente comprobado que la música hace que el niño o niña desarrolle ambos hemisferios del cerebro al mismo tiempo, es decir, el hacer música hace que el intelecto alcance su mayor potencial. Prueba de esto, es que de los jóvenes que egresan de cuarto medio, siendo integrantes de alguna orquesta, el cien por ciento ingresa a la universidad”.

Desde su experiencia, y como parte de diferentes agrupaciones clásicas integradas por adolescentes y pequeños, Cofré valora enormemente el aporte de las orquestas juveniles e infantiles, ya que aparte de desarrollar y fomentar los talentos musicales, los cuales repercuten en el quehacer social-cultural, marcan para siempre a los novicios instrumentistas, dedíquense o no la interpretación musical. “Es fundamental entender el fin del movimiento de orquestas, que, junto con tratar de entregar la mejor formación posible a la mayor cantidad de jóvenes, es también generar una audiencia óptima y que sea, finalmente en el futuro, la que demande actividades culturales. Creo que en ese sentido el objetivo se ha cumplido con creces. Tenemos un público formado, hay dos generaciones completas que han pasado por el estudio del instrumento, pero que no ha seguido la carrera, aunque han desarrollado un gusto por la música importante y que con seguridad se lo traspasaran a sus hijos”, destacó.

 Recursos igual de constantes que la música

“Esto enseña en todas las áreas”. Una frase que resuena potente en voz de quien encabeza las melodías de la Orquesta Juvenil de Talcahuano, aunque no está exenta de cierta dificultad y desidia, por parte de una sociedad y sistema que, casi en general, ve la actividad musical como una especie de hobby o pasatiempo complementario, restándole su real importancia y aporte al conocimiento. “Hay una traba muy importante en el sistema, porque curiosamente en la búsqueda por mejorar algunas cosas, se produjo un problema en las instituciones que se dedicaban a la difusión de la música, debiendo cerrar sus puertas. Me refiero a la Reforma Educacional, que hace que los jóvenes no tengan tiempo para instruirse en algún instrumento, ya que los tiene todo el día en el colegio y focalizados en lograr las metas académicas de éste. Antes había un círculo de gente constante en los conservatorios, es decir, quienes iban al colegio por la mañana, en la tarde se dedicaban a algún instrumento y viceversa, eso se terminó”.

Dificultad o falencia que resta al ímpetu del trabajo de las orquestas, a lo que Rivas suma el factor económico, o sea, la falta de seriedad respecto al gran aporte que significan estas agrupaciones musicales, las que cada año están en ascuas sobre si tendrán o no financiamiento para funcionar.

“Las orquestas debieran ser una actividad garantizada por el Estado, que no estén al arbitrio de una autoridad de turno, ni tampoco que necesiten un sostenedor o alguien que pueda donar o no donar a la agrupación, que no se tenga que estar todos los años ‘tiritando’ para saber si se podrá o no contratar profesores, que estos mismos no tengan que estar trabajando gratis. En el fondo, que sea visto como un proyecto a largo plazo y que esté normado, garantizado, en este caso por el nuevo Ministerio de las Culturas. En vez, por ejemplo, de tener un vergonzoso fondo concursable para los artistas a nivel nacional, debiera haber una subvención a algún municipio o a una fundación por comuna, que sostenga una orquesta juvenil e infantil con ciertos parámetros. Que, por lo tanto, los docentes que hagan las clases estén perfectamente capacitados para ellos, ya que hay proyectos que no tienen financiamiento y tienen muy buenos profesores, y en otros que tienen todos los recursos, pero las personas que hacen las clases no son las más idóneas. No hay una normativa nacional al respecto y debiera funcionar como en Venezuela, donde el tema es algo central y va más allá de los políticos de turno, ya que es parte del presupuesto de la nación”, enfatizó Rivas.

Opinión que no dista mucho de lo planteado por Jerson Mella Bravo, violinista de la Sinfónica UdeC y actual director de la Orquesta Juvenil de Curanilahue, quien asegura que la labor de éstas no ha perdido fuerza, pero denota la falta de dineros para contratar y mantener a docentes especialistas en los diversos instrumentos, que contemplan una agrupación de corte clásico. “Creo que el movimiento de las orquestas no ha ido en decadencia, lo que sí está pasando y que igual ha sido una constante que se arrastra desde hace varios años, es el financiamiento de ellas. No es difícil comprar o arreglar instrumentos o accesorios, ya que hay fondos concursables para obtener eso, y si una orquesta parte en alguna institución educacional, los colegios o liceos tienen para apoyar algo así. Hay mecanismos para sacar a flote una orquesta. Ahora, en donde no existe nada de ningún tipo, es para los honorarios de los profesores, para mantener el staff de músicos docentes. Lo que se hace hoy en día, y en varias agrupaciones de este tipo, es contratar a un músico para diferentes instrumentos”, explicó.

Lejos de cualquier política y temas de dinero, las orquestas juveniles no detienen su marcha y actividad, siendo de gran interés para cientos de estudiantes de la Región, como una vía de escape de sus diversas realidades, que los transporta a melodías en que todos se unen en una sola partitura. Una gran postal de aquello, fue el encuentro que tuvo lugar a mediados de 2017 en el Gimnasio Municipal de Concepción, donde más de 400 niños y niñas dieron el puntapié inicial a “Expresión Bío Bío”, programa que va en apoyo de este tipo de agrupaciones, con capacitación y difusión de la música clásica, iniciativas que, en lo óptimo, debieran mantenerse en el tiempo.

 Una instancia similar tuvo lugar en el Teatro Biobío hace pocos días, durante el Encuentro Internacional de Orquestas Infantiles y juveniles, en el que se abrieron espacios de formación para talentos emergentes, master class y talleres especializados, además de un gran concierto abierto a la comunidad que contó con la participación de las 30 orquestas juveniles e infantiles municipales de la Región e invitados internacionales.